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Abrir la(s) esfera(s) pública(s) de los partidos políticos

La necesidad de que los partidos políticos abran espacios de participación con la voluntad de generar una deliberación colectiva sobre sus quehaceres diarios, así como el desarrollo de herramientas que lo permitan son asuntos cardinales, si de lo que se trata es de regenerar estas organizaciones para que recuperen su función de servicio a la  ciudadanía, en cuanto al desarrollo de participación y pluralismo ideológico en la sociedad. Si uno de los parámetros o indicadores de los partidos pudiera ser la participación y en consecuencia, la calidad y cantidad de espacios donde se produzca una deliberación colectiva con capacidad de incidir sobre las decisiones en los asuntos comunes, el seminario Esfera Pública Digital nos aporta varias claves para poder considerar este uno de los asuntos a resolver, a la hora de indagar sobre qué condiciones han de darse para que un partido goce de democracia interna de calidad.

La esfera pública es ese espacio o constelación de espacios–de discurso, institucional o geográfico- donde la gente ejerce su militancia, hablando de partidos políticos,  “accediendo al diálogo sobre las cuestiones que afectan a la comunidad, a la política en su sentido más amplio” (Dahlegreen, 1995) Es un espacio comunicativo dentro del partido que permite la circulación de información, ideas y debates –idealmente en una forma libre- y también la formación de la voluntad política (Dahlgren, 2005) Entendemos, por tanto,  que la esfera pública no es solo  un componente si no el único lugar verdaderamente democrático ya que sitúa a la ciudadanía, en este caso a la militancia,  en el corazón de la democracia y rompe con su actual posición anecdótica: la integra para ser tenida en cuenta.

Planteamos,  por tanto,  que un partido ha de tener una esfera(s) pública(s) cuyo nivel de interacción genere una toma de decisiones que recoja los pareceres e intereses de un mayor número de personas, respetando la diversidad y a las minorías y, así, articule un mayor número de deseos y necesidades del colectivo partidista.  La calidad de esos procesos de deliberación serán fundamentales si de lo que se trata es de marcar la diferencia y dotar de un cariz realmente democrático a estas organizaciones. Para que exista una democracia interna sana dentro de un partido, esos procesos de debate han de ser constantes, fluidos, accesibles y  permeables para que amplíen la capacidad de negociación, de entendimiento y de igualdad de condiciones, a la hora de participar entre sus miembros. Y no sólo eso: mantener las esferas públicas sanas favorecerá la identificación de problemas, necesidades, la búsqueda de soluciones y una mejor ejecución de acciones con el objetivo de mejorar la calidad de los mismos.

No obstante,  esas esferas públicas no nos las dan, hay que crearlas, facilitarlas, exigirlas y, si estas se conforman a base de interacciones e intercambios de puntos de vista, de debates, conversaciones, y en definitiva de diálogo: hablar o callar, decir lo que se piensa o no decirlo será primordial y dependerá de los incentivos que los partidos ofrezcan, así como de la autonomía, empoderamiento y capacidad de gobernanza de los militantes. Es decir, si los  partidos incentivan una participación de calidad fomentando el debate interno habrá más posibilidades de influir en la actividad política y  de generar acciones y prácticas que activen a los militantes y simpatizantes.

El rol del militante

Y es que, la esfera pública es el único lugar donde los intereses públicos se forman y el único lugar que permite la transformación en el espacio, en este caso, de la organización partidista. Por lo tanto, incentivar la participación dentro de las organizaciones sería apostar por el cambio y la regeneración que se pide a los partidos. Ahora bien, no sólo quienes ostentan cargos en las estructuras partidarias o en el aparato del partido  han de facilitar la participación,  la militancia ha de poner de su parte para forzar una participación constante, fluida y con incidencia. Si es en la  esfera pública donde interactúan los actores del partido, hay que fomentar que en la escena donde se desarrolla la acción democrática participen un mayor número de actores. La norma básica para que funcionen estos espacios será entonces  la potencial implicación del militante como espectador y participante de todo aquel campo de interés en los que se vea afectado, directa o indirectamente. Por ello es necesario que los militantes se nieguen a asumir un papel pasivo dentro del partido y  retomen la primera persona para convertirse en actores clave de la política y la democracia de sus organizaciones. Es decir, es necesario que la militancia  pase de ser mera espectadora del teatro partidista a protagonista de la función pública que han de representar y ser así parte del juego.

Por ello, los partidos han de fomentar la creación, tanto de una esfera central sana como de múltiples periferias que choquen y se comuniquen entre sí, a través del desarrollo de una infraestructura que lo permita, unos medios y canales de comunicación que reconozcan la circulación de información de manera libre, que promuevan la alfabetización de sus miembros, el conocimiento mutuo, y una relación entre participantes que tienda a ser de igual a igual. Se trata, al fin y al cabo, de generar  contrapesos ante la tendencia natural de los partidos a cerrarse y a jerarquizarse.

Dar vida a las esferas públicas también  sería un ejercicio de responsabilidad y de voluntad para redistribuir el poder. Distribuyendo o descentralizando el poder de participar en la acción democrática dentro de la esfera pública se otorga un mayor nivel de autogestión, coparticipación, y un intercambio entre actores  que irremediablemente favorece el pluralismo, la diversidad de agenda y una mejor especialización a través de prácticas colaborativas. Y es que, la descentralización refuerza el carácter democrático de una organización y el principio de participación colaborativo. A pesar de que uno de los riesgos que constituye favorecer la participación y la autonomía de los militantes es la pérdida de control sobre la propia organización al convertirla en un ente más orgánico, más vivo. Ese fomento de la autonomía provocaría un mayor aprovechamiento de recursos,  al considerar que la capacidades de cada una de los militantes tales como la iniciativa, la eficacia y no solo los roles o las responsabilidades,  pueden también tener un efecto directo sobre la productividad, el aprovechamiento de la inteligencia colectiva y fomentaría, incluso,  la creatividad. La autonomía favorece la activación del militante le da un sentido de importancia  a cada uno de los participantes, permite un mayor uso de sus conocimientos, experiencias personales y más posibilidades de poner en práctica sus propias ideas, favoreciendo el proceso de expansión y los vínculos con otras organizaciones. Además desarrollar una estructura más descentralizada es una forma de romper con la estabilidad, rigidez, verticalidad, los consensos domesticadores y los debates normalizados que convierten a los actuales partidos en entes estáticos, monolíticos y, en definitiva,  los transformaría en organizaciones porosas capaces de nutrirse de las aportaciones de cada uno de sus miembros.

Por lo tanto, observar las esferas públicas de los partidos nos permitirá acercarnos y  palpar el proceso de participación  dentro de los partidos sobre cómo se ejecuta la acción política para poder medirlo.  Se trata de avanzar en el proceso de regeneración democrática  atreviéndose con más democracia, profundizar en esas relaciones que hoy pueden ser aprovechadas por estas instituciones gravemente afectadas por una crisis de identidad y de valores. Por eso, el TFM en el que estamos trabajando tratará de evaluar o analizar cómo son las esferas públicas de los partidos para poder sacar conclusiones sobre las mismas y poder avanzar en la mejora de los procesos y procedimientos internos dentro del partido.

 

Open politics revolution

La sesión con Antonio Lafuente aporta muchas claves para entender lo que está ocurriendo desde el estallido de lo que conocemos como 15M y el cambio en el proceso de hacer política,  protagonizada por una parte de la ciudadanía a cuyas prácticas debemos de prestar atención. Los efectos que las posibilidades de emancipación, autonomía política y de empoderamiento ciudadano que ha facilitado este proceso de repolitización  aún están por descubrir. El camino hacia una recuperación de gobernanza, debido al vaciamiento de la capacidad e influir en la toma de decisiones sobre la cosa pública y lo común, se manifiesta de algún modo en la potencia de esta parte de la ciudadanía que cuestiona las formas de hacer de política tradicional y, al mismo tiempo, visibiliza que es posible otras formas de hacer, que sí hay alternativas y que otro mundo ya es posible. Y es que, en un momento de crisis democrática como la actual, es necesario aprovechar la riqueza (oculta) de estas prácticas y atender a todo este proceso de innovación social, de producción de conocimiento y de nuevas realidades.

El mapa relacional que vemos más abajo dibuja algunas de las herramientas creadas para mejorar la calidad de nuestra convivencia en sociedad y la participación en democracia. Se trata de proyectos que provocan el ensanchamiento del espacio público y que presentan una oportunidad para hacerlo más inclusivo y hospitalario. En áreas que abarcan desde cultura, ciencia, educación, sanidad, democracia, desobediencia civil, agua, personas mayores, ámbito laboral, medios de comunicación, justicia, vivienda, economía, ecología, anti-represión, etc, es decir, asuntos comunes,  se han desarrollado pequeñas (y no tanto) estructuras organizativas que crecen y se distribuyen  con el objetivo de dar respuesta a los problemas políticos, sociales, económicos,  ante el inmovilismo de las instituciones tradicionales.

Son proyectos cuya estructura y organización en parte se improvisa. Se piensan sobre la marcha. Son una especie de prototipos: demuestran su eficacia en el aquí y ahora,  y   se mejoran a través del ensayo/error, son laboratorios abiertos que caminan sin mapa. Muchos de ellos surgen en espacios frontera, es decir, fuera de las rutinas del trabajo y que no reclaman una vida (tiempos frontera). Se organizan de otra manera.  Quienes participan de ellos los sienten como suyos en la medida en que participan de ellos. Lo hacen con máquinas a las que también podemos denominar “fronteras”,  pues en parte se organizan y desarrollan, no sólo gracias a los cuerpos de las personas que participan en ellos a pie de calle,  sino también  gracias a herramientas tecnologías cuyos usos son infinitos. Se trata, como apunta el propio Lafuente, de “un enjambre heterogéneo y deslocalizado de experiencias que producen saber fuera de los límites y las fronteras de la academia, fuera del laboratorio. Hay mil experiencias, en mil lugares diferentes, altamente interesantes y que demuestran la emergencia de algo a lo que vale la pena darle valor”.

Tecnocidanos, amateurs y expertos

Detrás de estos proyectos encontramos a una ciudadanía crítica, que quiere cambiar las cosas,  producir y compartir conocimiento para ello, nutriéndose del enjambre, de la inteligencia colectiva. Ante una situación de descrédito institucional y de déficit democrático como la que vivimos hoy, es comprensible que haya muchas amenazas que mueven a la ciudadanía a convertirse en activistas. Mucha gente se ha puesto manos a la obra y, en palabras del propio Lafuente “en vez de lloriquear y tirar piedras a la policía, se levantan y hacen cosas. Se produce el proceso de lo que denomino autoridad expandida. La ciencia y la tecnología han empoderado a las personas las ha convertido en tecnociudadanos”.Gente común, de todo tipo: expertos, académicos pero sobre todo gente que no se ve asimisma como virtuosa pero que sienten pasión por lo que hacen. Personas cuyos saberes, quizás, son menos profundos que los de los científicos o los expertos, que no les interesa grandes conceptos, quieren hacer cosas y obtener resultados, trabajan con las manos. Todas se mezclan, mutan y confluyen.   Quizás de una manera informal, fragmentada, espontánea, relacionándose de igual a igual. Se cuidan, esperando  que  la gratitud circule en torno a la comunidad. Se juntan y los resultados del trabajo en común no tienen dueño, son para el disfrute de todas,   son de todos y de nadie al mismo tiempo, es decir, forman parte del procomún.

mapa15m

La generación y puesta en práctica de este conocimiento,  forjado a través de los saberes de cada una de las personas que participa de este clima, nos anima a pensar que sin incorporar esta inteligencia colectiva, este “saber profano”,  no se encontrarán soluciones sostenibles para los problemas que afrontan las instituciones democráticas. Quizás en muchas de estas prácticas está parte de las claves que necesitan los partidos políticos y las instituciones tradicionales para superarla crisis de identidad y de valores que sufren. También para dar solución a los graves problemas que sufre el sistema democrático actual. Por ello, las instituciones en general y los partidos políticos en particular deberían abrirse e incorporar toda esta sabiduría pública, libre. Y así,si hablamos de abrir en canal a los partidos políticos, podríamos  apostar por una “open politics revolution“, es decir, un proceso de apertura a nuevos actores, nuevas tecnologías, nuevos soportes para una política que reclama lo humano,lo colaborativo y lo abierto.

Habrá convergencias y divergencias, cooperación y conflicto.  Se trata de un cambio de  lógicas, de desaprender  a través de nuevas prácticas que surgen de abajo, de lo que sobra, de lo que está fuera de lugar. Quizás asimilar estos procesos ciudadanos ya no puede ser algo complementario sino necesario,  importante. Parece incluso urgente que los partidos políticos se conviertan ya en laboratorios sin muro, que favorezcan la creación de entornos que abran sus fronteras, el acceso a información y al desarrollo tecnológico y aprendan  así a convivir en este ecosistema, generando, a su vez, una nueva cultura que permita la regeneración  de estos instrumentos de participación en democracia al servicio de la ciudadanía. En definitiva, apostar por esta “open politics revoltuion” dejándose atravesar por prácticas ciudadanas aseguraría la reinstitucionalización de estas organizaciones,  y de las relaciones sociales, políticas y económicas que practican y se abriría, al fin y al cabo, un camino que estrecharía las relaciones entre ciudadanía e instituciones en la búsqueda de soluciones que mejoren la convivencia en sociedad.  Eso sí,  en una dirección en la que andamos a ciegas.

Fuente Foto(ampliar foto): autoconsulta.org

Vídeos recomendados

Links relacionados

Entrevista a A. Lafuente: “Los hackers son los científicos de la nueva ilustración” http://blogs.20minutos.es/codigo-abierto/2012/01/23/el-estado-nacion-es-torpe-burocratico-y-homogenizador/

Blog Tecnocidanos http://www.madrimasd.org/blogs/tecnocidanos/?p=96728

Entrevista a A.Lafuente: http://www.madrimasd.org/blogs/tecnocidanos/?p=96728

El periodismo (y la política) como práctica social

“ There is a lack of participatory culture in Spain” (Nafría, 2007)

Los medios de comunicación y quienes los hacen posible viven inmersos en una intensa transformación, sobre todo, precipitada por la expansión del uso de las tecnologías de la comunicación y la información. Se trata de un momento de cambio que podría ser comparable con la crisis de identidad y de valores que sufre la política y quienes hasta ahora se arrogaban la legitimidad de practicarla. El periodismo,  al igual que la política  como institución,  y como profesión, necesita una nueva redefinición de su papel democrático.

Sin duda, el acceso a dispositivos digitales favorece que cada ciudadano o cada ciudadana dispongan de su propia imprenta. Su potencialidad para convertirse en partícipes y actores protagonistas de la comunicación,  y de la política,  se han multiplicado, y están abriendo una brecha en las formas tradicionales de hacer periodismo. También en la forma de hacer política, pues cuando la gente salta de las redes  a las plazas para llamar la atención sobre las instituciones públicas,  lo hace precisamente compartiendo información, cuestionándola, modificándola, compartiéndola y redistribuyéndola,  convirtiéndose así en parte de la comunicación y de la política, ejecutando con su cuerpo acciones que se traducen en proyectos de gestión de lo común,  control de gobierno, y/o protestas que exigen participación, apertura y una  democratización de las instituciones.

Así, el llamado “Open Source Journalism”, el periodismo que envuelve a toda la audiencia,  es una tendencia que se extrapola al mundo de la política. Las prácticas políticas y comunicativas de la ciudadanía están rompiendo las barreras de entrada a estas instituciones, tradicionalmente cerradas, jerarquizadas  y opacas, que ahora han de lidiar con una comunidad que ya está abriendo nuevos espacios públicos.

Tanto en periodismo como en política se debe aceptar que el periodista y el político profesionales no son las autoridades centrales del proceso de hacer noticias o política sino que han de compartir terreno  con la ciudadanía. No pueden perpetuarse como únicos controladores de ese proceso, para que podamos entender ambas formas de comunicar y hacer política como una práctica social.  El poder tiene que redistribuirse y  compartirse entre todas las que participen de él.

El periodismo en red tiene en cuenta su naturaleza colaborativa: profesionales y amateurs trabajan juntos para obtener a una nueva historia  y compartir hechos, preguntas, respuestas, ideas, perspectivas…. Es decir cooperando para transformar el espacio de convivencia. Hablamos de una relación compleja que focaliza más en el proceso que en el producto. Sólo esa apertura permitirá una conversación constante con la ciudadanía en los diferentes estados editoriales del proceso de hacer noticias en el caso del periodismo o de influir en la política, en el caso de los partidos. Al fin y al cabo, nos encontramos ante una cuestión de gobernanza: las instituciones han de ser capaces de empoderar y comprometer a la ciudadanía (o de abrirse a quienes ya se empoderan y compromete) para recuperar la pérdida de la capacidad de influir en el debate y en la toma de decisiones sobre la cosa pública y la información. Se trata de no convertir a la ciudadanía en espectadora sino  convertirla en protagonista de la esfera pública.

tituloperiodista

Aunque el camino en este sentido avanza, puede resultar un planteamiento utópico sobre todo cuando observamos el escepticismo frente al cambio, y la falta de voluntad y de esfuerzos dirigidos en este sentido por parte de estas instituciones. A pesar de la pérdida de legitimidad, de credibilidad y de valores que padecen, o de la desconfianza creciente que despiertan, existen muchas barreras. Como instituciones asentadas se niegan al cambio y las nuevas prácticas se implementan poco a poco  pues también existe una fuerte reticencia, por ejemplo, a normalizar la innovación.

¿Cómo podemos avanzar?

Sin embargo, más allá de lo utópico que pueda parecer esta forma de entender la política y el periodismo ya hay nuevas esferas donde se producen espacios de entendimiento,  otras agenda setting y  también otras forma de hacer política convertidas en proyectos económicos, sociales o políticos que emergen de una ciudadanía en red. Se trata de prácticas que permiten que penetre  un nuevo aire que renueva el oxígeno que, poco a poco, regenera el ambiente caduco que se respira en sus interiores.  Y es que,  la creación de espacios de participación podría reducir las barreras entre productores y consumidores, que proponen nuevas formas de relación.

En concreto, la bibliografía consultada apunta a la necesidad de acercarse a las redacciones y realizar entrevistas a los periodistas que permitan conocer el detalle del contexto profesional, social y de mercado y,  por eso,  quizás es posible que la herramienta que planteamos en nuestro TFM pueda adaptar algunas de las propuestas académicas y viceversa. El objetivo de nuestro trabajo es crear una herramienta que permita analizar lo que ocurre en los espacios donde se produce el proceso de  participación de los partidos,  para poder distinguir la calidad de las contribuciones para que, una vez conocido,  mejorar así la cultura organizativa y avanzar en el fortalecimiento de su democracia interna.

La literatura consultada indaga sobre la historia de la esfera pública y eso es lo que queremos hacer nosotros respecto a los partidos. Por lo tanto, para avanzar en ambas situaciones (ya dentro de las instituciones políticas como periodísticas) sería necesario conocer el contexto, las motivaciones de los periodistas  y, a la vez añadir a nuestro trabajo algunas de las propuestas que se apuntan en investigaciones recientes sobre el estado de la institución periodística.

En ese sentido, quizás conocer a través de la herramienta que presentamos la calidad del proceso de participación de las organizaciones periodísticas pueda ayudar a conocer el contexto de cambio que sufre la institución. Es decir, analizar su proceso a través del análisis de las cinco dimensiones que proponemos en nuestro proyecto (información, deliberación toma de decisiones, descentralización y transparencia económica) con el objetivo de que su puesta en práctica favorezca la asunción de un compromiso interno con la calidad y la mejora de su democracia interna. Además perimitirían que los propios periodistas verbalicen sus pensamientos, sus ideas dándoles la oportunidad de empoderarse y de recuperar su autonomía. Quizás se podría aplicar en el ámbito periodista el método que proponemos,es decir, realizar entrevistas estructuradas o focus groups con diferentes sectores de las organizaciones:  directivos, consejos de administración si lo hubiera, redactores, becarios, e incluso a parte de la audiencia. Realizar informes sobre estas cuestiones permitiría poner a estas instituciones frente al espejo para que, una vez analizados los resultados, conocer mejor a quienes participan, saber mejor cómo valoran el cambio que viven  y , una vez visto y analizado en conjunto,  estos empiecen a comprometerse en diferentes ámbitos de mejora con el objetivo de aumentar la calidad de  las prácticas cotidianas de trabajo. Es decir, para avanzar en el conocimiento sobre lo que ocurre y sobre cómo afrontar la transformación que sufre el periodismo, se hace necesario intervenir en estas organizaciones justamente en el lugar donde se producen los encuentros y las interacciones entre los participantes, en los procesos de deliberación, pues son una  de las claves donde podríamos observar la calidad democrática de cualquier organización humana.

Nadie dijo que fuera fácil

Sesión Jesús G.Barahona 

Ejercicio: Control del autor sobre su obra. Hay una tendencia durante los últimos siglos a que el autor (o aquel en quien delegue) tenga un gran control sobre la obra hecha pública (quien la puede copia, quien la puede modificar, etc.). Esto tiene dos vertientes: una más relacionada con los derechos sobre la integridad de la obra, otra sobre los modelos de negocio posibles para el autor y para el intermediario. Centrándonos en la segunda vertiente, ¿está necesariamente ligado el control sobre la obra con la posibilidad de obtener ingresos? Propón algún modelo, a ser posible en un contexto concreto, en que un autor pudiera obtener ingresos no basados en el control de su obra, y qué aspectos positivos y negativos tendría de acuerdo con las características del autor o la obra, tanto para el autor, como para los intermediarios, como para la sociedad en general.

 “Sólo una cosa es imposible para Dios: encontrarle algún sentido a cualquier ley de copyright del planeta”

Mark Twain

Según  Wikipedia, el copyright es un concepto jurídico, promulgado por la mayoría de los gobiernos, que otorga al creador de una obra original los derechos exclusivos para su uso y distribución, por lo general por un tiempo limitado, con la intención de permitir que el creador de la riqueza intelectual reciba una compensación por su trabajo y estos sean capaces de apoyar financieramente a sí mismos. Se entiende que bajo esta licencia el autor tiene el control total sobre el uso de su obra y la riqueza económica que genere, sin embargo, la mayoría de los derechos de autor no pertenece a los autores, sino que pertenecen a los “propietarios” es decir: los productores, editores, sellos discográficos, entidades de gestión, etc. Por lo tanto, partimos ya de una contradicción interesante a la hora de plantear el dilema que provoca el instrumento genuino de control sobre una obra,  ya que no  son los autores bajo esta licencia, los que realmente obtiene beneficios y control.

Hoy en día, la búsqueda de sostenibilidad y el mantenimiento de un proyecto económico digno forman parte de una problemática general para millones de personas. Sólo hace falta echar un vistazo a las encuestas periódicas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), u obsevar a nuestro alrededor para comprobar que el paro es el principal problema de los españoles desde hace varios años.  Y es que,  “buscarse la vida” y agudizar el ingenio es tarea no solo los de los  autores sino que nos compete a todas pensar, trabajar, y probar nuevas fórmulas de negocio, dentro de un contexto en el que los modos de producción y de pensamiento se inspiran y están cooptados por el sistema capitalista, que a su vez, genera mecanismos que dificultan ese esfuerzo mental para la búsqueda de opciones, así como  la apertura de espacios, que sobrevivan a ser absorbidos por la dinámica que genera este devorador sistema. No obstante, cada día encontramos nuevos proyectos que bajo la filosofía de la cultura libre y mediante la producción, reproducción, modificación y distribución  de obras abiertas y, en definitiva, conocimiento, luchan por esa sostenibilidad y que precisamente, según avanzan,  muestran, construyen, y dibujan  el camino a seguir. El primer paso es primordial: Crear redes de confianza.

Este tipo de proyectos describen economías  frágiles,  pero generan productos de alta calidad, son socialmente útiles, ecológicamente sostenibles y son producidos con equidad y democracia, y además, permiten a la ciudadanía ejercer una opción de consumo con compromiso social. Aunque aún hay dudas sobre su futuro y aún la precariedad y la carga de trabajo que supone para sus trabajadores es más de la deseada, proyectos como Traficantes de Sueños puede ser un ejemplo de cómo fortaleciendo las redes de solidaridad entre proyectos afines se puede estructurar, poco a poco, un tejido social, económico, político y cultural,  que bajo la filosofía de la cultura libre, ganen terreno al capitalismo económico, político, cultural y cognitivo.

Hablemos de sueños

Traficante de Sueños ha crecido con los movimientos sociales y a través de un trabajo militante ha logrado conseguir recursos para asalariar a sus trabajadores. Arrancó en 1995 con el objetivo de generar un espacio estable donde encontrar materiales de reflexión y hoy es una librería asociativa, distribuidora, editorial, taller de diseño y un espacio para la autoformación y producción de investigación. El espacio, situado en el madrileño barrio de Lavapiés, es conocido como un espacio colectivo, abierto a la ciudad, que acoge multitud de presentaciones, proyecciones, reuniones, talleres y debates: 200 actividades al año. Es un nodo más de las redes que generan los  movimientos sociales de la ciudad con los que los miembros de Traficantes se identifican. La ecuación es sencilla: Cuanto más conocen los interés de estos movimientos sociales, más definen la producción y más  retornos económicos generan. Así, a través de esa construcción de redes de confianza Traficantes colabora en las líneas políticas que inspiran los movimientos sociales en los que participa y de los   que, además,  sustrae los recursos para la sostenibilidad del proyecto:  gente con inquietudes, gente que produce materiales, discursos o perspectivas que a su vez colaboran con Traficantes, por ejemplo, en la edición y traducción de los libros, que luego publican y que Traficantes aporta a ese debate y deliberación colectivos. Gracias precisamente a la interdependencia y cooperación con una comunidad política viva, Traficantes se ha convertido en un generador de sinergias con vocación movilizadora.

Libros libres

El  motor que mueve a esta entidad es el libro, entendido como un medio de transformación individual y colectiva y así,  la sostenibilidad económica se consigue a través de  la generación de conocimiento alrededor de este objeto, multiplicando las líneas de financiación con charlas, ponencias, producción de investigaciones, cursos monográficos, donaciones, campañas de crowdfunding ,  y colaboración con otras de redes de productores y consumidores. Se trata de  apoyar así el consumo e intercambio entre entidades y empresas del procomún que apuestan por el desarrollo del Mercado Social de Madrid. El objetivo es generar aprendizaje colectivo, innovación tecnológica, cultura, relaciones sociales, proyectos, valores, etc a través de la venta de bienes y servicios, mediante la  implicación en el desarrollo de otra economía. Los miembros de esta cooperativa  fomentan el trabajo colaborativo y ponen en circulación los conocimientos que generan, convencidos de que el saber es un común, por eso, apuestan por las licencias libres, a sabiendas de que si sus materiales no pudieran ser copiados, modificados, o distribuídos,  su incidencia política sería menor.

Se trata, en definitiva, de iniciativas que tratan de cubrir necesidades de una comunidad, en las que  colaborar significa supervivencia y en las que la  eficiencia se basa en la confianza mutua.  Esta apuesta, que supone un alto coste de oportunidad, sobre todo, como venimos diciendo, por las dificultades de éxito económico, suponen una lucha constante entre la racionalidad individual y la racionalidad colectiva o social, suponen mantenerse en un eterno dilema, quizás el dilema del prisionero, que demuestra que la mejor opción para los “jugadores” es cooperar, más cuando se cuenta con que los seres racionales tienen moralidad, y buscan la opción del “juego” en la que ambos salen ganando. Es decir, se trata de elegir de manera independiente la mejor alternativa a seguir, para terminar  en una posición mejor que la que hubieran alcanzado si no hubiesen cooperado.
Y es que, a pesar de la constante tensión económica, y de que sus sueldos no llegan a los mil euros y el trabajo exige una alta dedicación e implicación, los socios y socias de la cooperativa Traficantes de Sueños, reconocen que la felicidad y  la motivación que les produce su trabajo aumenta cuanta más  cohesión y unión generan entre las redes con las que colaboran, y eso se traduce en una mayor productividad.

Al fin y al cabo, la idea es materializar la puesta en marcha de  una forma de vida desmarcada de la economía capitalista, un reto que nadie dijo que fuera fácil.

 (Este vídeo muestra la filosofía de algunas de las empresas y cooperativas que en Madrid apuestan por otro tipo de economía. Grabado durante la última Feria celebrada por las entidades que forman parte del Mercado Social de Madrid).

Información relacionada:

Web Traficantes de sueños: http://www.traficantes.net

Beatriz García, cooperativista de Traficantes de Sueños presenta su modelo de negocio en la Escuela de Organización Industrial: http://www.eoi.es/savia/video/546/traficantes-de-suenos

Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) : http://www.economiasolidaria.org/mercado_social

Wikipedia:

http://en.wikipedia.org/wiki/Copyright

http://en.wikipedia.org/wiki/Cognitive-cultural_economy

http://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_libre

CIS:

http://www.cis.es/opencms/-Archivos/Indicadores/documentos_html/TresProblemas.html

El poder despolitizador del software privativo

Sesión Sergio DÁntonio

Las herramientas que usamos tienen una influencia profunda (¡y tortuosa!) sobre nuestros hábitos de pensamiento y, por tanto, sobre nuestras habilidades de pensamiento.

—Edsger W. Dijkstra, ‘How do we tell truths that might hurt?’

Es desalentador conocer cómo el uso de la red a través de herramientas privativas  es el que prevalece mayoritariamente entre los prosumidores de la red. Es desalentador ver cómo a través de la manipulación de datos, servicios de geolocalización o etiquetados semánticos y, en definitiva, a través de algoritmos  se  moldean deseos y elecciones en contextos faltos de sentidos  y se confecciona una realidad social que se nos presenta de manera incontestable. Es desalentador ver cómo Estados y empresas colaboran en la producción y uso del Big-data y  huellas digitales tratando  a los ciudadanos y ciudadanas como criminales a los que perfilar con el objeto de que consuman ciertos productos o tendencias: “Dadnos unas máquinas, y veremos el futuro”, es la consigna. Igualmente, es desalentador ver  las consecuencias que conlleva el uso de software privativo en cuanto al control,  vigilancia  y pérdida del anonimato de una ciudadanía que ante esta situación se cobija más en la paranoia y en la apatía que en la crítica o en la inteligencia como  respuesta a los serios ataques a derechos y libertades fundamentales relativas a la propia seguridad, privacidad y libertad de expresión.  Es desalentador ver cómo el espíritu anarco-capitalista, que se desprende del  turbocapitalismo, impregna nuestras vidas y nuestros cerebros imposibilitando, por ahora, que las herramientas del software libre sean aceptadas socialmente ¿Cómo salir de esta lógica?

Muchos son los factores por los que no deberíamos tender al uso de software privativo: el soporte técnico  que ofrece es insuficiente,  es ilegal o costosa su adaptación a usos particulares,  se reserva el derecho exclusivo de innovación, realizar copias del mismo sin licencia también es ilegal, es imposible  compartirlo, nulifica el desarrollo tecnólogico de la industria nacional y el secreto del código fuente nos impide descubrir qué hay en sus puertas traseras, entre otros. Sin embargo, otorgamos los registros que volcamos a la red a una caja negra en la que no sabemos qué se hace ni cómo ni con qué objetivos. Quizás la costumbre, la comodidad, la ignorancia o la desprotección legal de la red, sumado al poder de difusión y expansión del que disfrutan  los desarrolladores y proveedores privados son algunas de las causas por las que el privativo a pesar de sus desventajas  copa con creces los espacios de uso, y se ha posicionado de forma hegemónica entre la ciudadanía que alrededor del mundo  usa la red. Por su parte, el uso de herramientas de software libre  se percibe aún hoy como algo residual incluso radical,  y sus herramientas están condenadas todavía a espacios reducidos o limitados. Incluso se podría decir que quiénes usan solo software libre son considerados rara avis.   No obstante,  el software libre presenta una serie de ventajas frente el software propietario, sobre todo, si focalizamos su uso en el respeto a los derechos y libertades de sus usuarios, que no se pueden contestar. Algunas de estas ventajas pueden ser más apreciadas por los usuarios particulares, otras por las empresas, y otras por las administraciones públicas: Bajo costo de adquisición, su uso es libre, el fomento de la innovación  y el avance tecnológico que genera, permite un escrutinio público de la arquitectura de la red, permite una independencia del proveedor, puede favorecer el desarrollo de la industria local, favorece a lenguas minoritarias y sobre todo, protege los datos personales asegurando la privacidad y la seguridad del usuario y del propio Estado, ante los riesgos que supone la filtración de datos a terceros, o la imposibilidad de acceso y manipulación,  ya que el  uso de esos datos solo se produce mediante autorización. No obstante, queda mucho por hacer y las desventajas que presenta son aún obstáculos que derribar. Por ejemplo, la curva de aprendizaje del software libre es mayor, el software libre no tiene garantía proveniente del autor, se necesita dedicar recursos a la reparación de los posibles errores que produzca,  no es tan intuitivo como el privativo, las interfaces y multimedia no están aún estabilizadas y  presume  al usuario de conocimientos de programación.  No obstante, solo mediante su uso y la concienciación sobre sus ventajas en la defensa de derechos y libertades propias y ajenas se podrá generalizar y ganar terreno al privativo. Para que esto suceda, es necesario una reflexión sobre el uso y los contextos en los que lo usamos así como el aprendizaje estratégico de ambos tipos de software, tratando de que ese uso empodere y a la vez nos obligue a realizar un ejercicio de responsabilidad y compromiso pues,  al fin y al cabo, el uso de un determinado tipo de software también está relacionado con cuestiones éticas, si ponemos en juego derechos y libertades fundamentales.

Por eso el profesor Sergio DÁntonio propone realizar una serie de cuestiones a la hora de usar las herramientas para poder comprobar si efectivamente empoderan o  someten al usuario al  propietario: ¿De quién vienen? ¿Qué nos ofrecen? ¿Somos el producto?  ¿Nos anima a hacer más o a hacer mejor? ¿Qué hay detrás? ¿Qué visibiliza dicha herramienta y que oculta?

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Autocensura y acciones micropolíticas libres

Las respuestas a estas preguntas pueden aportar claves a la hora de plantearnos qué ganamos y qué perdemos al usar un software u otro. Indudablemente, a la espera de su generalización,  casi nadie puede escapar del uso del privativo pero si esquivarle en muchas más ocasiones de las que solemos y podemos plantearnos, ya que  el software libre ofrece posibilidades muy prácticas y asimilables con muchas otras que aún realizamos con privativo. Y dentro de estas últimas, quizás haya que poner atención en repensar el uso que hacemos de las que suponen  un obstáculo a la democratización de las sociedades,  la participación ciudadana en red, y como venimos diciendo,  al ejercicio y práctica de derechos y libertades propias y de las personas con las que interactuamos en red, por el ejemplo, los que pongan en duda nuestra autonomía y soberanía a la hora de controlar la información y los datos que producimos o volcamos a la red. “Sabiéndose vigilados, muchos se pondrán la mordaza antes de abrir la boca: se aplicarán una corrección política que resultará  inocua para quien mande. Habitaremos una esfera pública plagada de autocensura. O peor, anticipando las críticas y demandas más duras, nos quitarán los dientes antes de que podamos hincárselos. Ya han empezado a proscribir el periodismo que actúa de contrapoder – ilegalizando sitios como WikiLeaks – y persiguiendo a los ciudadanos que colaboran para defender lo poco que queda de sus libertades civiles. Hasta la llegada de Snowden la monitorización y la represión digitales solo se imputaban a las dictaduras; ya saben, Irán, China, Rusia”, apunta Víctor Sampedro en un reciente artículo. Y es que, si un ciudadano o ciudadana no se siente libre de ejercer derechos o automutila sus libertades, ¿en qué se convierte?  Una ciudadanía amputada no se corresponde a las sociedades democráticas. La autocensura preventiva que provoca el sentirse monitoreado, y la falta de control y consentimiento frente al  uso de nuestros datos en red  por parte de terceros ya empresas o el propio Estado, supone un riesgo importante de debilitamiento de las esferas públicas digitales y de despolitización ciudadana al no favorecer una deliberación colectiva libre entre la ciudadanía y las instituciones. Muchos se pensarán si llevar a cabo acciones en red que puedan volverse en su contra. De ahí la importancia de pensar cómo las herramientas del software libre pueden colaborar a construir  una sociedad más libre, devolver la autonomía a los individuos, permitirles cooperar a su antojo y eliminar los miedos o suspicacias que supone el relegar nuestras vidas a la merced de otros que ni siquiera conocemos.  Se trata de practicarlas, usarlas, compartirlas, mejorarlas, distribuirlas, y conocer que es posible retomar el control sobre nuestras vidas, si nos ponemos a ello, si nos empoderamos,  evitando el uso del software privativo. Se trata de tomar conciencia por eso, en definitiva,  nos encontramos ante una decisión personal, pues depende de cada uno de nosotros. Por eso, es primordial que cada persona se implique e  implemente software libre en sus computadores y usar y practicar la informática  desde lugares seguros que no sometan al usuario, como diría Stallman,  al “yugo de lo privativo”. Sin embargo, a pesar de encontrarnos ante una cuestión personal, las instituciones han de implicarse  de la misma manera si es que defienden valores democráticos y en este punto, los partidos políticos, objeto de nuestro trabajo, podrían colaborar a la expansión y concienciación del uso de software libre, presionando para generalizar su uso, eso sí, nuevamente, empezando también realizando ellos mismos un ejercicio de reflexión, toma de conciencia y acción.

Culebro Juárez, M., GÓMEZ HERRERA, W. G., & TORRES SÁNCHEZ, S. (2006). Software libre vs. Software propietario: ventajas y desventajas México:[sn], 170.

Ippolita, En el acuario de Facebook. El irresistible ascenso del anarco-capitalismo, Enclave de Libros, Madrid, 2012.https://cooperativa.ecoxarxes.cat/file/download/240233

Artículo V. Sampedro: http://blogs.publico.es/dominiopublico/8597/snowden-del-agente-2-0-al-ciudadano-digital/

Cambio de institucionalidad: “The power of one”

Sesión con Javier de la Cueva

Las sesiones y la bibliografía recomendada por el profesor De la Cueva son relevantes para el proyecto en marcha ya por el acercamiento a autores imprescindibles para su desarrollo como Ostrogorsky, Bobbio, Castoriaris  o Bekler, entre otros, así como para el desarrollo de ideas y conceptos relacionados con la potencialidad de la ciudadanía en democracia que, trasladándolas a la idea de partido político y militante permiten comenzar a indagar en lo que, a priori, podríamos buscar con este trabajo: un cambio de institucionalidad dentro de la estructura de los partidos políticos y un empoderamiento del militante que permita una mayor redistribución del poder y un mayor flujo de información, que obligue a configurar partidos más abiertos, más participativos, más democráticos, más eficientes y menos dogmáticos que, por ejemplo,  permitan desarrollar acciones micropolíticas entre sus comunidades, como propuesta innovadora que provoque una mayor transparencia, responsabilidad, rendición de cuentas y mejore las relaciones entre sus comunidades. Se trata de incentivar una transformación que genere nuevas figuras de  militancia y un compromiso político, minado por valores puramente democratizadores para conseguir así,  un cambio de contexto que derivaría en una mayor calidad  en cuanto a procedimientos, contenidos y resultados, así como la creación de herramientas y formas impregnadas también de dichos valores.

La Ley de hierro, formulada por Robert Micthels, afirma  que toda organización se vuelve oligárquica y será gobernada por una minoría formulando los siguientes argumentos fundamentales: En primer lugar, cuanto más grandes se hacen las organizaciones, más se burocratizan, ya que, por una parte, se especializan; y, por otra, deben tomar decisiones cada vez más complejas y de una forma más rápida. Por tanto, aquellos individuos que conocen cómo tratar los temas complejos con los que se enfrenta la organización se van volviendo imprescindibles, formando la élite. En segundo lugar, se desarrolla una dicotomía entre eficiencia y democracia interna; de modo que para que la organización sea eficiente necesita un liderazgo fuerte, en detrimento de una menor democracia interna. En tercer lugar, la propia psicología de las masas hace deseable el liderazgo, puesto que son apáticas, ineptas para resolver problemas por sí mismas; son agradecidas con el líder, y tienden al culto de la personalidad. Su única función sería la de escoger de vez en cuando a sus líderes (1) . En España,  los partidos mayoritarios  que hoy conocemos se fraguaron durante el periodo conocido como Transición. Se trata del momento de modernización institucional más relevante de nuestro país que hoy hace aguas y demuestra su desgaste debido a múltiples motivos, entre otros, una llamada a la transición entre una democracia representativa a una más participativa que, a su vez, evidencia la estrechez de los cauces de participación y la exigencia de un control permanente de las instituciones que promuevan el  diálogo, la consulta, el debate, y la transparencia.  La vieja lógica del “vota, delega y olvida” no resulta, la democracia es una realidad viva, que crece, madura y se perfecciona. Ante este panorama, como apunta  Willy Brandt  no  queda más remedio que “atreverse con más democracia” y eso depende de cada uno de los nodos (militantes/simpatizantes) que forman los partidos así como de los valores de los que impregnen dichas prácticas.  Entonces, ¿qué podemos hacer para configurar nuestras instituciones políticas de modo que los dominadores malos e incapaces, que naturalmente intentamos evitar, pero que, no obstante, no resulta excesivamente fácil hacerlo, ocasionen los menores daños posibles y de modo que podamos deshacernos de los dominadores incapaces sin derramamiento desangre? En el mismo sentido que Popper se realizaba esta pregunta  nos encontramos con la misma cuestión a la hora de desarrollar el proyecto que tenemos entre manos. ¿Qué acciones concretas, factibles podemos llevar a cabo para democratizar los partidos políticos? Quizás el desarrollo de acciones micropolíticas podría ser una vía que abra camino hacia la democratización interna de los partidos políticos. En este sentido la aceptación y legitimación de la introducción de un sistema de indicadores de calidad democrática en un partido político podría  tomarse como una acción que apuesta que evidenciar la voluntad de democratizar la institución.

Acciones que empoderen

El papel del militante/simpatizante hoy es menospreciado por el aparato de partido y los representantes de distintos órganos de poder: ya porque su aportación no es necesaria para trasladar su mensaje a los votantes gracias al poder de los medios de comunicación de masas, ya por su irrelevancia  a la hora de financiar estas organizaciones , u otros (2). En cualquier caso, en general, vemos que dentro de sus propias organizaciones,  como señalaba Ostrogorski, no se estimulan las energías individuales sino que  dejan que se adormezcan. Por tanto ,necesariamente, el militante/simpatizante ha de darse a valer dentro de la organización  para ser tratado como un individuo inteligente con autonomía propia y llevar a cabo, como apunta De la Cueva en sus trabajosla misma consigna de la Ilustración: atreverse uno mismo a saber y poner los fundamentos de sus propias organizaciones, construyendo colectivamente partidos  más democráticas. En cualquier caso, es necesario que los militantes despierten, actúen y se atrevanSi cada milintante participa de manera activa como elemento de reivindicación  política y de presión para provocar su participación en la toma de decisiones y elaboración de programas y políticas  a través  de la actuación en red y la práctica de  actos ilocucionarios  “Away From The Key” se situaría en  una situación de poder, de empoderamiento , y eviataría  ser tratado de manera paternalista por el aparato de partido. Así, asignándolo  esa potencialidad al militante/simpatizante para hablar, escuchar, hacer, conectar, decidir, y participar, la esfera pública dentro de los partidos aumentaría sus niveles calidad democrática y ese tipo de comportamientos  desembocarían necesariamente en una redistribución de poder, aniquilando el dominio casi absoluto de las cúpulas, élites o el llamado aparato de partido en cuanto a la toma de decisiones. Igualmente se conseguiría una  mejora de la autonomía individual y un estrechamiento de vínculos  entre sus miembros Así, las acciones micropolíticas podrían conseguir que las corrientes de opinión fluyan de tal manera que el diálogo, el conflicto y la pluralidad comenzarían a formar  parte del día a día del partido mediante la colaboración en red de sus miembros en entornos de red, transformando, a su vez, la acción de cada miembro en  inteligencia colectiva. Por eso,   el concepto de “enjambre” tratado por De la Cueva en sus trabajos , entendido como movilizador democrático y motor del empoderamiento puede ser clave a la hora de promocionar y provocar el cambio y rediseño de institucionalidad necesario para que los partidos políticos comiencen a romper por fin la organización de la que habla Mitchels  y  dar paso a una modelización del sistema institucional para que se oriente hacia una horizontalidad progresiva. Se trataría, en definitiva,  de rescatar e insertar a modo filosófico en los partidos la idea clásica de democracia  que  retoma el concepto de igualdad de participación en asuntos públicos (Isegoría) y convertir así al ciudadano/militante/simpatizante no sólo en un speaker corner con posibilidad de eco universal sino también en un actor que lleva a la práctica acciones que favorezcan la democratización, y que estas se tengan en cuenta.

Un militante se queja en FB sobre la actuación del aparato de partido frente a su actitud.

Un militante se queja en FB sobre la actuación del aparato de partido frente a su actitud.

Transparencia e Indicadores de Calidad

Para que las comunidades afines a los partidos políticos puedan pensar y trabajar en aras de la democratización de los mismos es necesario que éstos conozcan qué, quién, cómo y dónde se toman las decisiones que configuran el mismo así cómo los contextos en los que se producen. Como señala Bobbio, democracia es poder en público”Por tanto, para que esa esfera pública sea realmente de calidad,  los partidos han de facilitar la apertura de datos y libre circulación de la información que producen, y que esta esté disponible para su copia, uso, modificación y redistribución para generar de facto ese empoderamiento y práctica política de calidad  y, al mismo tiempo , permita la fiscalización y control de las prácticas partidistas. En este sentido, la sesión con De la Cueva advierte una vez más sobre el relevante papel que juega la red  como herramienta de publicación, manipulación y manufacturación de datos y registros a la hora de moldear un cambio de institucionalidad y de creación de vínculos entre la comunidad y en concreto, de las posibilidades que esta ofrece a la hora  de crear tecnologías de la objetividad y salpimentar de facto la tecnología con valores democráticos básicos.  Así, la documentación y la exposición del profesor nos regala herramientas, sobre todo, relacionadas con la transparencia y las recomendaciones de la Sunlight Foundation que podrían añadirse directamente al Sistema de Indicadores de Calidad democrática dentro de un partido político o cualquier organización pública similar, siempre que se apueste, como acabamos de apuntar,  por la redistribución del poder y la transparencia a través del Open Data, la puesta en público de datos completos,  oportunos, sin discriminación, que estos sean de fácil de acceso que además permanezcan y que no presenten coste de uso. De hecho, la aplicación del Sistema de Indicadores de Calidad que tenemos en marcha podría ser entendido como una acción AFTK y como una pequeña herramienta de la objetividad  para  controlar y fiscalizar a los miembros del partido, y por eso se presenta como una herramienta revestida de valores democráticos y que busca una mejor democracia. Por tanto, podría ser entendida de alguna manera como una pequeña tecnología de la verificación. Al menos ese es el espíritu del Sistema de Indicadores de Calidad el de abrir el partido a los militantes, simpatizantes y sociedad en general de una manera responsable. No obstante, sólo una acción política valiente y decidida puede cambiar la situación.

– DE LA CUEVA, Javier. (2013). «Innovación y conocimiento libre: cuestiones morales y políticas». Isegoría. Revista de filosofía moral y política, número 48, 2013, pp. 51-74.Documento accesible en línea. ISSN: 1130-2097.

– DE LA CUEVA, Javier. (2012). Internet como entorno de la opinión pública: envolviendo los derechos fundamentales en derechos ordinarios. Revista Internacional de Pensamiento Político, vol. 7, 2012, pp. 93-115. ISSN: 1885-589X.

– DE LA CUEVA, Javier. (2012). Praeter Orwell: Sujetos, acción y open data ciudadana. Argumentos de Razón Técnica, número 15, 2012, pp. 13-37. Documento accesible en línea. ISSN: 1139-3327.

– DE LA CUEVA, Javier. (2012). Metodología y codificación de la acción micropolítica. Acciones políticas ciudadanas en internet. Trabajo de Investigación. Máster en Estudios avanzados en Filosofía. Madrid: Universidad Complutense. Documento accesible en línea.

– NADAL, Helena; DE LA CUEVA, Javier. (2012). Redefiniendo la isegoría: open data ciudadanos, en Cerrillo i Martínez, A., Peguera, M., Peña-López, I., Pifarré de Moner, M.J., & Vilasau Solana, M. (coords.) (2012). Retos y oportunidades del entretenimiento en línea. Actas del VIII Congreso Internacional, Internet, Derecho y Política. Universitat Oberta de Catalunya, Barcelona 9-10 Julio, 2012, pp. 283-300. Barcelona: UOC-Huygens Editorial.Documento accesible en línea. ISBN: 978-84-695-4123-

– MALAMUD,  Andrés (2003). Partidos políticos.  Introducción a la Ciencia Política, Julio Pinto , Capitulo 7 Eudeba, Buenos Aires (cuarta edición). http://www.eui.eu/Personal/Researchers/malamud/Partidos%20II%20(Pinto%20-%20EUDEBA).pdf

-FREIDERBERG, Flavia. (2006). Democracia interna: reto ineludible de los partidos políticos. Revista de Derecho electoral, (1), 1-17.http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3987968

-MEDERO, G. S. (2011). La democracia interna en los partidos políticos españoles: el caso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Revista de ciencias sociales17(4), 598-611. http://www.redalyc.org/pdf/280/28022784004.pdf

Otros recursos:

(1)    http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Michels