Memorias prácticas

Raspium Radio. Taller de radio libre

En este taller realizado en el Medialab Prado el 19 de octubre del pasado año, estudiamos las posibilidades de crear una radio libre y portátil a partir de una Raspberry Pi.

Rubén Nielfa, de Radio Kolor (Cuenca), en colaboración con Radio Guerrilla, se acercó al Medialab Prado para explicar cómo había fabricado una radio a partir de una Raspberry Pi, y poner en común sus apreciaciones con todos los que allí asistimos. Delante de los asistentes, construyó una pequeña unidad móvil de emisión con muy pocos materiales: una Rapberry Pi (modelo B), una tarjeta SD de 4 gigas, un lector de tarjetas, un alimentador microusb (5v), una tarjeta de sonido USB, un ordenador con conexión a internet y diferentes cables de audio (jack-rca, jack-jack). Con esta infraestructura, y tras instalarle el software necesario (la base del sistema Raspbian, el reproductor de audio Mplayer, el servidor de streaming Icecast 2, el cliente de Icecast Darkice y la conectividad de 3 gigas Sakis3g), empezó a emitir desde su Raspberry Pi en directo a través de internet. Según nos comentaba, este invento tiene unas 6 horas de autonomía de funcionamiento.

La “Raspium Radio”, como la ha bautizado, puede servir para emitir en directo por radio desde, por ejemplo, una manifestación. En tanto que proyecto hecho a partir de software libre, está abierto a nuevas modificaciones que puedan seguir transformándolo y mejorándolo. No obstante, entre los asistentes había más personas que venían de periodismo y tenían curiosidad por conocer aquella nueva posibilidad, que gente con conocimientos técnicos para llevar a cabo su desarrollo. Aunque no pudimos intercambiar apreciaciones sobre sobre su construcción, sí que vimos las diferentes posibilidades que puede llegar a tener un proyecto de este tipo, y puede resultar muy interesante volver a asistir a una charla en el futuro para ver cómo ha ido evolucionando.

Tejiendo redes alrededor del libro de Lawrence Lessig «El Código 2.0»

Este es un grupo de trabajo que se desarrolla en el marco del Laboratorio del Procomún del Medialab Prado a lo largo de todo el curso 2013 – 2014, impulsado por Javier de la Cueva para leer y analizar El Código 2.0 de Lawrence Lessig.

A lo largo de este curso nos hemos ido reuniendo los miércoles de finales de cada mes para comentar la obra de Lessig El Código 2.0. La idea principal con la que Javier de la Cueva impulsó este taller era la de analizar el texto para formular conexiones conceptuales y empíricas del libro entre todos los asistentes. Aunque empezamos siendo un grupo numeroso (unas diez, doce personas), el grupo se ha mantenido con una estabilidad de cinco personas, contando con Javier. Desde nuestras distintas procedencias (ingeniería informática, derecho, filosofía, historia del arte y antropología) hemos estado analizando y comentando la obra de Lessig, tratando de sacarle el máximo partido.

Leyendo unos capítulos determinados cada semana, hemos ido exponiendo las apreciaciones que cada uno de nosotros iba teniendo de cada capítulo, generando diversos e intensos debates sobre diferentes cuestiones. Los temas, de acuerdo con el libro, siempre han estado relacionados con el desarrollo de internet y su legislación, pero a partir de ahí hemos llegado a conversar sobre temas mucho más filosóficos, como por ejemplo el de la guillotina de Hume, consistente en el paso (erróneo) que hacemos al inferir de algo que es, lo que debe ser.

Aunque todavía no hemos terminado (nos queda una última sesión), el experimento parece que ha salido bien y estamos pensando en seguir el curso que viene con otro libro. Una de las ideas era sacar la obra de Lessig comentada con nuestras apreciaciones, pero es algo que veremos una vez hayamos finalizado.


Encuentro de Sociología Ordinaria II

Este segundo encuentro de Sociología Ordinaria se ha realizado los días 7 y 8 de mayo de este mismo año en el Medialab Prado y se ha dedicado a esas “políticas de andar por casa”.

El encuentro de Sociología Ordinaria consiste en observar la sociología desde ese matiz frívolo y superficial que tiende a ser obviado por las investigaciones científicas, y que también forma parte de nuestra cotidianidad (quizás incluso con más presencia que otros aspectos). Con las puertas abiertas para todo aquél que quisiera asistir y participar, este encuentro sociológico llenó el lab del Medialab Prado el día 7 de mayo, y su auditorio el día 8.

Analizando diferentes aspectos de nuestras vidas desde distintas áreas, el encuentro comenzó con unas exposiciones hechas desde un punto de vista muy casero. ¿Cómo nos afecta el posicionamiento de los muebles en nuestro salón? ¿Es La Manga un escenario dado a reproducir un turismo de caspa? ¿Por qué nuestras madres nos echaron de la cocina y nuestras neveras están llenas de precocinados? ¿Qué hay con todos los sucesos que tienen lugar no sobre, sino bajo la mesa?

Por la tarde, y una vez que habíamos comido, nos dispusimos a jugar al Antropocefa: “para darle un toque moderno, incluso hipster a la antropología, porque si los científicos se lo toman en serio, nosotros no”, como dijo Adolfo Estalella.

Tras un café y un poco de charla intercambiando opiniones, me uní a un grupo de trabajo alrededor de un cartel que analizaba, con una tipografía semejante a las letras rusas, la visión de la clase trabajadora que se explota en el programa de televisión norteamericano “El Jefe”, muy antagonista al que expuso Karl Marx en su día.

Y de ahí nos fuimos a la fiesta del tupperware con Gloria Durán, uno de los momentos más destacables de este II encuentro. Entre todos expusimos diversas vivencias alrededor de estas cajas de plástico que nos descubrieron que, lejos de ser meros recipientes para guardar la comida, son unos instrumentos capaces de cambiarle a uno la vida. Una experiencia que hay que vivir.

Al día siguiente, otra vez por la mañana, María Jesús Miranda López expuso su deseo de adoptar un joven. Si cada persona joven fuese adoptada por una persona mayor, probablemente venceríamos gran parte de las brechas que nos separan hoy en día, además de que podría ser una experiencia de enorme enriquecimiento personal para ambas partes.

De ahí, curiosamente, pasamos al entorno de la red, ese que tanto nos separa de nuestros mayores, y probamos a hacer una charla en silencio utilizando Twitter. Fue un experimento de lo más divertido. Empezaron a tuitear con el hashtag #clik en silencio, y tras ver que nadie empezaba a hablar, los invitados empezaron a utilizar también ese hashtag, tanto para preguntar de qué iba todo eso, como para exponer cualquier otra cosa.

Y como no se habla de Twitter sin hablar de Facebook, luego hicimos un acercamiento a ese humor al que tanto recurrimos por las redes sociales, muchas veces en forma de memes, y analizamos si ayuda a las acciones sociales o más bien las despolitizan.

Luego pasamos a hablar de microrelatos en formato .gif, y acabamos presenciando un extenso trabajo sobre los movimientos de los distintos tipos de polen en la ciudad de Madrid, pasando por un segundo café compartido alrededor de carteles temáticos, y terminando con una “clásica” partida de trivial, pero de preguntas muy ordinarias.

La utilidad a posteriori de Cablegate

Con el desarrollo de las nuevas tecnologías se abren nuevos horizontes de posibilidades que todavía están por descubrir. Otros, ya se están descubriendo ante nosotros. En la medida en que vamos explorando este terreno, vamos dando con nuevas formas de comprender el mundo que modifican la forma en que interactuamos con él y con quienes nos rodean. Muchos de estos hallazgos han cambiado sustancialmente la forma en que nos planteamos determinadas cuestiones y nos enfrentamos a ellas. Es el caso del periodismo. Con el fenómeno de la digitalización, el mundo de la comunicación se ha transformado por completo. Son muchos los ejemplos que se pueden citar sobre este punto, pero quiero centrarme en uno en concreto: la publicación de Cablegate por parte de WikiLeaks. Con esta filtración asistimos a un antes y un después en el mundo del periodismo en tanto que el material en bruto con el que normalmente trabajan los profesionales de la comunicación es liberado y se encuentra accesible para todo el que tenga una conexión a internet. En este sentido, la publicación de Cablegate ha sido un punto de no retorno, independientemente de todas las críticas que se le puedan hacer.

Los United States Diplomatic Cables Leak o Cablegate son 251.287 documentos –siete veces el tamaño de los diarios de guerra de Afganistán e Irak– de 274 embajadas estadounidenses alrededor del mundo y el Departamento de Estado de Washington DC, que cubren desde el 28 de diciembre de 1966 hasta el 28 de febrero de 2010. Es la apertura al público de unos archivos que, aunque en algunos casos están desclasificados y pueden llegar a ser accesibles mediante los pertinentes trámites burocráticos, en otros no –15.652 documentos estaban calificados como “secretos”–, y que en cualquier caso, quedan completamente abiertos y libres de todo tipo de trabas de acceso. Aunque WikiLeaks ha ofrecido siempre su información en bruto independientemente de que esta haya sido procesada y publicada en su forma editada –junto a las noticias basadas en documentos liberados ha ofrecido siempre los propios documentos, de forma que cada persona pueda, si quiere, acceder a la fuente primaria–, no es lo mismo tener acceso a todos los documentos que solamente a los que han sido previamente publicados por la prensa. Aquí radica la diferencia con el resto de filtraciones. Tampoco es lo mismo poder acceder a ellos desde nuestro propio ordenador que desde la nube, donde hay unos parámetros de búsqueda preestablecidos. Al poder almacenarlos en nuestra computadora, podemos procesarlos libremente, sin las restricciones que inevitablemente encontramos al trabajar con una información previamente dispuesta. Con unos mínimos conocimientos tecnológicos, podemos ser nosotros los que establezcamos los criterios de búsqueda, pudiendo partir de este modo de una base mucho más neutral que si tenemos que adaptarnos a unas estructuras predeterminadas. Las noticias son siempre una versión editada, y a menos que podamos acudir a la fuente primaria, una determinada imagen acaba preestableciéndose, una representación. Sin embargo, con el acceso a la base de datos esto no tiene porqué ser necesariamente de esta forma: tenemos el material y no está sujeto a unas normas, de forma que podemos ser nosotros los que inventemos las reglas del juego. Hasta ahora, este tipo de datos estaba reservado a profesionales, quienes en todo caso se encargaban de transmitirlos. Al estar dispuestos en internet los datos en bruto de forma abierta, y generarse redes alrededor de esta información, se generan numerosos diálogos. Múltiples narraciones surgen a partir de un mismo tema, contemplando diferentes puntos de vista.

Con el desarrollo de internet y de las nuevas tecnologías, está teniendo lugar un periodismo popular que contamina el periodismo profesional. Las historias que se narran a través de Twitter o mediante streamings cuando tiene lugar un desahucio o una manifestación, acaban penetrando en numerosas ocasiones en las tertulias de la radio o la televisión, y lo que se comenta en foros y redes sociales marca muchas veces el guión de las noticias no sólo digitales sino también escritas. Este periodismo genera mucha más información al contemplar un número mucho mayor de historias e intereses. Esto no quiere decir que la figura del profesional carezca de sentido, pero como apuntan en The Received Wisdom, son esenciales nuevas perspectivas para que pueda tener lugar una evolución, y cuanto más diversa sea la gente que las proponga, mayor podrá llegar a ser ese avance1, que no necesariamente crecerá hacia delante sino que lo hará también hacia los lados, ampliando terrenos ya descubiertos y dotándolos de nuevos puntos de vista. WikiLeaks ha trabajado con los expertos, ha pactado con cinco de los grandes medios de comunicación más importantes en determinados momentos de su historia, pero lo que pretende Assange y lo que hace con la filtración de Cablegate es no agotar ahí sus posibilidades. Lo que hace es volver el paradigma más complejo al hacerlo inclusivo y no exclusivo, al ofrecer los datos en bruto en abierto para que del mismo modo puedan ser procesados y poder sacar de esta manera distintos puntos de vista. La evidencia por sí sola puede no ser suficiente, puede ser malinterpretada, utilizarse de forma sesgada, pero si su acceso es público pueden generarse distintas perspectivas que permanezcan en constante debate cuestionando cualquier verdad que pretenda erigirse. Aunque unos y otros responderán a sus intereses y harán primar su concepción ideológica de un modo más o menos explícito, el acceso abierto permite que esas diferencias se encuentren, erosionando de esta manera una única interpretación.

Con esta filtración, el que quiera puede acceder de forma directa a los datos que conforman las noticias de los medios de comunicación sin tener que pasar necesariamente por ellos, donde han sido previamente procesados respondiendo a unos determinados filtros en función de los intereses del momento (de la opinión pública) y de sus accionistas. La barrera de censura se traslada de este modo al propio individuo, quien es el encargado de decidir qué es lo que le interesa y lo que no, y quien ahora puede procesar autónomamente los documentos. Sin ser un profesional de la información, puede analizar y publicar a raíz de unos datos a los que generalmente no tiene acceso, produciendo sus noticias. Esto no quiere decir que la información final vaya a ser mejor o peor, quiere decir que existe la posibilidad de trabajar con las propias manos el material en bruto que hasta ahora trabajaban otros por nosotros. El nuevo horizonte que se abre con Cablegate es el de la cultura del DIY enfocada al mundo del periodismo, un reflejo de la rebelión hacia lo que nos viene ya dado a través de los grandes medios de información, una invitación a investigar por nosotros mismos las fuentes y fabricar nuestras noticias haciendo uso de la creatividad y evitando caer en el consumo que alimenta ese periodismo que pretende establecerse como representante de nuestras inquietudes en la formación de una opinión pública que deja al margen gran parte de ellas2. Es una forma de no relegar responsabilidades, una oportunidad para generar un periodismo que pueda formar a ciudadanos críticos: cuando uno se convierte en productor, mejora como consumidor al conocer los códigos sobre los que trabaja.

Aunque Cablegate se liberó el 31 de agosto de 2011, sus implicaciones siguen vigentes. Nos encontramos ante un material que cuestiona la exclusiva y propone el análisis en profundidad y desde distintos puntos de vista. Con la información liberada, en cualquier momento podemos acceder a ella para hacer las pertinentes consultas y sacar nuestras propias conclusiones. Temas que ahora mismo pueden no resultar atractivos, pueden llegar a serlo en otro momento. Es el caso de Crimea: cuando este mismo año ha estallado la crisis en Ucrania, más de una persona ha echado mano de los documentos que WikiLeaks filtró al respecto en 2011 y que se encuentran en la base de datos de Cablegate. No podemos estar permanentemente empezando desde 0, los sucesos no tienen lugar aislados sino dentro de un contexto, y del mismo modo ocurre con la información. No podemos ser permanentemente originales, pero sí que podemos establecer diálogos sobre un mismo tema que sirvan para ir contemplando nuevos y diversos puntos de vista. Cablegate tiene una función a posteriori. En el momento en que se filtra, no es más que un prototipo: se libera para su mejora, para que esos datos puedan servir para algo más que para unos titulares en la prensa internacional. Esta visión supone cuestionar la objetividad, la posibilidad de establecer una verdad sobre un determinado caso, e invita a que, partiendo de los hechos, de los datos en bruto, se generen numerosas redes que los analicen agotando las diferentes posibilidades.

Estas nuevas posibilidades no se agotan en la propia información, afectan también a quienes tratamos con ella. Se nos plantea un horizonte en el que podemos tener más control sobre la información que consumimos, pudiendo producirla con unos determinados conocimientos. Naturalmente, estos conocimientos pueden ser más o menos básicos, y en función de ello dotarnos de más o menos autonomía, pero cualquier paso en esta dirección nos va aproximando a ella. En este sentido, he querido hacer un tutorial muy básico. Conversando con mis compañeros de clase, me he dado cuenta de que los conocimientos que yo tengo sobre WikiLeaks y Cablegate, por básicos que sean, no son compartidos por todos ellos, y muchas cosas que yo doy por sentado para otras personas no resultan tan obvias. En este sentido, me he propuesto hacer un tutorial muy básico que dé cuenta de los primeros pasos para acceder a Cablegate: el almacenamiento en nuestro ordenador. El posterior procesamiento de la información es ya más complejo, pero todo se aprende si se va paso por paso. De momento, este es el primero, y quizás con el tiempo, lo vayamos completando:

Por otra parte, hoy tenemos en nuestro país la posibilidad de filtrar información a unos determinados medios de comunicación alternativos a los tradicionales, que han apostado por abrir un buzón anónimo como en su día hizo WikiLeaks. El portal se llama Fíltrala y “busca una transformación en la sociedad española a través de la transparencia y la participación ciudadana”, según sus propias palabras. Quieren “que el público ayude a restaurar el rol activo de los medios como vigilantes del poder, creando una nueva conciencia social donde ciudadanos anónimos puedan influir en lo que es de interés público”. Los medios implicados son Diagonal, eldiario.es, La Marea y Mongolia. Me parece que también puede resultar interesante que la gente sepa cómo puede enviarles este tipo de información.

1STILGOE, J; IRWIN, J; JONES, K. The Received Wisdom. Opening up expert advice. London, Demos, 2006. p. 21.

2KUZNETSOV, S; PAULOS, E. “Rise of the Expert Amateur: DIY Projects, Communities, and Cultures”, Proceedings: NordiCHI 2010, October, 16 – 20, 2010. p. 16.

Compartiendo la idea de Anonymous

Estaba dándole vueltas al tema de mi trabajo para el seminario de artivismo, viendo las charlas a las que desafortunadamente no he podido asistir y leyendo algunos de los textos recomendados para dichas sesiones, cuando he tenido una idea. Me ha parecido una idea algo descabellada así que he concluido que, al menos como experimento, puede ser buena.

Mi planteamiento ha sido, en un primer momento, escribir algo relacionado con el tema de mi TFM. Mi TFM trata sobre las nuevas formas de acción y cooperación que surgen con el desarrollo de internet y las nuevas tecnologías, centrándome en el ámbito de la comunicación. Y esto lo hago analizando dos casos concretos: la filtración de Cablegate por parte de WikiLeaks y el movimiento de Anonymous. Os cuento esto porque tampoco pude asistir a las tutorías. Partiendo de aquí, me estaba preguntando si analizaba la filtración de Cablegate desde las ideas que desarrolla Edgar Alexander Prieto Barboza en Resilencia y panarquía: claves para enfrentar la adversidad en sistemas sociales junto con el concepto de autonomía modal que expuso Jordi Claramonte en su seminario, o si analizaba alguna acción concreta de Anonymous como situación construida encargada de desviar nuestra atención de la lógica espectacular para tomar un cierto distanciamiento de la realidad que haga posible una visión crítica de la misma, mediante la técnica del desvío (en este caso el desvío podría ser tanto un XSS, donde se modifica el contenido de una web, como el uso del traje en situaciones tan extravagantes como una manifestación ante una sede de la Cienciología con carteles plagados de lolcats).

En el primer caso, relacionaría las posibilidades de desarrollar un periodismo autónomo a partir de la filtración de los datos en bruto a los que hasta ahora sólo tenía acceso el periodista profesional, con la idea de alcanzar una mayor articulación social y política. En el momento en que todos tenemos acceso al material en bruto, todos podemos escribir nuestras propias historias reflejando diversos puntos de vista sobre un mismo tema sin tener que depender de la visión del periodista profesional que a su vez depende de los intereses del medio para el que trabaja. En este sentido, podríamos ver hasta qué punto se podría articular una obra de este modo, estableciendo diálogos en a partir de la diversidad de opiniones sobre un mismo hecho. En el segundo caso, no lo acababa de tener claro. Me parecía que podría ser más interesante porque realmente creo que puede hacerse un análisis desde un punto de vista artístico del movimiento de Anonymous, así que seguí dándole vueltas al tema del desvío y me estuve preguntando hasta qué punto benefician o cuestionan al sistema sus acciones. Pero me parecía un análisis precipitado, y una idea me llevó a la otra: ¿hasta qué punto podemos hablar de arte en Anonymous? ¿Habrá algún manifiesto artístico o similar hecho desde dentro? Y si todos somos Anonymous, ¿no podría hacerlo yo?

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Y entonces he pensado: “¿y por qué no?” Y me he decidido a escribir algo, ya que como Anonymous, cualquiera puede hacerlo en su nombre. Y me he acordado del texto Ocupando la indignación de Daniel Villegas y su tesis sobre compartir en lugar de ocupar, aportando a la colectividad y no utilizando su nombre para otro tipo de fines más egoístas, así que he pensado: “no lo puedo hacer como logicasimulada, tiene que ser como Anonymous”. Así que he decidido crear un blog con la estética de Anonymous desde Tor, con tal de que sea anónima hasta la ip que no puede ser vinculada a una ip real. En este blog publicaré el manifiesto el día 5 de junio (está programado a las 00:00h.), de forma que se verá que ha sido escrito dos días después de publicar este post, como prueba de que lo he escrito yo. El blog de Anonymous no hará ninguna referencia a esto, sólo desde aquí se enlazará al manifiesto que será realmente de Anonymous, sin que sufra ningún tipo de “profesionalización”. Hasta me he tomado la libertad de adoptar el lenguaje pomposo que solamente quien utiliza el anonimato como recurso es capaz de emplear “so pena de perder credibilidad”.

El caso de Anonymous y WikiLeaks: cuando la esfera periférica se vuelve indispensable

Con el desarrollo de internet y las nuevas tecnologías, asistimos a un cambio de paradigma que tiene unas determinadas consecuencias en el modo en que comprendemos el mundo e interactuamos con él y quienes nos rodean. En el siguiente trabajo me gustaría que abordásemos las implicaciones de la digitalización en relación al concepto de «esfera pública», tratando dos casos concretos que resultan paradigmáticos: la publicación de la base de datos íntegra de Cablegate por parte de WikiLeaks, y las acciones puntuales e indispensables de Anonymous en apoyo a esta organización en los momentos de mayor debilidad. Con ello quiero mostrar cómo en la transformación de la esfera pública ganan relevancia las esferas públicas periféricas, y cómo esto puede conducirnos a un escenario donde tengamos mayor autonomía, siempre y cuando cumplamos con unos mínimos requisitos para explotar este nuevo universo de posibilidades que se abre ante nosotros.

1. Esfera pública

Según la noción clásica de Habermas, la esfera pública es un espacio ideal y metafóricamente accesible para todos los ciudadanos donde se interactúa libremente sobre los asuntos públicos de la sociedad, a través de un proceso discursivo y racional, llegándose a alcanzar consensos que engloban los intereses colectivos de la misma. Es el único lugar verdaderamente democrático en la medida en que son las propias personas, sin representantes, las que construyen la democracia a través de sus discursos. Sin embargo, esta noción presenta diversos problemas: por un lado, es muy difícil establecer ese espacio ideal que permanezca libre de presiones externas (como la influencia del Estado y de los mercados), y por otro, sus condiciones técnicas son, y han sido, complejas y cuestionadas por numerosos autores. Pero no podemos olvidar que estamos hablando de un espacio ideal. Cuando se habla de un posible surgimiento o resurgimiento de la misma –o de su degradación– con el desarrollo de internet, es necesario plantear los problemas que esta noción presenta y enfocarlos en casos prácticos. De esta manera, nos situamos en un plano concreto y podemos comprender mejor su funcionamiento.

1.1. Cuestionando los valores de la esfera pública

Con la digitalización de la esfera pública surgen principalmente tres preocupaciones que son: el acceso a la información, la reciprocidad de la misma y la comercialización del espacio cibernético1. Todas ellas son condiciones necesarias para pasar de hablar del espacio público que nos proporciona internet, a una esfera pública con todo lo que representa. Pero estas no son las únicas dificultades a las que nos enfrentamos: el propio concepto clásico de esfera pública, ideal, es cuestionado en su puesta en práctica.

Para empezar, un acceso completamente libre es algo imposible. Cuando se habla de un resurgimiento de la esfera pública con el desarrollo de internet, se suele hacer referencia a una posibilidad de acceso universal que no es real. Nunca estamos en igualdad de condiciones, ni siquiera en internet donde podemos hacer uso del anonimato para reinventarnos: tenemos unos prejuicios culturales que no nos abandonan por conectarnos a internet. Por otro parte, para poder conectarnos necesitamos de una infraestructura, para lo que podemos encontrarnos tanto ante problemas económicos como materiales, y también son necesarios unos conocimientos técnicos mínimos que no todos tenemos. No hay que olvidar que no todo el mundo tiene acceso a internet, ni siquiera en una localidad determinada, y que incluso en estos casos nos enfrentamos a otras problemáticas como la reciprocidad de la información y la comercialización del ciberespacio, que también afectan al acceso de la información que posteriormente permitiría una interacción libre y racional sobre los asuntos públicos.

Hay grandes empresas privadas, como Google, Facebook o YouTube, que manejan un tráfico considerable de la red y que vienen con unas estructuras predeterminadas que facilitan más o menos la interacción entre los usuarios y el intercambio de conocimiento. Esto afecta a la reciprocidad de la información, que tiene más visibilidad en determinados espacios, donde además entran en juego intereses económicos que inevitablemente hacen prevalecer unos temas sobre otros. En consecuencia, la interacción libre y racional no es posible, a pesar de que no son necesarios unos intermediarios o representantes.

Otras problemáticas que encontrábamos ya antes de la digitalización de la esfera pública y que mencionaba anteriormente, como el ámbito cultural del que partimos, determinan nuestro modo de entender y estar en el mundo, algo que trasladamos a la red donde en ningún caso llegamos como tabula rasa: es una herramienta que podemos utilizar para distintos fines, pero de la que echamos mano desde nuestra persona, con todo nuestro conjunto de valores. No desaparece nuestra forma de ser y estar en el mundo, ni nuestra forma de entenderlo, en el momento en que realizamos la conexión a internet aunque nuestras prácticas a partir de ahí puedan, naturalmente, transformar estos aspectos.

Pero todas estas cuestiones, ¿suponen realmente un inconveniente? Con el desarrollo de internet y el debate generado alrededor de una posible esfera pública digital, también se ha puesto en cuestión hasta qué punto pueden considerarse todos estos aspectos como problemáticos, o si por el contrario podrían ser enriquecedores para el concepto de la esfera pública, que se vería transformado en este desarrollo.

1.1.1. Proceso de digitalización: ¿todo son ventajas?

Según la tesis de Habermas sobre la esfera pública ideal, la racionalidad es indispensable para poder llegar a acuerdos que nos permitan poner en común las distintas cuestiones que nos atañen como comunidad, y poder de este modo convivir de manera democrática. Estos acuerdos deben ser alcanzados mediante el diálogo, que tiene como base la razón, encontrando las coincidencias y dejando de lado las diferencias, que quedarían relegadas al espacio de la vida privada de cada uno. Sin embargo, la racionalidad no tiene por qué ser ni deseable, ni suficiente, y muchas veces puede ser incluso un inconveniente debido a su carácter extremadamente rígido, que deja numerosas cuestiones minoritarias –y no por ello menos importantes– fuera.

Relegar al ámbito privado determinados aspectos que afectan no a un individuo sino a un conjunto de personas, aunque sean una minoría, puede tener consecuencias negativas tanto para las personas afectadas como para el resto de la comunidad en la que conviven, ya que inevitablemente acabará afectando en los asuntos sociales. El consenso sólo atañe a aquellas cosas que son puestas en común, pero deja de lado todas las particularidades que no por ello dejan de estar ahí, relegándolas a la periferia. En este aspecto, muchos defienden que internet no sigue los parámetros de la esfera pública ideal ya que da cabida a todo tipo de opiniones: como espacio público, en internet tienen lugar tantos criterios como personas deseen –y puedan– manifestarse. Sin embargo, debido a la monopolización del tráfico por parte de algunas grandes empresas, se tiende a la homogeneización. El resultado de esta estandarización plantea problemas similares a los que encontramos en relación al consenso, ya que acaba primando un determinado punto de vista frente a otros que son dejados de lado. Aunque con internet se superase realmente la barrera de acceso y se entrase en un espacio donde uno puede expresar lo que piensa con total libertad, la visibilidad nunca será la misma. Incluso podría decirse que este problema aumenta en tanto que son numerosos discursos inconexos los que tienen lugar, y la opinión pública que surge de ellos no depende tanto de esa puesta en común ideal y razonada, sino de la visibilidad generada principalmente por cuestiones económicas. Esta influencia de presiones externas ya la tenía en cuenta Habermas, pero se centraba en un discurso en común: este discurso en común tenía que poder desarrollarse libre de todas estas presiones para poder dialogar razonadamente y alcanzar consensos. Lo que cambia con internet es que las diversas manifestaciones que se dan tienen lugar en forma de constelaciones, y aunque la visibilidad de unas sea mayor que la del resto en función del lugar en el que surgen o de la autoridad que se encuentra detrás, como ha venido ocurriendo hasta ahora, esa pluralidad está presente y puede localizarse de un modo mucho más sencillo dada su inmediatez. Esta gran diversidad de opiniones es manifiesta, y en algunos casos, consiguen vencer esa barrera que las mantienen al margen de la opinión pública, llegando incluso a incidir en la esfera pública central de forma directa. Aunque esto no sea lo más frecuente, es algo que ocurre en ocasiones, y es especialmente trascendente porque consigue vencer otra barrera de la esfera pública ideal que hasta este momento había sido prácticamente infranqueable: la del acceso directo y sin representantes.

Hasta este momento, el paso de la esfera privada a la esfera pública se hacía a través de organizaciones, de intermediarios que actuaban como nuestros representantes, aunque podía darse alguna excepción. Con el desarrollo de internet y de las nuevas tecnologías, este paso es cada vez menos necesario ya que, aunque la acción directa que se lleva a cabo, como puede ser la paralización de un desahucio, sigue teniendo lugar en el espacio físico, es el espacio red el que lo traslada a la esfera pública desplegando narraciones individuales en espacios que no pertenecen a la esfera privada. Si una persona que acude a un desahucio a título particular con el fin de paralizarlo, narra a través de internet lo que está viviendo y sintiendo en cada momento, lo que hace es convertir una vivencia personal en un asunto público. Esta faceta que el desarrollo de las nuevas tecnologías ha potenciado –con los smartphones podemos estar conectados desde cualquier lugar–, convierte muchos asuntos que hasta ahora eran invisibilizados por su carácter individual en cuestiones públicas que nos afectan a todos en mayor o menor medida. Es esta característica de la inmediación que tiene internet la que provoca un cambio considerable en lo vendría a ser la esfera pública, ya que problemas que hasta ahora no tenía modo de conocerse y por tanto no tenían capacidad para afectar socialmente, se dan a conocer y tienen lugar unas consecuencias. Y el caso de los desahucios resulta especialmente interesante para comprender esto porque es un caso que ha pasado de considerarse un problema individual que afectaba a las personas concretas que habían contraído una deuda con un banco –en el caso de las hipotecas, por ejemplo–, a un problema político que afecta al conjunto de la sociedad y su administración a la hora de conceder créditos y dirigir el tema de las viviendas, en un país donde hay 3.443.365 viviendas vacías, 82.860 desahucio anuales de media y alrededor de 30.000 personas viviendo en la calle.

Antes del desarrollo de internet, las diversas problemáticas que pudieran darse penetraban en la esfera pública a través de los grandes medios de comunicación –para lo que muchas veces era necesario que fuese un tema previamente abordado por una organización–, que eran los que manejaban prácticamente la totalidad la opinión pública. No existía la posibilidad de acceso directo que tenemos ahora. Hoy los medios de comunicación se ven sobrepasados muchas veces por una opinión pública que ha sido formada al margen de los asuntos que ellos están tratando y que difícilmente pueden ignorar, teniendo que llegar a incorporarla en más de una ocasión. Podría decirse que, en cierto modo, los temas más comentados en internet marcan el guión de los noticiarios, como ocurre muchas veces que una cuestión muy comentada en Twitter llega a trending topic. Esto no tiene por qué modificar el guión inicial de un medio de comunicación en concreto, pero en tanto que tema de interés general, acabará produciendo una noticia al respecto, una noticia que se sabe de antemano que gozará de un tráfico significativo y que generará beneficios. Cuando uno de los principales objetivos del periodismo es la rentabilidad, informar sobre este tipo de cuestiones se convierte en un patrón. El resultado son muchas veces narraciones sobre asuntos socialmente triviales, como puede ser una disputa entre fans de Justin Bieber y fans de One Direction, por ejemplo, pero otras veces son sobre temas que acaban afectando y modificando el modo en que entendemos el mundo, y por tanto, el modo en que nos desenvolvemos en él. Muchos problemas que hasta ahora eran invisibles, empiezan a visualizarse gracias a personas que, individualmente, interaccionan y se coordinan entre sí a través de internet y de las nuevas tecnologías. Esta visualización no tiene lugar a partir de un consenso previo alcanzado mediante el uso de la razón, sino que son múltiples problemáticas, como decíamos, muchas veces independientes entre sí, las que pasan a ocupar un lugar en la esfera pública dando cabida al disenso y generando nuevos debates. El disenso puede ser mucho más enriquecedor que el consenso en este sentido al replantear una y otra vez la opinión pública que se va tejiendo, ya que impide que tenga lugar una tendencia a la domesticación, al dominio de una opinión general que invisibilice determinadas problemáticas de carácter minoritario en favor de otras más generales, un riesgo al que siempre estuvo expuesta la esfera pública y que ahora parece que puede superarse por primera vez –siempre hasta cierto punto– gracias a esta inmediatez.

En todo momento hay que tener en cuenta que internet es una herramienta y que como tal no es independiente a nuestra realidad física, sino que se configura con ella. Lo que tiene lugar en la red es un reflejo de nuestra realidad política y social con todas sus problemáticas, que no son vencidas por el simple hecho de que sean tratadas en internet. La red no resulta ni inherentemente buena, como unos se afanan por afirmar; ni mala, como otros se apresuran a replicar; de la misma manera que no puede permanecer neutra2. Puede ser usada para unos y otros fines en función de los usos que le demos y de la estructura que la determina: sus posibilidades están sujetas también a su diseño3, que en la mayor parte de los casos nos viene dado escapando de este modo a nuestro control. En este sentido, es importante tener un conocimiento tecnológico, de tal modo que el acceso pueda ser mayor y podamos abrir el camino a un mayor número de usos posibles.

Lo que sí es cierto es que cada vez nos encontramos con menos barreras para la interacción como puede ser un determinado tipo de acceso, el tiempo, el espacio o unos canales determinados, que ahora se van multiplicando.

1.1.2. Las cuatro transformaciones básicas

Siguiendo el análisis de Coleman sobre la digitalización de la esfera pública, nos encontramos con cuatro transformaciones básicas: i) de la distancia a la copresencia, ii) de los lugares a las redes, iii) de la transmisión al diálogo y iv) del espectáculo al juego (Coleman, 2008).

  1. De la distancia a la copresencia: es cierto que con internet nos encontramos con muchas menos barreras que en el espacio físico. Además de que permite vencer algunos obstáculos que podemos encontrar en la interacción cara a cara que pueden venir definidos por nuestros atributos físicos, donde por ejemplo pueden influir determinados prejuicios en función del género, la raza o la edad, rompe con dos de las barreras clásicas que pueden suponer una mayor dificultad: la del tiempo y la del espacio. Independientemente de que yo viva en Madrid y no tenga forma de trasladarme a, por ejemplo, El Cairo, puedo establecer una interacción con personas que viven allí sin tener que desplazarme. Tampoco necesito un tiempo extra para realizar este desplazamiento, sino que desde mi propia casa, o desde el trabajo, puedo ponerme en contacto con personas que se encuentran en otro lugar, algo que además ahora puede hacerse incluso desde la calle con los smartphones. Este hecho erosiona las fronteras geográficas que, aunque no llegan a desaparecer porque siempre existe un determinado sentido de comunidad entre las personas de un mismo lugar, sí hace que temas que antes eran locales tengan un impacto global y tengamos que hablar de una esfera pública en un sentido internacional.

    Esto se debe a la característica de la inmediatez que mencionábamos antes, una de las características principales en tanto que modifica radicalmente las comunicaciones. Esto puede acabar invisibilizando algunos problemas locales en favor de otros, pero al mismo tiempo puede también enriquecer la esfera pública central aportando un número mayor número de puntos de vista.

  2. De los lugares a las redes: con el desarrollo de internet, y en consecuencia de ese paso de la distancia a la copresencia, se transforman los lugares tal y como los entendíamos hasta ahora, pasando de ser estancos a ser híbridos, enriqueciéndose de esta manera unos a otros y pudiendo actuar en sinergia generando redes. En consecuencia, la interacción se ve enriquecida, y una multiplicidad de puntos de vista toman protagonismo ampliando el abanico del discurso, que se ve más enriquecido. En internet encontramos múltiples canales a través de los que podemos acceder a un número mayor de perspectivas, logrando una permeabilidad muy superior.

    Esto lo mencionábamos antes en contraposición al debate razonado que persigue el consenso de la esfera pública ideal de Habermas. Con internet los discursos se multiplican, y todos son accesibles mediante la conexión. En consecuencia, su visibilidad es mayor, y acostumbramos a dar con más perspectivas de las que encontrábamos en la opinión pública manejada por los grandes medios de comunicación. Esto no quiere decir que no predominen unas sobre otras, ni que no haya intereses favoreciendo que ocurra de esta manera, pero existe una posibilidad que antes no teníamos. Los temas se multiplican e iluminan diferentes aspectos de unas mismas cuestiones, que dejan de tener que ser blanco o negro para mostrar una gran variedad de colores. Naturalmente, esto no siempre es así, y hay quienes hacen referencia a la tendencia de muchas personas por moverse solamente entre aquellos lugares donde se maneja una información acorde con su forma de entender el mundo, pero es importante resaltar la posibilidad de ampliar este horizonte.

  3. De la transmisión al diálogo: si hasta este momento la comunicación tenía lugar a través de canales unidireccionales que se limitaban a transmitir la información, relegando nuestro papel al de espectadores –figura caracterizada por la pasividad–, con el desarrollo de internet pueden establecerse diálogos. Pasamos de ser simples destinatarios de la información a ser emisores de la misma, algo que con el desarrollo de las nuevas tecnologías, como los smartphones, se ha visto potenciado pudiendo incluso llegar a narrar nuestras vivencias personales desde el lugar de los hechos. Esto no quiere decir que con el proceso de digitalización de la esfera pública siempre vaya a tener lugar el diálogo, pero sí que disponemos de un medio para hacerlo. Por primera vez se elimina la figura del intermediario y se nos permite acceder de forma directa a la esfera pública central donde podemos interactuar con los demás, y esto incluye tanto a personalidades de la vida pública como a grandes medios de comunicación, aunque con limitaciones.

    Los grandes medios, por ejemplo, han establecido espacios de participación, pero no los han explotado todo lo que han podido: han abierto sus noticias a los comentarios –aunque para realizarlos suele ser necesario registrarse y pasar una determinada moderación–, pero no han permitido, por ejemplo, que la audiencia participe de la propia producción de las noticias. Sin embargo, tenemos la posibilidad de abrir un blog y narrar una misma historia desde nuestro punto de vista. Esto es lo que vamos a ver con Cablegate, donde se nos ofrecen los datos en bruto, ese material al que hasta este momento sólo tenía acceso el periodista profesional, permitiéndonos contar nuestras propias historias sin tener que vernos limitados a la versión editada de los noticiarios.

  4. Del espectáculo al juego: dentro de esta transición de espectadores a actores dejamos atrás el espectáculo, entendido desde la perspectiva que Guy Debord desarrolla en La sociedad del espectáculo, para pasar a formar parte del entramado. Dejamos de ser representados y pasamos a ocupar un rol. Con todo esto se generan nuevos repertorios de acción que engendran nuevas formas de participación. Todo esto permite una revitalización de la esfera pública, y con ello una cierta revitalización de la calidad democrática: la base necesaria de todo sistema democrático es la existencia de unas posibilidades de participación política iguales para todos, y con el desarrollo de internet nos aproximamos más a este hecho. El problema es que para que todo el mundo pueda participar de algo, es necesario que todo el mundo sepa en qué consiste, que conozca las reglas del juego, y el primer paso para que esto sea posible es que las reglas sean libres, de manera que todo el mundo pueda acceder a ellas.

Como hemos ido viendo, los rasgos más característicos de la digitalización de la esfera pública son el acceso –de carácter más abierto–, la inmediatez y el aumento de la participación. Con esto se consigue una incidencia mucho más directa a la esfera pública central, que empieza a verse enriquecida por la interacción de esferas públicas periféricas que a su vez interactúan entre sí. Las esferas públicas periféricas son aquellas que se han establecido al margen de la central pero que no por ello dejan de ser públicas, ya que en ellas también tiene lugar una interacción ciudadana que establece un diálogo sobre cuestiones que afectan a la comunidad, aunque no sea el diálogo “central” caracterizado por lo que conocemos como opinión pública.

Un ejemplo de esfera pública periférica, que es además digital, es Anonymous. Anonymous se caracteriza por englobar a diversos ciudadanos que interaccionan libremente a través de la red sobre asuntos públicos de forma horizontal y autoorganizada, afectando a la esfera pública central sin necesidad de intermediarios. Quizás lo correcto no sea hablar de una esfera pública central y unas esferas públicas periféricas sino entender la esfera pública como un conjunto de estas constelaciones de espacios comunicativos que tienen lugar, y no ya solamente a través de la red, con las ventajas que ha ofrecido para ello la digitalización, sino también a nivel de barrios, algo que por ejemplo se ve con las distintas asambleas barriales surgidas a raíz del 15-M. Después de todo, estos espacios ya no permanecen por más tiempo aislados entre sí. Debido al desarrollo de internet y de las nuevas tecnologías se han establecido múltiples vías de comunicación que ponen todos estos discursos en contacto, nutriendo unos con otros. Lo que sí es cierto es que con el aumento de la participación se han creado mayor número de “periferias”, entendiendo por esto que ha habido un aumento en el número de opiniones compartidas y debatidas, de carácter minoritario, que han empezado a ser visibles. Y estos debates que hasta ahora permanecían invisibilizados no tienen por qué perseguir un consenso, una puesta en común entre todos ellos, sino que pueden servir de contrapunto para lo que entendemos como esfera pública central, cuestionándola y reforzándola, ampliando de esta manera los puntos de vista desde los que comprender el mundo.

2. Esferas periféricas: «Ultra cojonudamente coordinados»

Lo que ocurre con Anonymous alrededor de WikiLeaks es un caso muy interesante que sirve para comprender las esferas públicas periféricas surgidas a raíz de la digitalización de la esfera pública y las nuevas posibilidades que surgen de ella, del mismo modo que sirve para conocer mejor el caso de WikiLeaks.

Cuando a finales de 2010 WikiLeaks empezó a sufrir el acoso en múltiples formas debido a la publicación de los documentos de las embajadas o Cablegate, y su criminalización trató de establecerse con notable éxito en la opinión pública por parte de determinados sectores del poder que se vieron amenazados por su existencia, los grandes medios de comunicación que trabajaron junto con Assange sobre estas filtraciones no le apoyaron, y ayudaron a empeorar su situación.

Las filtraciones las habían recibido sin ningún coste y estaban generando sendos beneficios, beneficios que podrían haberse visto incrementados a través de la colaboración: de esta forma es más fácil avanzar en el análisis de la información recibida y cubrir un mayor espectro de historias y lectores. Podrían haber convertido los documentos diplomáticos en un tema de interés general de este modo, haciendo que penetrasen con mayor fuerza en la esfera pública, algo complicado de conseguir si la información se restringe a lectores de unos medios, lenguas y países determinados. Sin embargo, no conseguían alcanzar ningún acuerdo sobre el modo de proceder. Para los grandes medios de información, Assange nunca fue un periodista, ni WikiLeaks una agencia de noticias. Tomaron la información que Assange les había dado pero no compartieron los beneficios que con ella generaron, ni tampoco dedicaron unas líneas de sus ediciones a agradecerle su trabajo.

Además de esto, y a pesar de la cantidad de periodistas que estaban trabajando de forma más o menos coordinada en el análisis de la información, esta salía a cuentagotas. En febrero de 2011 sólo unos 3.900 documentos habían visto la luz, rondando los 20.000 en agosto de aquel mismo año, de un total de 251.287. Assange se vio sometido a una criminalización por parte de los Estados Unidos a la que estos medios ayudaron a coger fuerza. No le ayudaron cuando la web de WikiLeaks fue el blanco de diversos ataques informáticos o Amazon lo eliminó de sus servidores eliminando la dirección de wikileaks.org. No denunciaron el bloqueo que tanto la Biblioteca del Congreso, como el Departamento de Comercio o el Ejército de Estados Unidos hicieron al material de WikiLeaks a través de sus redes, ni añadieron un botón de donaciones –su única vía de ingresos– desde sus portales web cuando VISA, MasterCard, PayPal y Bank of America le denegaron sus servicios financieros. Y a todo esto, hay que sumarle el chivatazo que su ex-colaborador Domscheit-Berg hizo de la ubicación de Cablegate a Der Freitag: aunque se encontraban en un archivo encriptado, podía hallarse la clave en un libro recientemente publicado. David Leigh y Luke Harding, dos periodistas de The Guardian con el que WikiLeaks estaba colaborando, acababan de escribir WikiLeaks y Assange, una obra muy crítica donde aparecía, entre otras cosas, la clave del archivo encriptado. Esto hizo que Assange acabase de perder el control sobre aquella filtración, lo que finalmente le llevó a la publicación íntegra de la base de datos de los documentos de las embajadas. Cuando a finales de agosto de 2011 Julian Assange decidió hacer pública la base de datos deCablegate, los mismos periódicos con los que había trabajado le dedicaron sus editoriales conjuntamente para acabar con su imagen. Fueron personas anónimas y amateurs quienes, sin ningún tipo de organización previa, pero con una excelente coordinación, mantuvieron WikiLeaks a flote y salvaguardaron la importancia de su trabajo. Anonymous, ese vocablo que representa la ausencia de la fuente o la imposibilidad para identificarla, tuvo un rol especialmente relevante en esta empresa.

2.1. Los guardianes de WikiLeaks

Anonymous no es una organización donde un determinado grupo de personas asociadas lleva a cabo distintas acciones, como muchos afirman sin profundizar demasiado sobre el tema. Anonymous es, en primer lugar, un seudónimo que cualquiera puede hacer suyo posibilitando la acción de una colectividad indeterminada sin estructura jerárquica de ningún tipo. Si con WikiLeaks nos encontramos ante un nuevo modelo de periodismo donde se combina el trabajo de los amateurs con el de los profesionales, penetrando de este modo directamente en la esfera pública central, en Anonymous estamos ante una posible esfera pública que permanecería completamente en la periferia. Esto hace que las acciones de WikiLeaks tengan más trascendencia que las de Anonymous, pero es importante tener el papel de este último presente porque sin él no se entiende el desarrollo de WikiLeaks: no solamente le ayudó a superar las complicaciones a las que la organización se enfrentó, sino que también le suministró parte del material que filtró. Esta no es una colaboración organizada, son solamente acciones coordinadas en momentos puntuales, pero que han marcado el devenir de ambos.

La configuración anárquica de Anonymous está caracterizada por el disenso y la ruptura, ya que abarca tantas concepciones como personas quieran usar su nombre, y choca en este sentido con la estructura de WikiLeaks, marcada por unos principios mucho más concretos que responden en gran medida a los intereses de su fundador Julian Assange. En Anonymous, en cambio, el liderazgo está mal visto y se da absoluta prioridad a los hechos, independientemente de quién los lleve a cabo. Mientras que WikiLeaks entra en lo socialmente establecido, Anonymous se mantiene al margen generando su propio espacio de sentido. Las tácticas son más variadas, y su estructura, si es que podemos utilizar este término en referencia a Anonymous, es más abierta y participativa que la de WikiLeaks4, pero influye también en la opinión pública.

Podríamos decir que mientras que la forma de proceder de WikiLeaks se ciñe –hasta cierto punto– a las reglas del juego preestablecido, Anonymous lo hace al margen de ellas o generando las suyas propias. Estas reglas harían referencia tanto a las que están avaladas por la ley, como las que están aceptadas socialmente: en el caso de WikiLeaks nos encontramos, aunque con algunas rupturas, dentro del terreno de lo establecido, mientras que Anonymous traspasa ese límite. Julian Assange siempre se ha preocupado por seguir los cauces legales a la hora de sacar adelante la organización de WikiLeaks, tras quien se encuentra The Sunshine Press Productions desde 2010, garantizando de este modo su presencia legal. WikiLeaks no se encarga de sustraer la información que hace pública, o al menos no lo hace de forma abierta, y en ningún caso ha podido probarse que su actividad sea ilícita, lo que le permitió ganar el juicio contra VISA por el bloqueo económico. Ha colaborado con los grandes medios de comunicación haciéndose un nombre dentro del mundo del periodismo profesional, a pesar del poco apoyo que ha recibido con el tiempo de los que fueron sus compañeros durante esta etapa.

Sin embargo, y pese los esfuerzos de Assange por mantenerse dentro del marco de lo socialmente establecido, su labor ha sido lo suficientemente incómoda como para convertirse en el blanco de numerosas críticas que han hecho bastante daño tanto a su actividad – como ocurrió a raíz del bloqueo económico–, como a su imagen. Esto ha dado lugar a una creciente desconfianza hacia la actividad de WikiLeaks dentro de la opinión pública, y con ella la imagen tanto de su fundador como de la propia organización, se han visto fuertemente resentidas. Las críticas sobre los informantes afganos muertos por las filtraciones de WikiLeaks, que nunca se probaron, o el escándalo de la violación de Assange a dos mujeres suecas, a quien los medios acusaron desde el principio y sin pruebas que lo avalasen, e incluso con pruebas que vendrían a defender lo contrario, son dos ejemplos de esta criminalización. También la teoría de la conspiración que ha rodeado a Julian Assange desde prácticamente los inicios de WikiLeaks, afirmando que esta es un proyecto de la CIA, ha ido restándole credibilidad ante los ojos de gran parte de sus seguidores, interesados en la actividad de WikiLeaks en tanto que proyecto de contraespionaje. Con todo, WikiLeaks ha conseguido mantenerse en pie, y lo más curioso es que ha sido gracias a otro tipo de acciones que juegan al margen de lo políticamente correcto y lo socialmente establecido, como es el caso de Anonymous.

A diferencia de WikiLeaks, Anonymous no ha respetado las reglas del juego, y ha roto con ellas de forma abierta y deliberada. Haciendo uso del anonimato, las personas que actúan o han actuado bajo ese seudónimo, se protegen tanto ante la ley como ante la opinión pública, dos marcos que ponen en cuestión. Pero la función del anonimato no acaba aquí: sirve a su vez para que el valor de todas sus acciones se sitúe por encima de cualquier autoridad que pudiera ejecutarlas. Quién está detrás de Anonymous es algo que no importa, y Anonymous como tal, como asociación, no existe, sino que es un medio a través del que diversas personas pueden llevar a cabo unas determinadas acciones en un momento dado. Con el paso del tiempo, podemos hablar de Anonymous como un conjunto de acciones y de ideas, e incluso podemos hablar de una determinada evolución, pero no podemos establecer que ha sido un grupo de gente, con una ideología y una intencionalidad conjunta, el que ha estado detrás de ello.

Los principios de los que parte Anonymous son muy básicos y dan cabida a múltiples formas de entender el mundo, siempre sobre la base del lulz5 y el conocimiento libre. En la obra Access to Knowledge as a Field of Activism de Gaëlle Krikorian y Amy Kapczynski se plantea el acceso al conocimiento como un movimiento integrador de los demás movimientos, como el «movimiento de los movimientos». Krikorian menciona que como en el diagrama de Venn, los movimientos encajan unos en otros y se superponen, cada uno con sus particularidades, siendo el acceso al conocimiento un denominador común a todos ellos, impidiendo que sus diferencias se conviertan en obstáculos.

El paraguas del acceso al conocimiento es lo suficientemente grande como para permitir una gran variedad de participantes, temas y acciones, además de permitir a la creatividad expresarse a través de distintos modos sin ser limitados por las estructuras jerárquicas que a menudo dificultan las organizaciones convencionales6.

Como el movimiento por el acceso al conocimiento, Anonymous es un concepto integrador en este sentido, y en muchas ocasiones puede ser un recurso útil para conseguir los fines que se persiguen alrededor de una idea. El lulz, por su parte, es lo que lo caracteriza, dándole una suerte de cuerpo ideológico propio, siendo el recurso que se utiliza para cuestionar las cosas tal y como son aceptadas socialmente. En este sentido, Anonymous es comparable a las caricaturas o a las situaciones construidas, encargadas de desviar nuestra atención de la lógica espectacular para tomar un cierto distanciamiento que haga posible una visión crítica de la realidad, pero dentro de la red y con el conocimiento libre como finalidad.

Sobre el concepto del conocimiento libre en Anonymous pueden hacerse diversas críticas, y de hecho se ha puesto en entredicho la defensa que hacen del mismo al utilizar métodos como las denegaciones de servicio, consideradas por muchos una medida que coarta la libertad. Sin entrar en valoraciones de este tipo, es esta defensa del conocimiento libre que propugna lo que lo asemeja a WikiLeaks, y lo que ha hecho que sus acciones confluyan en distintos momentos a lo largo del tiempo. Lo que diferencia a Anonymous de WikiLeaks es que no sigue unas pautas socialmente establecidas y que lleva a cabo acciones fuera del marco de la ley, e incluso en muchas ocasiones reprobables para la opinión pública, siempre al margen de las instituciones y los diferentes medios que suelen representarnos en la esfera pública central, con los que WikiLeaks ha trabajado mano a mano. Anonymous tiene además un conjunto de valores, aunque muy básicos, que son los que hacen que diferentes personas actúen bajo su seudónimo, donde interactúan y coordinan sus movimientos, con lo que podríamos hablar de una esfera pública periférica. Esta se caracteriza por un modelo horizontal e intermitente donde las diferencias son manifiestas y los debates no se mantienen necesariamente bajo la racionalidad y el consenso, lo que da lugar a operaciones7 tan dispares como llenar de porno YouTube o traducir los documentos expuestos por WikiLeaks. A pesar de no tener una representación en la esfera pública central o no utilizar los cauces establecidos para actuar en ella, incide en ella e interacciona de esta manera con lo que está establecido socialmente. Es un ejemplo de los muchos que se pueden poner de acciones que tienen lugar al margen de las organizaciones, y que influyen en ellas llegando incluso a modificarlas. No solamente son capaces de interceder en la esfera pública central sin intermediarios, sino que incluso los mismos intermediarios tienen que echar mano en diversas ocasiones de estas esferas públicas periféricas para entrar al debate de la esfera pública central, marcado de antemano por la periferia y que hoy tiene una mayor visibilidad gracias al desarrollo de internet y las nuevas tecnologías como veíamos antes con el caso del movimiento de Stop Desahucios. Es también el caso de las colaboraciones puntuales entre Anonymous y WikiLeaks.

Además de la ayuda de cualquier tipo que pueda haberse prestado a WikiLeaks para hacer frente al bloqueo económico o la criminalización a la que se ha visto sometida en más de una ocasión, y que sin duda ha ayudado a mantenerla en pie, hay que tener en cuenta el valor de las filtraciones y lo que esto supone: si no hay informantes, no hay WikiLeaks. WikiLeaks no podría existir si estos informantes no fuesen en cierto modo ajenos, informantes anónimos que le hacen llegar sus filtraciones sin que sea la propia organización la que tiene que cometer la ilegalidad de sustraer la información. Con esto no quiero decir que las filtraciones de WikiLeaks sean fruto de Anonymous, porque no siempre ha sido así, como ocurre con Chelsea Manning, quien filtró los diarios de guerra y Cablegate y quien permanece hoy en la cárcel, pero sí algunas de ellas, y sirve de ejemplo de cómo las propias instituciones pueden llegar a necesitar de estas esferas públicas periféricas para interceder en la esfera pública central en algunos casos. Mientras el periodismo saca grandes beneficios y recibe importantes premios por hacerse eco de unas filtraciones que modifican la forma en que entendemos el mundo, todo un mundo que hace eso posible permanece trabajando en la sombra.

3. Del espectáculo al juego

Antes mencionábamos, siguiendo el análisis de Coleman, que con la digitalización de la esfera pública tiene lugar un salto que va del espectáculo al juego. Mientras que en el espectáculo hay unas pocas personas que llevan a cabo una representación que otros observan de forma pasiva, en el juego todos los participantes desempeñan un papel y todas sus acciones son tenidas en cuenta. A lo que Coleman hace referencia con esto es al paso del papel pasivo que como ciudadanos de a pie hemos mantenido hasta este momento en la esfera pública, donde sólo hemos podido incidir a través de organizaciones y donde la mayor parte del tiempo hemos permanecido como meros espectadores, a un papel activo que podemos llegar a desempeñar con su digitalización.

Guy Debord desarrolló en su obra La sociedad del espectáculo una tesis según la que nuestras relaciones, tanto con las personas que nos rodean como con el mundo en el que nos desenvolvemos, estarían mediatizadas por imágenes8 hasta tal punto que nuestra propia vida habría pasado a consistir en una contemplación que deja de lado cualquier acción9. Este tipo de sociedad no se caracteriza porque haya un gran número de imágenes, que pueden haber sido facilitadas en parte por la reproductibilidad técnica, sino por haberse establecido una imagen del mundo, una forma de entenderlo que pasa necesariamente por estas interpretaciones. Esto se relaciona con el concepto de espectáculo que maneja Coleman, donde no hay una interacción real de todos los actores en la esfera pública sino una representación a la que nosotros acudimos pasivamente y que es la que se instala en la opinión pública a través de la que se mediatizan nuestras interacciones sociales. Dice Debord: «[El espectáculo] es lo contrario del diálogo. El espectáculo se constituye allí donde hay representación independiente»10. Si entendemos que en la esfera pública tiene lugar una representación, entonces es que en ella no tiene lugar el diálogo – que es una conversación entre dos o más personas–, por lo que no podemos hablar realmente de esfera pública. Con su digitalización, sin embargo, sí que pueden establecerse determinados diálogos, lo que tampoco quiere decir que se establezcan. Podemos hablar de un reforzamiento de la esfera pública –no podemos hablar de un resurgimiento porque no hemos tenido una esfera pública como tal– en tanto que los medios dejan de estar monopolizados para pasar a estar colectivizados en cierto grado, aunque se sigan manteniendo presiones externas que limitan nuestras libres interacciones:

El espectáculo es el discurso ininterrumpido que el orden actual mantiene sobre sí mismo, su monólogo autoelogioso. Es el autorretrato del poder en la época de su gestión totalitaria de las condiciones de existencia. […] Si bien el espectáculo, considerado bajo el aspecto de los “medios de comunicacón de masas” que son su manifestación superficial más abrumadora, puede dar la impresión de invadir la sociedad a modo de un nuevo instrumental, no hay en él nada de neutral, se trata del instrumental que conviene a su entero automovimiento. Si las técnicas no pueden alcanzar su satisfacción de no ser por la mediación de tales instrumentos, si la administración de esta sociedad, así como todo contacto entre los hombres, no pueden llegar a ejercerse más que aceptando como intermediario a este poder de comunicación instantánea, ello es debido a que esta “comunicación” es esencialmente unilateral; de modo que su concentración contribuye a centralizar en las manos de la administración del sistema los medios que le permiten perpetuar justamente esa administración11.

Lo que viene a decir Debord con esto es que el espectáculo es un discurso autorreferencial y unidireccional a través del que hace publicidad de sí mismo. El espectáculo se entiende como una forma de estatismo que beneficia a un poder determinado manteniéndolo en una posición privilegiada, algo que logra haciendo que su discurso cristalice en cada una de las interacciones que llevamos a cabo con quienes nos rodean, algo que no hace sino reforzarlo y volverlo absolutista, cristalizando a su vez en nuestras prácticas y la forma en que entendemos el mundo.

Para Debord, el espectáculo se manifiesta a través de los grandes medios de comunicación, que le sirven de herramienta para difundir su mensaje e impregnar con él la totalidad de nuestras prácticas, influenciadas por la opinión pública que generan. Como instrumento del poder, considera que no podemos hablar de neutralidad: son un medio que se utiliza para lograr unos determinados fines, lo que tiene una clara intención: establecerse y reforzarse continuamente. Y si las técnicas no pueden desarrollar todas sus posibilidades, y la gerencia de una determinada comunidad y el mismo trato dentro de ella no pueden desempeñarse sin su mediación, es porque ejercen un discurso unidireccional donde todo el poder queda concentrado en quienes los dirigen, lo que a su vez les permite perpetuarse en esa posición privilegiada.

Con todo esto, se entiende que el espectáculo es una representación en la que nos vemos involucrados sin jugar ningún papel, una función a la que asistimos de forma pasiva y que impregna todas nuestras interacciones, tanto con las que personas que nos rodean como con el mundo en el que nos desenvolvemos. Es un discurso que se traslada a nuestro modo de comprender el mundo porque está establecido sin que nosotros podamos interferir en él por su naturaleza unilateral. Se refuerza mediante el uso de los medios de comunicación de los que tiene el control, y que utiliza para repetir una y otra vez su mensaje hasta tal punto que lo asimilamos como si fuese real, en lugar de actuar por nosotros mismos, viviendo y construyendo nuestra propia realidad. Nos limita a ser meros espectadores en lugar de permitirnos jugar nuestro propio papel.

Esto es lo que Coleman refleja con la esfera pública tradicional, donde efectivamente no podemos interactuar si no es a través de algún intermediario, una intermediación que suele estar en manos de los medios de comunicación de masas que sirven a unos intereses –los de sus accionistas–, y que tienen una gran incidencia en la opinión pública. Esto se debe en gran parte al carácter mayoritariamente unidireccional de estos medios, de quienes recibimos el mensaje pero como espectadores, de manera pasiva y sin poder replicar, asimilando su mensaje de forma llana y sin otras opiniones que erosionen su mensaje. Es muy complicado hablar de esfera pública en este sentido y por eso se hace referencia siempre a una situación ideal; realmente no ha existido esa esfera pública central, a nivel de sociedad, porque nunca hemos podido influir de forma directa a ella ni construirla mediante una interacción libre sobre los asuntos comunes que nos ocupan a todos. Con la digitalización de la esfera pública esto cambia en cierto sentido: se abren nuevas vías que abren espacios en los que poder interactuar libremente, y que además posibilitan una acción directa sobre la opinión pública. Esto no quiere decir que ocurra en la práctica: internet sirve como herramienta pero los problemas que podíamos encontrar antes en relación a presiones externas o límites de acceso, etc., siguen estando ahí como veíamos anteriormente. La diferencia es que podemos ganar autonomía al poder jugar un papel, que aunque no llegue a influir directamente en la esfera pública, puede llegar a hacerlo y, de cualquier modo, supera nuestra naturaleza de espectadores pasivos. El juego acaba con la representación.

4. Hacia un «periodismo hacker»

Teniendo en cuenta los puntos anteriores me gustaría que hiciésemos una aproximación a una de estas nuevas posibilidades que se nos abren en el horizonte de la digitalización: la de un periodismo al margen de su institucionalización.

En el ciberespacio hay una figura muy característica que aúna conocimiento tecnológico y activismo –un alto sentido de la responsabilidad para con su entorno–, ambos indispensables ambos para tener el control en el devenir de internet y dejar de ser meros espectadores del mismo, que es la del hacker. El hacker es un ser curioso que se atreve a alterar los códigos para experimentar nuevas posibilidades sin conformarse con lo que está predeterminado, entendiéndose por códigos cualquier tipo de estructura dada

Como hemos ido viendo, con el desarrollo de internet surgen nuevas posibilidades relacionadas con la digitalización de la esfera pública, y con el conocimiento suficiente pueden explotarse dando con nuevas formas de entender el periodismo. Para Debord, el espectáculo se manifiesta a través de los medios de comunicación de masas – las noticias son siempre una versión editada, una representación de la realidad–, pero con Cablegate nos encontraríamos ante nuevos retos con la fuente primaria liberada en forma de base de datos. En este sentido, el «periodismo hacker» surgiría como una forma de contrapoder donde los periodistas tradicionales o expertos han fracasado.

Durante los últimos años, y en gran medida gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías, han surgido nuevas formas de entender el mundo e interactuar con él que han ido relegando el papel del periodista clásico. Por otra parte, el modelo capitalista que ha seguido el periodismo de masas le ha ido apartando de sus principales funciones, decantándose cada vez más por la rentabilidad, sujeta a unos determinados intereses, y menos por la calidad o profundidad de sus investigaciones. Mientras que a través de nuevos espacios de expresión, como pueden ser otros medios alternativos o los blogs, los ciudadanos han encontrado nuevas vías para informarse y poder expresarse, y se ha abierto con ello un nuevo abanico de posibilidades, los grandes medios han dejado de provocar disensos y generar debates. Han abandonado su posición como contrapoder y han pasado a formar parte constitutiva del poder. Poco a poco, la confianza ciudadana en los medios de comunicación ha ido decreciendo, a la par que la conciencia de una alternativa real se ha ido experimentando y de este modo fortaleciendo. Hemos pasado de infiltrarnos en los grandes medios de comunicación para poder acceder a la esfera pública mediante su representación, a construir una nueva que nos es propia.

El papel del experto está basado en la confianza, y en la medida en que la pierde, toda su figura deja de tener sentido. El experto funciona como una autoridad en la materia, y responde a unos determinados intereses: trabaja para grandes corporaciones en el ámbito de la ciencia, que son a su vez la máxima autoridad en su ámbito, y opera de este modo bajo una determinada ideología que se establece como única. Aunque es cierto que dentro del propio terreno de los expertos existen voces discordantes que invitan al debate y que han ayudado al desarrollo, lo cierto es que son una minoría: hay una forma de entender el mundo que ha sido establecida y que aunque parta de evidencias, está mezclada con juicios sociales y políticos. Con el periodismo ocurre lo mismo: se hace una diferenciación entre los periodistas de profesión, que generalmente trabajan para los grandes medios de comunicación, y los periodistas independientes, y quienes ocupan la esfera pública son primeros. Y cuando el trabajo de un científico, aunque sea en el ámbito del periodismo, está basado en unos intereses económicos, todo su desarrollo tiene lugar en torno a la ideología que caracterice esos intereses. Numerosos temas no ven la luz en los medios de comunicación porque no interesan a las corporaciones que los sustentan. Precisamente por este motivo se está perdiendo hoy la confianza en el papel del experto, y con él la confianza en el periodismo profesional, entendiendo por este el correspondiente a los medios tradicionales. También son los nuevos usos surgidos a raíz del desarrollo de las nuevas tecnologías los que, como decía, están mostrando no solamente que existe una alternativa, sino que esta alternativa puede llegar a ser válida por sí misma y prescindir del dominio de la opinión pública establecida, propiciando la creación de otras esferas públicas que probablemente no puedan convertirse en la central, pero sí incidir en ella desde su periferia.

Que hoy hay un periodismo popular que contamina el periodismo profesional es un hecho. Las historias que se narran a través de Twitter o mediante streamings cuando tiene lugar un desahucio o una manifestación, acaban penetrando en numerosas ocasiones en las tertulias de la radio o la televisión, y lo que se comenta en foros y redes sociales marca muchas veces el guión de las noticias no sólo digitales sino también escritas. Este periodismo genera mucha más información al contemplar un número mucho mayor de historias e intereses. Esto no quiere decir que la figura del profesional carezca de sentido, pero como apuntan en The Received Wisdom, nuevas perspectivas son esenciales para que pueda tener lugar una evolución, y cuando más diversa sea la gente que las proponga, mayor podrá llegar a ser ese avance12, que no necesariamente crecerá hacia delante sino que lo hará también hacia los lados, ampliando terrenos ya descubiertos y dotándolos de nuevos puntos de vista. WikiLeaks ha trabajado con los expertos, ha pactado con cinco de los grandes medios de comunicación más importantes, pero lo que pretende Assange y lo que hace con la filtración de Cablegate es no agotar ahí sus posibilidades. Lo que hace es volver el paradigma más complejo al hacerlo inclusivo y no exclusivo, al ofrecer los datos en bruto en abierto para que del mismo modo puedan ser procesados y poder sacar de esta manera distintos puntos de vista. La evidencia por sí sola puede no ser suficiente, puede ser malinterpretada, utilizarse de forma sesgada, pero si su acceso es público pueden generarse distintas perspectivas que permanezcan en constante debate cuestionando cualquier verdad que pretenda erigirse. Aunque unos y otros responderán a sus intereses y harán primar su concepción ideológica de un modo más o menos explícito, el acceso abierto permite que esas diferencias se encuentren, erosionando de esta manera una única interpretación que, viniendo de los medios tradicionales, puede ser especialmente sesgada al responder a los intereses económicos de sus accionistas. Puede funcionar como una continua autocorrección.

Es cierto que con el desarrollo de internet y las nuevas tecnologías, las esferas públicas periféricas han ganado facilidades para interceder en la esfera pública central sin necesidad de una organización que les represente en ese ámbito, y que en este sentido podríamos estar hablando de una mayor autonomía. Las personas que han llenado páginas de prensa digital, a raíz de un ataque de denegación de servicio o de una filtración a través de la red utilizando el seudónimo de Anonymous, por los numerosos comentarios que ha generado en diferentes lugares del ciberespacio al respecto, como puede ocurrir con alguien que comenta la vivencia en primera persona de un suceso, en principio sin importancia, a través de Twitter y que acaba convirtiéndose en trending topic y pasando luego a portada de los grandes medios de comunicación, podrían ser un ejemplo de esto. Aquí son los propios individuos o grupos de personas los que, haciendo uso de unas determinadas herramientas, consiguen penetrar directamente en la opinión pública, lo que en ocasiones conlleva introducir el tema en la esfera pública central donde pasa a interaccionarse sobre el mismo.

La libertad total es un concepto ideal, pero podemos acercarnos más o menos a esa libertad, y de este modo ganar o no más autonomía. Con la publicación de los datos en bruto de Cablegate podemos efectivamente trabajar por nosotros mismos una información que de otro modo nos llega censurada o manipulada, es un ejemplo de las posibilidades que se abren ante nosotros con el desarrollo de las nuevas tecnologías, muchas de ellas todavía por explorar. Tenemos mecanismos que nos permiten jugar un papel que antes sólo podíamos observar, convirtiéndonos en protagonistas y sacándonos del rol de espectadores. Tenemos la posibilidad de procesar la información por nosotros mismos, con nuestras propias manos, y sacar unas conclusiones propias a partir de ello. Pero para poder acceder a los datos en bruto de Cablegate, y sobre todo, para poder procesarlos a nuestra manera y no en función de un diseño predeterminado, es necesario que tengamos unos mínimos conocimientos tecnológicos. Cada día que pasa utilizamos más las nuevas tecnologías que tenemos a nuestra disposición, y o tenemos conocimiento de su funcionamiento para que nos sea útil a nuestros fines, o responderá a los fines de quienes las controlen: he aquí la importancia de la figura del hacker. Julian Assange termina la conversación entre sus compañeros cypherpunks afirmando:

De modo que creo que las únicas personas capaces de conservar la libertad que teníamos, digamos, hace veinte años –pues la vigilancia ya ha eliminado unas cuantas, aunque todavía no nos hayamos enterado–, son aquellas que posean una gran formación en los entresijos de este sistema. Sólo una élite rebelde y altamente tecnificada podrá ser libre, estas ratas listas que corretean por el teatro de la ópera13.

1PAPACHARISSI, Z. The Virtual Sphere 2.0: The Internet, the Public Sphere and beyond en Chadwick, A. y Howard, P. (Eds.) Handbook of Internet Politics, 2009, pp. 8 – 11.

2Íbid., pp. 2 – 3.

3WINNER, L. The whale and the reactor: a search for limits in age of high technology. Chicago, University of Chicago Press, 1986, pp. 19 – 39.

4COLEMAN, G. Anonymous and the Politics of Leaking. In Beyond WikiLeaks: Implications for the Future of Communications, Journalism & Society. Brevini, B., Hintz, A., and McCurdy, P., eds., Basingstoke, UK: Palgrave Macmillan, 2013, p. 209.

5Perversión de la expresión LOL, “reírse en voz alta” en inglés (“Lots of Laughs”).

6KRIKORIAN, G. Access to Knowledge: Access to Knowledge as a Field of Activism. Zone Books, New York, 2010, p. 69.

7Nombre que suelen dar a las distintas acciones que llevan a cabo como guiño a procedimiento policial.

8DEBORD, G. La sociedad del espectáculo. Pre-Textos, Valencia, 2010, p. 38, § 4.

9Íbid., p. 40, § 8.

10Íbid., p. 43, § 18.

11Íbid., pp. 45 – 46, §24.

12STILGOE, J; IRWIN, J; JONES, K. The Received Wisdom. Opening up expert advice, London: Demos, 2006, p. 21.

13ASSANGE, J; APPELBAUM, J; MÜLLER-MAGUHN, A; ZIMMERMANN, J. Chypherpunks. Deusto, Barcelona, 2013, p. 168.

Cablegate: hacia un «periodismo hacker»

Julian Assange comenzó el proyecto de WikiLeaks como un prototipo. Partía de la idea de filtrar la información privada que dota de poder a quienes nos gobiernan de una forma segura para no comprometer con ello la seguridad de los más débiles. Esto lo ideó en armonía con su forma de entender el mundo que había desarrollado como cypherpunk, como activista que utiliza la criptografía como medio para lograr un cambio político y social. Desde un primer momento, sabía qué era lo que quería, pero el modo de hacerlo posible era algo que todavía estaba, y sigue hoy estando, pendiente de ensayos y errores.

Comenzó probando con un formato wiki mediante el que se establecía un espacio abierto para que cualquier persona con acceso a internet y unos mínimos conocimientos informáticos pudiera analizar, borrar los metadatos y contrastar los archivos recibidos y a los que normalmente no tenemos acceso a través de un buzón anónimo, para ir de este modo recopilando la información y ponerla a disposición del público sin vulnerar la seguridad de los informantes. Sin embargo, consideró que este formato no resultaba del todo útil o interesante al ver que las colaboraciones eran escasas. Entonces estableció un modo de proceder en el que la fecha de publicación quedaba fijada desde la recepción de los documentos, marcando un espacio de tiempo determinado para su procesamiento –ahora privado– por parte de los colaboradores de WikiLeaks, previamente asignados por él. También probó con publicaciones simultáneas entre la propia web y distintos medios de comunicación1. Lo que quedó establecido y sobre lo que Assange no tenía ninguna duda, era de que WikiLeaks sería en todo momento una actividad editorial o periodística con la protección que le corresponde. Fue un paso más allá, y pactó una alianza única con cinco de los más grandes medios de comunicación.

La gran alianza y la filtración de Cablegate

A finales de 2010, WikiLeaks empezó a publicar los diarios de guerra de Afganistán e Irak junto con otros medios de comunicación. Estos documentos los habían recibido junto con otros correspondientes a numerosas embajadas estadounidenses alrededor del mundo entero, mediáticamente conocidos como Cablegate, y juntos conformaban un conjunto de especial volumen y relevancia. El procesamiento de toda aquella información no era una tarea abarcable para el reducido número de colaboradores que tenían entonces WikiLeaks, y su impacto dependía en gran medida de la forma en que se presentasen. Esto llevó a Julian Assange a un pacto con tres de los grandes medios de información más reconocidos del mundo entero, en junio de aquel mismo año: The New York TimesThe Guardian Der Spiegel. Aunque WikiLeaks ya había colaborado en otras ocasiones con medios tradicionales para publicar algunos de sus documentos, aquella era la primera vez que se hacía de forma cooperativa. Fue Assange, la figura de un reconocido hacker, el que consiguió lo que los propios medios de comunicación nunca habían logrado: establecer una base de apoyo mutuo entre ellos para publicar. Y no para publicar cualquier tipo de noticias, sino exclusivas de carácter transnacional al mismo tiempo. Puso de manifiesto que la competitividad como método de trabajo, frente a la posibilidad de colaboración que se abre hoy con el desarrollo de las nuevas tecnologías, ha quedado caduca, recordando que la supervivencia depende principalmente de la capacidad de adaptación al cambio. Con este pacto también evitaban posibles medidas cautelares de embargo, algo a lo que cualquier publicación particular se puede enfrentar al tratar un tema delicado, pero que pierde todo su sentido cuando son varias, y de diversos países, las que se hacen eco de una misma noticia. De este modo también se amplía la repercusión al cubrir un mayor número de lenguas, que en este caso incluía el inglés y el alemán, y posteriormente también el francés y el español con la incorporación de Le Monde El País. También el hecho de salir en distintos países y en la red al mismo tiempo ampliaba el nivel de impacto.

Los documentos sobre la guerra de Afganistán comenzaron a publicarse el 25 de julio de 2010 y los de la guerra de Irak el 22 de octubre de aquel mismo año. Assange quería lograr aún más difusión para la publicación de los documentos diplomáticos, y el 1 de noviembre añadió al pacto a Le Monde y El País, aunque no sin algunas reticencias por parte de sus primeros medios colaboradores: a pesar de que el éxito de las publicaciones de los diarios de guerra era manifiesto, y con ello también el de este nuevo modelo de periodismo, The New York TimesThe Guardian y Der Spiegel querían mantener la exclusiva.

Las filtraciones las habían recibido sin ningún coste y estaban generando sendos beneficios, beneficios que podían verse incrementados a través de la colaboración: de esta forma es más fácil avanzar en el análisis de la información recibida y cubrir un mayor espectro de lectores. Podían convertir los documentos diplomáticos en un tema de interés general haciendo que penetrasen con mayor fuerza en la esfera pública, algo difícil de conseguir si la información se restringe a los lectores de unos medios, lenguas y países determinados. Sin embargo, no conseguían alcanzar ningún acuerdo sobre el modo de proceder. Para los grandes medios de información, Assange nunca fue un periodista, ni WikiLeaks una agencia de noticias. Tomaron la información que Assange les había dado pero no compartieron los beneficios que con ella generaron, ni tampoco dedicaron unas líneas de sus ediciones a agradecerle su trabajo.

Además de esto, y a pesar de la cantidad de periodistas que estaban trabajando de forma más o menos coordinada en el análisis de la información, esta salía a cuentagotas. En febrero de 2011 sólo unos 3.900 documentos habían visto la luz, rondando los 20.000 en agosto de aquel mismo año, de un total de 251.287. Assange se vio sometido a una criminalización por parte de los Estados Unidos a la que ayudaron a coger fuerza. No le ayudaron cuando la web de WikiLeaks fue el blanco de diversos ataques informáticos o Amazon lo eliminó de sus servidores eliminando la dirección de wikileaks.org. No denunciaron el bloqueo que tanto la Biblioteca del Congreso, como el Departamento de Comercio o el Ejército de Estados Unidos hicieron al material de WikiLeaks a través de sus redes, ni añadieron un botón de donaciones –su única vía de ingresos– desde sus portales web cuando Assange se lo pidió, y VISA, MasterCard, PayPal y Bank of America le denegaron sus servicios financieros. A todo esto, hay que sumarle el chivatazo que su ex-colaborador Domscheit-Berg hizo de la ubicación de Cablegate a Der Freitag: aunque se encontraban en un archivo encriptado, podía hallarse la clave en un libro recientemente publicado. David Leigh y Luke Harding, dos periodistas de The Guardian con el que WikiLeaks estaba colaborando, acababan de escribir WikiLeaks y Assange, una obra muy crítica donde aparecía, entre otras cosas, la clave del archivo encriptado. Esto hizo que Assange acabase de perder el control sobre aquella filtración, lo que finalmente le llevó a la publicación íntegra de la base de datos de los documentos de las embajadas.

Cablegate es una filtración conformada por 251.287 documentos de embajadas estadounidenses alrededor del mundo entero, que van desde el 28 de diciembre de 1966 hasta el 28 de febrero de 2010, y que es mayor que la de los diarios de guerra de Afganistán e Irak. El 31 de agosto de 2011, 10 meses después de que saliese la primera noticia sobre el tema en los grandes medios de comunicación2, esta base de datos fue comprimida en un torrent de descarga directa que toda persona con acceso a internet puede descargar. Aunque WikiLeaks ha ofrecido siempre su información en bruto independientemente de que esta haya sido procesada y publicada en su forma editada –junto a las noticias basadas en documentos liberados, ofrece los propios documentos de forma que cada persona pueda, si quiere, acceder a la fuente primaria–, no es lo mismo tener acceso a todos los documentos que solamente a los que han sido previamente publicados por la prensa. Tampoco es lo mismo poder acceder a ellos desde nuestro propio ordenador que desde la nube, donde hay unos parámetros de búsqueda preestablecidos. Al poder almacenarlos en nuestra computadora, podemos procesarlos libremente, sin las restricciones que inevitablemente encontramos al trabajar con una información que se encuentra en la nube. Con unos mínimos conocimientos tecnológicos, podemos ser nosotros los que establezcamos los criterios de búsqueda, pudiendo partir de este modo de una base mucho más neutral que si tenemos que adaptarnos a unas estructuras predeterminadas. Las noticias son siempre en estos casos una versión editada de la información que contienen las filtraciones en bruto, y a menos que se acuda a la fuente primaria, una determinada imagen acaba preestableciéndose, una representación. Sin embargo, con el acceso a la base de datos esto no tiene porqué ser necesariamente de esta forma: se abre una vía al empoderamiento. Pero antes de analizar esta nuevas posibilidades, tenemos que comprender las tecnologías que las hacen factibles, y ser conscientes también de sus limitaciones.

El entorno red: ¿podemos hablar de una esfera pública digital?

Para Julian Assange WikiLeaks juega, o debería jugar, un papel relevante en la consecución de una mayor calidad democrática. Sitúa el acceso a la información en la base de la democracia en tanto que sistema político basado en la participación ciudadana. Desde su punto de vista, la opacidad de los gobiernos y de las instituciones, del mismo modo que la falta de privacidad de los individuos, imposibilita el desarrollo de los humanos como seres libres y autónomos. Entiende que la transparencia, aplicada a los poderosos, genera una sociedad mejor para todo el mundo reduciendo la corrupción y fortaleciendo las instituciones democráticas, incluyendo los gobiernos, las empresas y otras organizaciones, y un periodismo saludable, dinámico e inquisitivo puede jugar un rol relevante en la consecución de estos objetivos. Para que todo el mundo pueda participar en un asunto político es necesario que todo el mundo sepa en qué consiste, que los datos sean libres, y por tanto, todo el mundo tenga acceso a ellos. Con WikiLeaks, lo que pretende es hacer pública esa información a la que no tenemos acceso para, por un lado, vigilar las acciones de quienes nos gobiernan para que, por otro, podamos dejar de ser gobernados y recuperemos el control de nuestra autonomía. Lo primero que hay que tener en cuenta en este sentido, es que WikiLeaks funciona principalmente a través de internet.

Muchas personas consideran que con el desarrollo de internet ha resurgido la esfera pública, un ámbito en nuestra vida social donde puede llegar a formarse y a transformarse libremente una opinión pública nutrida de intereses de todo tipo a través de la libre interacción. Pero un espacio público, como puede llegar a ser (y no necesariamente es) internet, no implica que se establezca una esfera pública donde el ciudadano pueda acceder al diálogo sobre las cuestiones que afectan a la comunidad e intervenir.

Según la noción clásica de Habermas, la esfera pública es un espacio ideal y metafóricamente accesible para todos los ciudadanos donde se interactúa libremente sobre los asuntos públicos de la sociedad a través de un proceso discursivo y racional, llegándose a alcanzar consensos que engloban los intereses colectivos de la misma. Es el único lugar verdaderamente democrático en la medida en que son las propias personas, sin representantes, las que construyen la democracia a través de sus discursos. Sin embargo, esta noción presenta numerosos problemas: por un lado, es muy difícil establecer un espacio libre de presiones externas (como la influencia del Estado y de los mercados), y por otro, sus condiciones técnicas son, y han sido, cuestionadas. No hay que olvidar que estamos hablando de un espacio ideal, pero cuando se habla de un posible surgimiento o resurgimiento de la misma con el desarrollo de internet, es necesario plantear los problemas que esta noción presenta.

En primer lugar, un acceso libre real es algo imposible, ya que siempre están presentes determinados impedimentos como puede ser el machismo en un ámbito cultural concreto. Nunca estamos en igualdad de condiciones, ni siquiera en internet donde podemos hacer uso del anonimato para reinventarnos: para acceder necesitamos de una infraestructura, para lo que podemos encontrarnos tanto ante problemas económicos como materiales, y también unos mínimos conocimientos. No hay que olvidar que no todo el mundo tiene acceso a internet, ni siquiera en una localidad determinada.

En segundo lugar, la racionalidad no tiene por qué ser ni deseable, ni suficiente, y muchas veces puede ser un inconveniente al resultar demasiado rígida y dejar numerosas cuestiones no menos importantes fuera. Se argumenta su necesidad como medio de alcanzar el consenso, pero este también tiene sus detractores por dejar de lado los intereses individuales y generar minorías que quedan relegadas a la periferia. En este aspecto, internet no sigue los parámetros de la esfera pública ideal ya que da cabida a todo tipo de opiniones, pero tiende a la homogeneización. Aunque cualquiera puede acceder a un espacio donde decir lo que piensa, la visibilidad nunca es la misma. Por otro lado, el disenso puede ser mucho más enriquecedor que el consenso al replantear una y otra vez la opinión pública que se vaya tejiendo, impidiendo de esta forma que exista una tendencia a la domesticación de la esfera pública, al dominio de una opinión general.

En tercer y último lugar, hay que tener en cuenta que internet no es independiente de nuestra realidad física. Como cualquier otra tecnología, es un reflejo de nuestra realidad política y social, y no resulta ni inherentemente buena, como unos se afanan por afirmar, ni mala, como otros se apresuran a replicar, de la misma manera que no puede permanecer neutra. Es una herramienta y puede ser utilizada para unos y otros fines en función de los usos que le demos3. Además, como cualquier otro instrumento, tiene una estructura que la determina, por lo que sus distintas posibilidades dependen en gran parte de su diseño4, que en la mayor parte de los casos nos viene dado escapando de este modo a nuestro control.

¿Podemos entonces hablar de una esfera pública digital en la que podamos empoderarnos? Antes de responder a esta pregunta, es necesario prestar atención a otro elemento clave en WikiLeaks y esencial para comprender el concepto que tiene Julian Assange de internet: la criptografía.

Transparencia para el poderoso, privacidad para el débil

Assange entiende la falta de acceso a la información como un medio de dominación. El secreto, lo que está oculto, aquello a lo que no podemos acceder, tiene un control sobre nosotros en la medida en que escapa a nuestro conocimiento, de forma que nos mantiene al margen de sus procesos sin ninguna posibilidad de intervenir en ellos, ni de empoderarnos en este sentido. Sólo aquellos ante quienes lo oculto es desvelado pueden jugar un papel en su desarrollo. Como apunta Jorge Lozano en su entrevista para eldiario.es, el problema clave al hablar de WikiLeaks no es tanto el descubrimiento de una información como el acceso a un lugar restringido, sagrado. Aunque a menudo se la ha descrito como una organización dedicada a exponer secretos, probablemente por el interés sensacionalista que despiertan en nosotros, lo cierto es que su finalidad se centra en el acceso a la información. En muchas ocasiones las filtraciones no nos han contado nada nuevo, y muchas de las veces que lo han hecho ha sido para corroborar algo que ya sospechábamos. Aquí entra en juego un elemento clave en WikiLeaks: la criptografía. La criptografía aplicada a nuestras prácticas nos dota de autonomía frenando el dominio que sobre ellas puedan ejercer fuerzas externas. De aquí radica el sentido de la famosa expresión de Julian Assange: «privacidad para el débil, transparencia para el poderoso».

La criptografía sirve para brindar privacidad a las personas, impidiendo de este modo que ningún gobierno pueda inmiscuirse en los asuntos privados y dotándolas así de independencia y libertad sobre sus acciones. La transparencia, en cambio, aplicada a gobiernos e instituciones, impide que en ellos se concentre y limite su poder, evitando que nada quede oculto y de este modo fuera del control ciudadano. Con WikiLeaks Assange quiere cambiar las reglas, quiere modificar ese diseño de internet donde los estados y los mercados marcan las pautas a través de unos diseños privativos sobre los que no tenemos control, y considera que esto se logra situando el acceso al conocimiento en la base. Esto ha sido factible, precisamente, gracias a las posibilidades que nos han brindado determinados desarrollos tecnológicos, pero utilizados con conocimiento y con unos objetivos marcados, con una responsabilidad que solemos omitir y a la que personas como Julian Assange dan una gran relevancia: «Internet, nuestra mayor herramienta de emancipación, se ha transformado en la facilitadora más peligrosa del totalitarismo jamás vista»5.

Hoy el control viene ya integrado en los dispositivos que son cada vez más herméticos, impidiendo de este modo que podamos comprenderlos. Cada día es más complicado abrir un teléfono y entender su arquitectura, del mismo modo que cada día es más difícil cambiar los faros del coche sin pasar por el mecánico por su propia estructura. Si no conocemos las herramientas que estamos manejando, no podemos gobernarlas y somos nosotros los que pasamos a ser gobernados por ellas. La falta de acceso al conocimiento se convierte de este modo en un medio de dominación, algo que está muy relacionado con el trabajo que lleva a cabo con WikiLeaks.

Como Lawrence Lessig escribió ya en su obra El código (2009), este tiene una función reguladora que permite o impide (según sea) realizar determinado tipo de acciones. Se ve muy bien en el ejemplo que utiliza sobre la regulación de volar sobre una propiedad privada en Second Life frente al espacio físico:

Fijémonos, no obstante, en la importante diferencia existente entre una y otra regulación. En el espacio real la ley establece penas por violar la regla de “alto/bajo”; en Second Life, simplemente no se puede violar la regla de los 15 metros. La regla forma parte del código y éste controla cómo somos en Second Life. No tenemos la opción de desobedecer la regla, al igual que no la tenemos de desobedecer la ley de la gravedad6.

En este caso, el código se convierte en ley impidiendo una determinada acción. De este mismo modo, el diseño de un software determina los usos que de ella se pueden hacer. Es precisamente en este sentido en el que la criptografía puede servir como herramienta contra cualquier fuerza coercitiva que nos quieran aplicar. Y si se utilizase para crear las leyes de internet, todavía en construcción, podría garantizar, según Assange, su independencia y con ella las que considera que son las cuatro libertades básicas: la libertad de movimiento, de pensamiento, de comunicación y de interacción económica, hoy todas ellas vulneradas7.

¿Puede establecerse una verdadera esfera pública digital en internet con medios como la criptografía? Lo que conseguimos mediante su uso es limitar el control de los estados y los mercados, pero requiere de un conocimiento tecnológico importante, necesario si queremos hablar de empoderamiento. Por otro lado, el problema del acceso no tiene por qué vencerse de este modo, y el de la racionalidad y el consenso es algo que siempre va a quedar ahí y depende de diversos puntos de vista, aunque con la criptografía sí podría vencerse la homogeneización que actualmente sufre la red. Teniendo todo esto en cuenta, podemos plantearnos si un empoderamiento ciudadano es posible y en qué medida, cuando hablamos de un nuevo periodismo que vamos a llamar «periodismo hacker» siguiendo el concepto que utiliza Víctor Sampedro en El cuarto poder en red8.

Periodismo hacker

El «periodismo hacker» surge como una forma de contrapoder donde los periodistas tradicionales o expertos han fracasado. Como dice Víctor Sampedro en El cuarto poder en red: «demasiados ingresos convierten a un medio de comunicación en un poder en sí mismo, no en contrapoder»9. Durante los últimos años, y en gran medida gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías, han surgido nuevas formas de entender el mundo e interactuar con él que han ido relegando el papel del periodista clásico. Por otra parte, el modelo capitalista que ha seguido el periodismo de masas le ha ido apartando de sus principales funciones, decantándose cada vez más por la rentabilidad, sujeta a unos determinados intereses, y menos por la calidad o profundidad de sus investigaciones. Mientras que a través de nuevos espacios de expresión, como pueden ser otros medios alternativos o los blogs, los ciudadanos han encontrado nuevas vías para informarse y poder expresarse, y se ha abierto con ello un nuevo abanico de posibilidades, los grandes medios han dejado de provocar disensos y generar debates. Han abandonado su posición como contrapoder y han pasado a formar parte constitutiva del poder. Poco a poco, la confianza ciudadana en los medios de comunicación ha ido decreciendo, a la par que la conciencia de una alternativa real se ha ido experimentando y de este modo fortaleciendo. Añade Sampedro: «hackear el periodismo implica abrir nuevas vías de transparencia y participación»10. Hemos pasado de infiltrarnos en los grandes medios de comunicación para poder acceder a la esfera pública mediante su representación, a construir una nueva que nos es propia.

Resulta interesante utilizar el término «hacker» porque hace referencia a un ser curioso que se atreve a alterar los códigos para experimentar nuevas posibilidades sin conformarse con lo que está predeterminado, entendiendo por código cualquier clase de estructura dada. Esto está relacionado con estas nuevas formas de expresión que se abren con el desarrollo de las nuevas tecnologías y especialmente de internet, y también con la figura de Julian Assange, fundamental para entender el papel de WikiLeaks en todo esto. Como explicaba antes, con Cablegate se abre una nueva forma de entender y hacer periodismo al ofrecer las filtraciones en bruto, de forma abierta, para que todo el que quiera (y pueda) acceda a ellas. Se antepone un periodismo de filtraciones al periodismo de datos11, situando el interés de la información en la persona que la filtra y los motivos que le llevan a hacerlo, así como el modo de hacerlo, frente a la cantidad. Se pone el acento en la propia información, en su investigación, y no en los beneficios que puedan sacarse de ella. Se abre una brecha entre el periodismo profesional, que ha empezado a desviar el interés de su lugar natural, y el periodismo amateur.

Un amateur es «alguien que hace lo que hace por amor al arte y no por dinero»12En su figura se difumina la diferencia que suele establecerse entre el espacio del trabajo y el de nuestra casa, dejando esta última de ser un ámbito privado para pasar a ser una frontera que diferencia el trabajo que realizamos para vivir, del trabajo que realizamos por pasión y que compartimos. El amateur, cuando trabaja, lo hace con sus propias manos y porque quiere, porque le gusta, y busca compartirlo para poder seguir disfrutando de lo que hace y los resultados que con ello se generan. El amateur, cuando trabaja, lo hace centrado en lo que está haciendo, sin ocuparse de grandes temas que permanecen más allá del objeto que maneja en ese concreto momento y lugar. Amateurs, igual que expertos, somos todos en algunos ámbitos y en otros no, y los resultados de este trabajo tienen su impacto e influencia como los de cualquier otro.

La figura del amateur ha entrado hoy en la escena del conocimiento como si fuera nueva, pero en realidad siempre ha estado ahí, y este logro ha sido fruto del trabajo que se ha venido haciendo desde los estudios de la ciencia por darles el reconocimiento que tienen en su desarrollo. Cuando hoy hablamos de ciencia, se hace una diferenciación notable entre la figura del experto y el amateur, que es considerado profano. Sin embargo, la figura del experto es relativamente nueva, y a lo largo de la historia ha sido el conocimiento profano el motor del desarrollo científico, de la misma manera que lo sigue siendo hoy en un segundo plano. Pero los trabajos y las aportaciones anónimas siguen siendo hoy una parte fundamental del conocimiento, y de hecho comienzan a vivir un determinado auge al estarse perdiendo la confianza ciudadana en las instituciones. Y con el periodismo pasa lo mismo que con la ciencia en este sentido.

El papel del experto está basado en la confianza, y en la medida en que la pierde, toda su figura deja de tener sentido. El experto funciona como una autoridad en la materia, y responde a unos determinados intereses: trabaja para grandes corporaciones en el ámbito de la ciencia, que son a su vez la máxima autoridad en su ámbito, y opera de este modo bajo una determinada ideología que se establece como única. Aunque es cierto que dentro del propio terreno de los expertos existen voces discordantes que invitan al debate y que han ayudado al desarrollo, lo cierto es que son una minoría: hay una forma de entender el mundo que ha sido establecida y que aunque parta de evidencias, está mezclada con juicios sociales y políticos. Con el periodismo ocurre lo mismo: se hace una diferenciación entre los periodistas de profesión, que generalmente trabajan para los grandes medios de comunicación, y los periodistas independientes, y quienes ocupan la esfera pública son primeros. Y cuando el trabajo de un científico, aunque sea en el ámbito del periodismo, está basado en unos intereses económicos, todo su desarrollo tiene lugar en torno a la ideología que caracteriza esos intereses. Numerosos temas no ven la luz en los medios de comunicación porque no interesan a las corporaciones que los sustentan. Precisamente por este motivo se está perdiendo hoy la confianza en el papel del experto, y con él la confianza en el periodismo profesional, entendiendo por este el correspondiente a los medios tradicionales. También son los nuevos usos surgidos a raíz del desarrollo de las nuevas tecnologías los que, como decía, están mostrando no solamente que existe una alternativa, sino que esta alternativa puede llegar a ser válida por sí misma y prescindir del dominio de la opinión pública establecida, propiciando la creación de otras esferas públicas que probablemente no puedan convertirse en la central, pero sí incidir en ella desde su periferia.

Que hoy hay un periodismo popular que contamina el periodismo profesional es un hecho. Las historias que se narran a través de Twitter o mediante streamings cuando tiene lugar un desahucio o una manifestación, acaban penetrando en numerosas ocasiones en las tertulias de la radio o la televisión, y lo que se comenta en foros y redes sociales marca muchas veces el guión de las noticias no sólo digitales sino también escritas. Este periodismo genera mucha más información al contemplar un número mucho mayor de historias e intereses. Esto no quiere decir que la figura del profesional carezca de sentido, pero como apuntan en The Received Wisdom, nuevas perspectivas son esenciales para que pueda tener lugar una evolución, y cuando más diversa sea la gente que las proponga, mayor podrá llegar a ser ese avance13, que no necesariamente crecerá hacia delante sino que lo hará también hacia los lados, ampliando terrenos ya descubiertos y dotándolos de nuevos puntos de vista. WikiLeaks ha trabajado con los expertos, ha pactado con cinco de los grandes medios de comunicación más importantes, pero lo que pretende Assange y lo que hace con la filtración de Cablegate es no agotar ahí sus posibilidades. Lo que hace es volver el paradigma más complejo al hacerlo inclusivo y no exclusivo, al ofrecer los datos en bruto en abierto para que del mismo modo puedan ser procesados y poder sacar de esta manera distintos puntos de vista. La evidencia por sí sola puede no ser suficiente, puede ser malinterpretada, utilizarse de forma sesgada, pero si su acceso es público pueden generarse distintas perspectivas que permanezcan en constante debate cuestionando cualquier verdad que pretenda erigirse. Aunque unos y otros responderán a sus intereses y harán primar su concepción ideológica de un modo más o menos explícito, el acceso abierto permite que esas diferencias se encuentren, erosionando de esta manera una única interpretación que, viniendo de los medios tradicionales, puede ser especialmente sesgada al responder a los intereses económicos de sus accionistas. Puede funcionar como una continua autocorrección.

El nuevo horizonte que se abre con Cablegate es el de la cultura del DIY enfocada al mundo del periodismo, un reflejo de la rebelión hacia lo que nos viene ya dado a través de los grandes medios de información, una invitación a investigar por nosotros mismos las fuentes y fabricar nuestras noticias haciendo uso de la creatividad y evitando caer en el consumo que alimenta ese periodismo que pretende establecerse como representante de nuestras inquietudes en la formación de una opinión pública que deja al margen gran parte de ellas14. WikiLeaks es en este sentido causa de este empoderamiento que ha facilitado el desarrollo de las nuevas tecnologías mediante las que hemos comprendido que podemos operar sin los expertos, y una vía que pretende fortalecerlo. Y en este sentido, se presenta como una amenaza para los grandes medios de comunicación. Lanzaba Benkler la pregunta sobre por qué se había sometido a WikiLeaks a una dura campaña de desprestigio y criminalización y no a los medios tradicionales, como el New York Times, con los que había pactado y que también publicaban las filtraciones que se suponían causa suficiente de denuncia contra Assange, y quizás sea esta precisamente la respuesta. La editorial de El País del 4 de septiembre de 2011, nada más fue publicada la base de datos de Cablegate, decía así:

El error de Wikileaks no consiste en haber renunciado a servir de fuente a algunos de los principales diarios y semanarios del mundo: The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde y EL PAÍS; consiste en haber abandonado luego la deontología por la que se rige el periodismo con el que están comprometidos esos medios. Al emprender ese camino, Wikileaks abandona el periodismo y se adentra en un terreno desconocido, donde puede servir simultáneamente a la causa de los derechos humanos y a su violación. Nada hubiera impedido que Wikileaks siguiera respetando la deontología periodística aunque cesara en su relación con otros medios. Su opción habría sido inobjetable. Al haber adoptado una opción distinta, y que pone en duda la tarea del periodismo en las sociedades democráticas, la respuesta que merece es la de la condena.

Lo que se está criticando es precisamente que Julian Assange decida poner la información en bruto, de forma accesible para todo el que quiera, en lugar de seguir con la lógica periodística donde unos pocos expertos son los encargados de editar la información según unos criterios privados que escapan a todos los que no forman parte de ese círculo cerrado, aunque son los que consumen ese producto. ¿En qué sentido podría esto convertirse en defensa o violación de los derechos humanos? Y de serlo, ¿podría ser esta una razón suficiente para condenarlo? Parece que nos encontramos ante una posibilidad de cambio y una costumbre que se resiste a ser absorbida por el mismo, ante una lucha por liberar algo de una propiedad y la resistencia de quien pretende mantener permanentemente su control sobre ella. Pero si queremos recuperar el sentido del periodismo, tendremos que admitir que hace más el amateur por la universalidad y horizontalidad en la ciencia que el experto, vinculado a las marcas y los intereses de las corporaciones, como ocurre con el periodismo. Cuando WikiLeaks se vio en problemas, fueron personas anónimas las que, al margen de toda organización, se coordinaron a través de la red para hacer posible que un modelo alternativo sobreviviese a la presión institucional.

Esferas periféricas: ultra cojonudamente coordinados

Cuando a finales de 2010 WikiLeaks empezó a sufrir el acoso en múltiples formas, y su criminalización trató de establecerse con notable éxito en la opinión pública, los grandes medios de comunicación que trabajaron junto a Assange sobre las filtraciones que él les ofreció gratuitamente, y con las que sacaron sendos beneficios, no le apoyaron, y de hecho, ayudaron a empeorar su situación. Cuando a finales de agosto de 2011 Julian Assange decidió hacer pública la base de datos de Cablegate, los mismos periódicos con los que había trabajado le dedicaron sus editoriales conjuntamente, muy críticas, para acabar con su imagen de cara al público. Fueron personas anónimas, amateurs, quienes sin ningún tipo de organización previa pero con una excelente coordinación, mantuvieron WikiLeaks a flote y salvaguardaron la importancia de su trabajo, tanto en su materialidad como en su concepto. Anonymous, ese vocablo que representa la ausencia de la fuente o la imposibilidad para identificarla, tuvo un rol relevante en esta empresa.

Anonymous no es una organización donde un determinado grupo de personas asociadas llevan a cabo distintas acciones, es un seudónimo que cualquiera puede hacer suyo posibilitando la acción de una colectividad indeterminada sin estructura jerárquica de ningún tipo. Si con WikiLeaks nos encontramos ante un nuevo modelo de periodismo donde se combina el trabajo de los amateurs con el de los profesionales, penetrando de este modo directamente en la esfera pública central, en Anonymous estamos ante una posible esfera pública que permanecería completamente en la periferia. Esto hace que las acciones de WikiLeaks tengan más trascendencia que las de Anonymous, pero es importante tener el papel de este último presente porque sin él no se entiende el desarrollo de WikiLeaks: no solamente le ayudó a superar las complicaciones a las que la organización se enfrentó, sino que también le suministró parte del material que filtró. No es una colaboración organizada, son solamente acciones coordinadas en momentos puntuales, pero que han marcado el devenir de ambos.

La configuración anárquica de Anonymous está caracterizada por el disenso y la ruptura, ya que abarca tantas concepciones como personas quieran usar su nombre, y choca en este sentido con la estructura de WikiLeaks, marcada por unos principios mucho más concretos que responden en gran medida a los intereses de su fundador Julian Assange. En Anonymous, en cambio, el liderazgo está mal visto y se da absoluta prioridad a los hechos, independientemente de quién los lleve a cabo. Mientras que WikiLeaks entra en lo socialmente establecido, Anonymous se mantiene al margen generando su propio espacio de sentido. Las tácticas son más variadas, y su estructura, si es que podemos utilizar este término en referencia a Anonymous, es más abierta y participativa que la de WikiLeaks15, pero influye también en la opinión pública.

Podríamos decir que mientras que la forma de proceder de WikiLeaks se ciñe –hasta cierto punto– a las reglas del juego, Anonymous lo hace al margen de ellas. Estas reglas hacen referencia tanto a las que están avaladas por la ley, como las que están aceptadas socialmente: en el caso de WikiLeaks nos encontramos, aunque con algunas rupturas, dentro del terreno de lo establecido, mientras que Anonymous traspasa ese límite. Julian Assange siempre se ha preocupado por seguir los cauces legales a la hora de sacar adelante la organización de WikiLeaks, tras quien se encuentra The Sunshine Press Productions desde 2010, garantizando de este modo su presencia legal. WikiLeaks no se encarga de sustraer la información que hace pública, o al menos no lo hace de forma abierta, y en ningún caso ha podido probarse que su actividad sea ilícita, lo que le permitió ganar el juicio contra VISA por el bloqueo económico. Ha colaborado con los grandes medios de comunicación haciéndose un nombre dentro del mundo del periodismo profesional, a pesar del poco apoyo que ha recibido con el tiempo de los que fueron sus compañeros durante esta etapa.

Sin embargo, y pese los esfuerzos de Assange por mantenerse dentro del marco de lo socialmente establecido, su labor ha sido lo suficientemente incómoda como para convertirse en el blanco de numerosas críticas que han hecho bastante daño tanto a su actividad, como ocurrió a raíz del bloqueo económico, como a su imagen. Esto ha dado lugar a una creciente desconfianza hacia la actividad de WikiLeaks dentro de la opinión pública, y con ella la imagen tanto de su fundador como de la propia organización, se han visto fuertemente resentidas. Las críticas sobre los informantes afganos muertos por las filtraciones de WikiLeaks, que nunca se probaron, o el escándalo de la violación de Assange a dos mujeres suecas, a quien los medios acusaron desde el principio y sin pruebas que lo avalasen, e incluso con pruebas que vendrían a defender lo contrario, son dos ejemplos de esta criminalización. También la teoría de la conspiración que ha rodeado a Julian Assange desde prácticamente los inicios de WikiLeaks, afirmando que esta es un proyecto de la CIA, ha ido restándole credibilidad ante los ojos de gran parte de sus seguidores, interesados en la actividad de WikiLeaks en tanto que proyecto de contraespionaje. Con todo, WikiLeaks ha conseguido mantenerse en pie, y lo más curioso es que ha sido gracias a otro tipo de acciones que juegan al margen de lo políticamente correcto y lo socialmente establecido, como es el caso de Anonymous. A diferencia de WikiLeaks, Anonymous no ha respetado las reglas del juego, y ha roto con ellas de forma abierta y deliberada.

Haciendo uso del anonimato, las personas que actúan o han actuado bajo ese seudónimo, se protegen tanto ante la ley como ante la opinión pública, dos marcos que ponen en cuestión. Pero la función del anonimato no acaba aquí: sirve a su vez para que el valor de todas sus acciones se sitúe por encima de cualquier autoridad que pudiera ejecutarlas. Quién está detrás de Anonymous es algo que no importa, y Anonymous como tal, como asociación, no existe, sino que es un medio a través del que diversas personas pueden llevar a cabo unas determinadas acciones en un momento dado. Con el paso del tiempo, podemos hablar de Anonymous como un conjunto de acciones y de ideas, e incluso podemos hablar de una determinada evolución, pero no podemos establecer que ha sido un grupo de gente, con una ideología y una intencionalidad conjunta, el que ha estado detrás de ello.

Los principios de los que parte Anonymous son muy básicos y dan cabida a múltiples formas de entender el mundo, siempre sobre la base del lulz16 y el conocimiento libre. En la obra Access to Knowledge as a Field of Activism de Gaëlle Krikorian y Amy Kapczynski se plantea el acceso al conocimiento como un movimiento integrador de los demás movimientos, como el «movimiento de los movimientos». Krikorian menciona que como en el diagrama de Venn, los movimientos encajan unos en otros y se superponen, cada uno con sus particularidades, siendo el acceso al conocimiento un denominador común a todos ellos, impidiendo que sus diferencias se conviertan en obstáculos. «El paraguas del acceso al conocimiento es lo suficientemente grande como para permitir una gran variedad de participantes, temas y acciones, además de permitir a la creatividad expresarse a través de distintos modos sin ser limitados por las estructuras jerárquicas que a menudo dificultan las organizaciones convencionales». Como el movimiento por el acceso al conocimiento, Anonymous es un concepto integrador en este sentido, y en muchas ocasiones puede ser un recurso útil para conseguir los fines que se persiguen alrededor de una idea. El lulz, por su parte, es lo que lo caracteriza, dándole una suerte de cuerpo ideológico propio, siendo el recurso que se utiliza para cuestionar las cosas tal y como son aceptadas socialmente. En este sentido, Anonymous es comparable a las caricaturas o a las situaciones construidas, encargadas de desviar nuestra atención de la lógica espectacular para tomar un cierto distanciamiento que haga posible una visión crítica de la realidad, pero dentro de la red y con el conocimiento libre como finalidad.

Sobre el concepto del conocimiento libre en Anonymous pueden hacerse diversas críticas, y de hecho se ha puesto en entredicho la defensa que hacen del mismo al utilizar métodos como las denegaciones de servicio, consideradas por muchos una medida que coarta la libertad. Sin entrar en valoraciones de este tipo, es esta defensa del conocimiento libre que propugna lo que lo asemeja a WikiLeaks, y lo que ha hecho que sus acciones confluyan en distintos momentos a lo largo del tiempo. Lo que diferencia a Anonymous de WikiLeaks es que no sigue unas pautas socialmente establecidas y que lleva a cabo acciones fuera del marco de la ley, e incluso en muchas ocasiones reprobables para la opinión pública, siempre al margen de las instituciones y los diferentes medios que suelen representarnos en la esfera pública central, con los que WikiLeaks ha trabajado mano a mano. Anonymous tiene además un conjunto de valores, aunque muy básicos, que son los que hacen que diferentes personas actúen bajo su seudónimo, donde interactúan y coordinan sus movimientos, con lo que podríamos hablar de una esfera pública periférica. Esta se caracteriza por un modelo horizontal e intermitente donde las diferencias son manifiestas y los debates no se mantienen necesariamente bajo la racionalidad y el consenso, lo que da lugar a operaciones17 tan dispares como llenar de porno YouTube o traducir los documentos expuestos por WikiLeaks. A pesar de no tener una representación en la esfera pública central o no utilizar los cauces establecidos para actuar en ella, incide en ella e interacciona de esta manera con lo que está establecido socialmente. Es un ejemplo de los muchos que se pueden poner de acciones que tienen lugar al margen de las organizaciones, y que influyen en ellas llegando incluso a modificarlas. No solamente son capaces de interceder en la esfera pública central sin intermediarios, sino que incluso los mismos intermediarios tienen que echar mano en diversas ocasiones de estas esferas públicas periféricas para entrar al debate de la esfera pública central, marcado de antemano por la periferia y que hoy tiene una mayor visibilidad gracias al desarrollo de internet y las nuevas tecnologías. Es el caso de las colaboraciones puntuales entre Anonymous y WikiLeaks.

Además de la ayuda de cualquier tipo que pueda haberse prestado a WikiLeaks para hacer frente al bloqueo económico o la criminalización a la que se ha visto sometida en más de una ocasión, y que sin duda ha ayudado a mantenerla en pie, hay que tener en cuenta el valor de las filtraciones y lo que esto supone: si no hay informantes, no hay WikiLeaks. WikiLeaks no podría existir si estos informantes no fuesen en cierto modo ajenos, informantes anónimos que le hacen llegar sus filtraciones sin que sea la propia organización la que tiene que cometer la ilegalidad de sustraer la información. Con esto no quiero decir que las filtraciones de WikiLeaks sean fruto de Anonymous, porque no siempre ha sido así, como ocurre con Chelsea Manning, quien filtró los diarios de guerra y Cablegate y quien permanece hoy en la cárcel, pero sí algunas de ellas, y sirve de ejemplo de cómo las propias instituciones pueden llegar a necesitar de estas esferas públicas periféricas para interceder en la esfera pública central en algunos casos. Mientras el periodismo saca grandes beneficios y recibe importantes premios por hacerse eco de unas filtraciones que modifican la forma en que entendemos el mundo, todo un mundo que hace eso posible permanece trabajando en la sombra.

Hacia un posible empoderamiento

Primero de todo es necesario aclarar qué entendemos por empoderamiento, ya que podríamos estar hablando de empoderarnos dentro del marco de lo establecido o al margen de este. El diccionario de la Real Academia Española va a incorporar para su vigésima tercera edición una segunda acepción del término “empoderar” que dice: «hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido». Es un término que en los últimos años ha empezado a utilizarse cada vez más, relacionado en numerosas ocasiones con el desarrollo de las nuevas tecnologías o también en movimientos sociales como “Stop Desahucios”. Por “empoderar” se entiende un aumento en la autonomía de una persona o grupo, con el que ganar cierta libertad e independencia en la medida en que se deja de depender de un mediador.

Es cierto que con el desarrollo de internet y las nuevas tecnologías, las esferas públicas periféricas han ganado facilidades para interceder en la esfera pública central sin necesidad de una organización que les represente en ese ámbito, y que en este sentido podríamos estar hablando de un empoderamiento. Las personas que, por ejemplo, han llenado páginas de prensa digital, a raíz de un ataque de denegación de servicio o de una filtración a través de la red utilizando el seudónimo de Anonymous, por los numerosos comentarios que ha generado en diferentes lugares del ciberespacio al respecto, como puede ocurrir con alguien que comenta la vivencia en primera persona de un suceso, en principio sin importancia, a través de Twitter que acaba convirtiéndose en trending topic y pasando luego a portada de los grandes medios de comunicación, se han visto empoderadas. En estos casos son los propios individuos o grupos de personas los que, haciendo uso de unas determinadas herramientas, han conseguido penetrar directamente en la opinión pública, lo que en ocasiones conlleva introducir el tema en la esfera pública central donde pasa a interaccionarse sobre el mismo.

Al inicio de este trabajo introducía la pregunta sobre si cabe la posibilidad de que nos encontremos ante un empoderamiento ciudadano en el ámbito del periodismo a raíz de la publicación de la base de datos en bruto de Cablegate por parte de WikiLeaks. Con esta filtración, el que quiera puede acceder de forma directa a los datos que conforman las noticias de los medios de comunicación sin tener que pasar necesariamente por ellos, donde han sido previamente procesados respondiendo a unos determinados filtros en función de los intereses del momento (de la opinión pública) y de sus accionistas. La barrera de censura se traslada de este modo al propio individuo, quien es el encargado en este caso de decidir qué es lo que le interesa y lo que no, y quien ahora puede procesar autónomamente los documentos. Sin ser un profesional de la información, puede analizar y publicar a raíz de unos datos a los que generalmente no tiene acceso, produciendo sus noticias. Esto no quiere decir que la información final vaya a ser mejor o peor, quiere decir que existe la posibilidad de trabajar con las propias manos el material en bruto que hasta ahora trabajaban otros por nosotros. Es una forma de no relegar responsabilidades, pero también hay que tener en cuenta que el conocimiento de cada individuo juega un rol importante en esto.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que, como comentaba, el desarrollo de internet no garantiza el libre acceso, y que como ocurre en el plano físico, hay una serie de presiones presentes que determinan lo que realmente podemos hacer. En este sentido no vamos a poder, en principio, proceder libremente. Como solución a esto, los cypherpunks ofrecen la criptografía como medio para garantizar lo que Assange citó como «privacidad para el débil, transparencia para el poderoso». Mediante la criptografía podemos generar espacios seguros, entendiendo en este caso por seguros “libres” de presiones externas.

La libertad total es un concepto ideal, pero podemos acercarnos más o menos a esa libertad, y de este modo ganar o no más autonomía, que se traduce en un mayor empoderamiento. Con la publicación de los datos en bruto de Cablegate podemos efectivamente trabajar por nosotros mismos una información que de otro modo nos llega censurada o manipulada, es un ejemplo de las posibilidades que se abren ante nosotros con el desarrollo de las nuevas tecnologías, muchas de ellas todavía por explorar. Tenemos mecanismos que nos permiten jugar un papel que antes sólo podíamos observar, convirtiéndonos en protagonistas y sacándonos del rol de espectadores. Tenemos la posibilidad de procesar la información por nosotros mismos, con nuestras propias manos, y sacar unas conclusiones propias a partir de ello. Con el desarrollo de la criptografía, además, podemos asegurarnos de llevar esto a cabo en un espacio libre de presiones exteriores que acaben interfiriendo en nuestro trabajo. Siempre quedarán otras trabas, pero estas no restan los obstáculos que vamos venciendo. Sin embargo, hay un punto esencial en todo este proceso y es la educación tecnológica.

Para poder acceder a los datos en bruto de Cablegate, y sobre todo, para poder procesarlos a nuestra manera y no en función de un diseño predeterminado, es necesario que tengamos unos mínimos conocimientos tecnológicos. Si además queremos hacer uso de la criptografía para asegurarnos una determinada protección, con más razón. Cada día que pasa utilizamos más las nuevas tecnologías que tenemos a nuestra disposición, y o tenemos conocimiento de su funcionamiento para que nos sea útil a nuestros fines, o responderá a los fines de quienes las controlen. Julian Assange termina la conversación entre sus compañeros cypherpunks afirmando:

De modo que creo que las únicas personas capaces de conservar la libertad que teníamos, digamos, hace veinte años –pues la vigilancia ya ha eliminado unas cuantas, aunque todavía no nos hayamos enterado–, son aquellas que posean una gran formación en los entresijos de este sistema. Sólo una élite rebelde y altamente tecnificada podrá ser libre, estas ratas listas que corretean por el teatro de la ópera.18

1PLAZA, M. WikiLeaks. La era de los soplones. Atanor Ediciones, Madrid, 2011, p. 70.

2Aunque suelen hablar de 9 meses de diferencia entre la primera publicación sobre los documentos de Cablegate y la filtración de toda su base de datos en bruto, la verdad es que fueron 10: desde el 1 de noviembre hasta el 31 de agosto, lo que incluye ambos meses por entero.

3PAPACHARISSI, Z. (2009). “The virtual Sphere 2.0: The Internet, the Public Sphere and beyond”, en Chadwick, A. y Howard, P. (Eds.) Handbook of Internet Politics.

4WINNER, L. The whale and the reactor: a search for limits in age of high technology. Chicago, University of Chicago Press, 1986, pp. 19 – 39.

5ASSANGE, J; APPELBAUM, J; MÜLLER-MAGUHN, A; ZIMMERMANN, J. Chypherpunks. Deusto, Barcelona, 2013, p. 19.

6LESSIG, L. El Código. Traficantes de Sueños, Madrid, 2009, p. 186.

7ASSANGE, J., APPELBAUM, J., MÜLLER-MAGUHN, A., ZIMMERMANN, J. Op. cit., p. 98.

8SAMPEDRO, V. El cuarto poder en red. Icaria, Barcelona, 2014 (próxima publicación).

9Íbid.

10Íbid.

11Íbid.

12LESSIG, L. Op., cit., p. 389.

13STILGOE, J; IRWIN, J; JONES, K (2006). The Received Wisdom. Opening up expert advice, London: Demos. p. 21.

14KUZNETSOV, S; PAULOS, E. “Rise of the Expert Amateur: DIY Projects, Communities, and Cultures”, Proceedings: NordiCHI 2010, October, 16 – 20, 2010. p. 16.

15COLEMAN, G. Anonymous and the Politics of Leaking. In Beyond WikiLeaks: Implications for the Future of Communications, Journalism & Society. Brevini, B., Hintz, A., and McCurdy, P., eds., Basingstoke, UK: Palgrave Macmillan, 2013, p. 209.

16Perversión de la expresión LOL, “reírse en voz alta” en inglés (“Lots of Laughs”).

17Nombre que suelen dar a las distintas acciones que llevan a cabo como guiño a procedimiento policial.

18ASSANGE, J., APPELBAUM, J., MÜLLER-MAGUHN, A., ZIMMERMANN, J. Op. cit., p. 168.

WikiLeaks en el marco de las nuevas posibilidades tecnológicas

(Seminario de Jesús M. González Barahona)

La introducción de las nuevas tecnologías a nuestras vidas no es un asunto irrelevante porque aportan nuevas posibilidades –independientemente de si estas son mejores o peores– que modifican nuestro modo de ver y comprender el mundo, del mismo modo que modifican la manera en que interactuamos con él y las personas que nos rodean. Sus bajos costes y la gran distribución de la que gozan en los países desarrollados, y también en los países en vías de desarrollo, han hecho de estas tecnologías unas herramientas cotidianas mediante las que realizamos cada vez un mayor número de acciones que, aunque en algunos casos como las transferencias bancarias o las compras no son nuevas y donde su papel es el de intermediarias para su realización, en otros casos, como con la posibilidad que ofrecen de realizar copias exactas de, por ejemplo, una novela o una canción, sí lo son. Ante este nuevo universo de posibilidades somos todavía unos principiantes, y nos enfrentamos a él con categorías que corresponden a un momento distinto y que van perdiendo sentido en la medida en que vamos avanzando, tanteando, por este nuevo camino. Me interesa tener esto presente para abordar las filtraciones de WikiLeaks teniendo en cuenta las diferencias que guardan con otro tipo de filtraciones como las relacionadas con los «papeles del Pentágono» o el llamado «escándalo Watergate», y señalando también algunas de las posibilidades no exploradas. Aunque la propia acción de filtrar información secreta no es nueva, el método para hacerlo sí ha cambiado y con él las posibilidades tanto de extraer, como de manejar posteriormente la información.

A principios de la década de los 70, la obtención de información secreta se realizaba mediante unas técnicas bastante rudimentarias si las comparamos con las nuevas posibilidades que nos brindan las tecnologías de hoy. Daniel Ellsberg obtuvo los que luego se darían a conocer como los «papeles del Pentágono» a base de fotocopiar documentos clasificados a los que tenía acceso, algo que no es comparable al almacenamiento de la información en un CD o un pendrive donde puede guardarse una cantidad muchísimo más grande de información y con un esfuerzo considerablemente menor. Pero la principal diferencia no reside en la obtención sino en el posterior tratamiento de la información: el modo en que puede analizarse y difundirse. Una faceta que me resulta especialmente relevante de las nuevas tecnologías es la posibilidad que nos dan de cooperar con personas de cualquier parte del globo que tengan una conexión a internet.

Howard Rheingold hace hincapié en las nuevas implicaciones culturales y sociales de estas posibilidades en The new power of collaboration. Señala que a través de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, multitudes on-line pueden cooperar sin necesidad de ser ni de tener una organización formal. Aunque esto no es nuevo, sí lo es la posibilidad de hacerlo con independencia de la distancia geográfica u otras problemáticas características del espacio físico. Rheingold remarca la importancia de la cooperación frente a la falta de ella haciendo referencia a casos como el dilema del prisionero de la teoría de juegos donde la posición egoísta es más perjudicial que la cooperación, o remarcando la importancia de sociedades agrícolas cooperativas y no competitivas para la invención del alfabeto. Piotr Kropotkin ya señaló en El apoyo mutuo que, frente lo que muchos darwinistas afirmaban, Darwin mostró cómo en numerosas sociedades animales desaparece la lucha por la existencia para dar paso a la cooperación, lo que conduce al desarrollo de las facultades intelectuales que dotan a las especies de mayores posibilidades para sobrevivir1, y da cuenta de ello con numerosos ejemplos observados en sus investigaciones como geógrafo y naturalista. Las posibilidades de la cooperación son muchas y de especial relevancia, y es una de las diferencias básicas que encontramos entre filtraciones como las de Ellsberg y las de Julian Assange, con grandes implicaciones.

WikiLeaks es un prototipo a través del que su fundador Julian Assange ensaya diferentes formas de acabar con la opacidad de los gobiernos y las instituciones entendiendo que la transparencia de los poderosos es la clave para establecer unas democracias saludables, ya que si no estamos informados, difícilmente podremos participar de ella. Para él, el periodismo cumple un rol especialmente relevante en esto, siendo la vía que permite mantenernos informados ofreciéndonos las fuentes primarias para que esta transparencia sea eficiente.

En un primer momento, Assange probó con el formato wiki para el desarrollo de la que todavía era solamente una idea, estableciendo un espacio abierto para que la gente pudiese analizar, borrar los rastros y contrastar los datos adquiridos y a los que normalmente no tenemos acceso, para ir recopilando la información y poniéndola a disposición del público. Estas posibilidades de trabajar son nuevas y se deben al desarrollo tecnológico, impensables hace unos años, y permiten abarcar informaciones a una escala mucho mayor. También debido a este avance es posible establecer una recepción de los datos, pues a diferencia de las filtraciones de los papeles del Pentágono, Julian Assange no lleva a través de WikiLeaks unas filtraciones que él se ha encargado de obtener sino que cualquiera, sea cual sea el lugar donde se encuentre, puede enviárselas si dispone de una información que estima que ha de ser pública, y puede hacerlo por unos medios libres de riesgo. Sin embargo, Assange consideró que el formato wiki no resultaba útil o interesante porque las colaboraciones eran bastante escasas. Lo que hizo entonces fue buscar la colaboración de grandes medios de comunicación –siendo la primera con The Guardian en 2007 donde se publicó la información sobre la malversación de fondos del ex-presidente de Kenia, Daniel Arap Moi–, algo que en si no es novedoso, que no hace uso de las nuevas posibilidades que tenemos, pero que suplía los problemas de visibilidad y conseguía generar un mayor impacto. Por otra parte, mantenía sus esquemas, basados en la red, para que quien lo desease pudiese enviarles la información que quisiera que se hiciese pública sin comprometer su seguridad. A partir de este momento, las colaboraciones de WikiLeaks dejaron de ser públicas y se redujeron a un pequeño número de fieles que, antes de pasar la información a los medios de comunicación, la analizaban y editaban eliminando los datos que indicaban de donde provenían. El problema de esto es que, si recibían una gran filtración, no darían abasto como al final ocurrió: cuando les llegaron los diarios de guerra de Irak y Afganistán, junto con los cables diplomáticos de distintas embajadas estadounidenses alrededor del mundo, Assange y sus colaboradores se vieron desbordados. Con este nuevo modo de proceder no disfrutaban de las ventajas tecnológicas que el primer formato les brindaba a la hora de procesar los datos, aunque las mantenían para la recepción de los mismos. Al final, Assange pactó con tres medios de comunicación especialmente relevantes –The Guardian, The New York Times y Der Spiegel– que realizaron a su vez el trabajo que ahora se limitaba a su círculo de colaboradores. El impacto mediático fue enorme, pero Assange, por diversos motivos, perdió el control sobre aquella información. Viéndose desplazado y criticado por los mismos que se estaban lucrando con lo que él les había brindado y con lo que ya no podía establecer relaciones de poder a su conveniencia, puso a disposición del público toda la base de datos. Independientemente de los motivos que le llevaron a esto, o si era algo que ya tenía en mente, el caso es que hizo algo que, una vez más, no hubiese sido posible sin el avance de las nuevas tecnologías. Mediante ellas pudo generar (y generó) una cooperación improvisada a gran escala para analizar y difundir toda aquella nueva información.

Quizás si WikiLeaks hubiese empezado haciendo esto no hubiese ocupado todas esas páginas que ha llegado a ocupar en los grandes medios de comunicación, y Julian Assange, como indica Enrique Dans en el prólogo a la obra Cypherpunks, se ha preocupado en todo momento de estudiar los métodos que permitan, además de la protección de las fuentes y la verificación con las consecuencias legales siempre presentes, la difusión viral2. Sin embargo, el desarrollo de internet nos brinda nuevas posibilidades, como señalaba, y tenemos nuevos canales para informarnos que, independientemente de si llegan a más o menos gente, son de acceso mundial no restringido a barreras físicas. Si la base de datos se hubiese puesto a disposición pública desde un primer momento, probablemente hubiese generado esas formas de cooperación mucho antes, difundiendo, por otra parte, la información de forma más horizontal y menos relacionada con los intereses que puedan tener tres grandes medios de comunicación. Es cierto que el modelo wiki no conseguía atraer la atención de la misma manera que las publicaciones en los grandes medios, pero esto no se debe tanto al procedimiento como a la propia información: WikiLeaks empezó con datos muy concretos relacionados con unos pocos escándalos en países lejanos, y de hecho la primera publicación en The Guardian sobre Daniel Arap Moi no le dio gran publicidad, a pesar de ser uno de los medios de comunicación más importantes y conocidos. Quizás la wiki tampoco es el mejor modelo si parte de tu objetivo es viralizar la información, pero ofrecer las fuentes de forma abierta (eso sí, una vez eliminados los metadatos) permitiría que un número mucho mayor de personas colaborasen en el análisis y difusión de esa información, personas que además estarían interesadas en ello. Y cuando, debido a los intereses externos contra los que una empresa de este tipo inevitablemente se expone, llegase el momento de las represalias como las que WikiLeaks ha sufrido, sería mucho más complejo frenar y eliminar el trabajo si estuviese planteado en formato libre ya que estaría completamente descentralizado. Además de la cuestión ética inherente a este tipo de formatos que Richard Stallman ha señalado en numerosas ocasiones, como base necesaria para nuestra constitución como seres libres y autónomos al no imponer restricciones de uso y permitiendo de ese modo que podamos estudiarlos y modificarlos para adaptarlos a las diferentes necesidades e intereses que tengamos, del mismo modo que mejorarlos, y copiarlos y distribuirlos para que otros también puedan hacerlo beneficiándonos un mayor número de personas, es una cuestión práctica: cuando hablamos de conocimiento es mucho más fructífera la acción colectiva que la individual. También es necesario este formato para mantener un control sobre lo que estamos llevando a cabo, pues conociendo el código y pudiendo modificarlo no nos vemos sometidos a sus estructuras predeterminadas, pues como señala Barlow en la Declaración de Independencia del Ciberespacio, provee de más orden del que puede conseguirse por imposiciones, tesis que desarrolla muy bien Lawrence Lessig en El código 2.0 señalando numerosos ejemplos donde determinadas acciones son sencillamente imposibles de llevar a cabo en determinados sitios de internet donde el código está dispuesto para impedirlas o sencillamente no está escrito para ello. Si estamos hablando de querer fortalecer las democracias, entendiendo por ello que tienen que aumentar las posibilidades de participación, es especialmente relevante tener presentes estas posibilidades del software libre y ponerlas en práctica. Si WikiLeaks estuviese basado en los principios de los trabajos culturales libres, que siguen estos principios, no estaría tan ideologizado como lo está hoy, y en lugar de presentarse como una organización que está en contra de determinados gobiernos, permanecería simplemente al margen de las constituciones de poder. Es cierto que Assange quiere trabajar con especialistas y poder pagarles, del mismo modo que quiere poder vivir llevando a cabo sus objetivos con WikiLeaks, donde ha volcado su vida, pero esto no tiene por qué estar necesariamente reñido con el formato libre: como ocurre con otros proyectos donde se basan en software libre, habría personas que trabajarían por una remuneración monetaria y otras que lo harían desinteresadamente. Por una parte, habría personas que unirían sus esfuerzos por principios éticos, e incluso aportarían dinero para mantener en pie el proyecto al que otros dedicarían todo su tiempo. Muy probablemente, además, acabarían los propios gobiernos –algunos de ellos– financiando parte de este trabajo, aquella que estuviese relacionada con sus fronteras e intereses, comprendiendo que existe una utilidad real de esta empresa señalando fraudes y demás prácticas que, al fin y al cabo, perjudican al sistema en el que se asientan. De esto se verían directamente beneficiados Assange y sus colaboradores, quienes además de tener los medios económicos necesarios para realizar su trabajo, gozarían de cierta cobertura legal inherente a este tipo de colaboraciones de la que ahora no disponen. Además disfrutarían de las riquezas propias que ofrece la colaboración abierta en materia de creatividad e investigación, como señala Krikorian en Access to Knowledge as a Field of Activism3, pudiendo dar con nuevos modelos mejores que más fácilmente emergen de la participación de muchas mentes pensantes que de una. También, siguiendo la tesis de Krikorian, sería un movimiento inclusivo, pues sus presupuestos se basarían en intereses colectivos universales, pudiendo servir como base de muchas de las protestas que hoy se llevan a cabo y bajo las que siempre reside la necesidad de un acceso a la información. De este modo, WikiLeaks podría no limitarse a la extracción de información como método de presión, algo a lo que desgraciadamente tiene que recurrir en la actualidad.

Las posibilidades que se abren ante nosotros son muchas, y difícilmente podría estar teniéndolas aquí todas en cuenta. El modelo prototípico de WikiLeaks es bueno, ir probando diferentes métodos y no cerrarse a uno le permite evolucionar, pero seguramente hay muchas posibilidades no contempladas que sólo surgirán de un desarrollo mucho más colaborativo. No es suficiente con tener los medios y modificar determinados procedimientos, como indicó Kelty «la ley es relativamente impotente frente a las arraigadas costumbres académicas»4, pero cuanto más abierto es un proyecto y más personas pueden participar en él, más barreras características de las costumbres pueden ser vencidas, pudiendo explorar así todo este nuevo camino que se abre ante nosotros.

1KROPOTKIN, P (2012). El apoyo mutuo, Madrid, Editorial Dharana, p. 28.

2ASSANGE, J (2013). Chypherpunks, Barcelona, Deusto, p. 12.

3KRIKORIAN, G; KAPCZYNSKI, A (2010). Access to Knowledge in the Age of Intellectual Proprierty, New York, Zone Books, p. 60.

4KELTY, C. M. (2008). Two Bits, The Cultural Significance of Free Software, Standford (California), Duke University Press, p. 298.

Nuevas tecnologías, libertad y autonomía

(Seminario de Sergio d’Antonio)

«El mundo posee ya el sueño de un tiempo del que ha de alcanzar ahora la conciencia, para vivirlo realmente».

(Guy Debord, La sociedad del espectáculo).

Hoy en día utilizamos numerosas herramientas para comunicarnos sin pararnos a reflexionar sobre lo que sus usos pueden o no suponer. Levantarse por la mañana y echar un vistazo a las notificaciones que nos aparecen en el smartphone y que nos remiten a las distintas redes sociales, correos o mensajería instantánea que utilizamos, es un acto cada vez más naturalizado, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas personas lo utilizan también como despertador, siendo de esta manera la primera cosa que tocamos y con la que interactuamos al despertarnos. Las cosas que hablamos a través de estos medios son cada día de carácter más cotidiano, y esto afecta no solamente a los temas sobre nuestros intereses sino también sobre nuestro trabajo. Todo esto no tiene porqué suponer ningún problema si somos conscientes de cómo estamos manejando estas herramientas, pero si no somos conscientes de la forma en que operan no seremos nosotros los que tengamos el control sobre lo que hacemos sino que lo que hagamos estará siendo controlado por terceros. No se trata únicamente de espionaje con fines de diverso tipo, se trata también de canales, de códigos establecidos que si no conocemos y no sabemos modificar, nos llevarán por un camino determinado sobre el que no tendremos ningún dominio, limitando de esta manera nuestro empoderamiento.

En el momento en que hablamos de la web 2.0 estamos hablando del paso que se da de páginas web estáticas a plataformas donde se nos ofrecen distintos servicios. A partir de aquí se abre ante nosotros un nuevo horizonte en la comunicación, caracterizado entre otras cosas por la ubicuidad: podemos en cualquier momento localizar aquello que queremos y ser a la vez localizados, y lo podemos hacer a tiempo real. Esto modifica necesariamente el modo en que comprendemos e interactuamos con el mundo y quienes nos rodean, y tiene numerosas consecuencias. No es posible abordarlas todas aquí, sin embargo, sí que quiero prestar atención a la necesidad de que nosotros, los usuarios, tomemos conciencia de estas implicaciones y tomemos también parte en ellas, dejando atrás nuestra naturaleza de «espectadores» definida por Guy Debord en La sociedad del espectáculo1 que parece haber sobrevivido al desarrollo de internet a pesar de las nuevas posibilidades de participación que nos brinda.

Hoy, además de consumidores, somos productos y productores de datos que pueden ser consumidos sin que nosotros tengamos control alguno sobre ellos. No somos dueños de lo que generamos, lo que para Marx suponía el principio de alienación2, y tampoco conocemos cómo, ni por quiénes, ni con qué fines son utilizados estos datos, algo que retrata muy bien el término de «vigilancia líquida» sobre el que Zygmunt Bauman y David Lyon reflexionan partiendo de este distanciamiento, y cada vez mayor automatización de los procesos surgida a raíz de muchos de los desarrollos de las nuevas tecnologías, en su obra Vigilancia líquida. El término «líquido» da cuenta precisamente de esa complejidad para establecer el origen de la vigilancia, no solamente porque hoy podríamos ser observados por drones del tamaño de un insecto o un colibrí sin darnos cuenta, sino también porque en muchos casos somos nosotros los que deseamos y ponemos fin a nuestra privacidad haciéndola pública, viéndose de este modo diluido el foco que da cuenta de los motivos y lugares donde tiene lugar la vigilancia, cada vez más escurridiza3.

Donde quiero poner el acento es en la concienciación. Independientemente de si uno tiene o no algo que esconder, argumento al que muchos recurren para criticar o alabar el uso de determinados canales, lo cierto es que tenemos un deber como personas libres y autónomas. De la misma manera que necesitamos conocer aquello de lo que hablamos a la hora de llevar a cabo una investigación, tenemos que conocer el espacio donde la realizamos y las consecuencias que pueden derivarse de sus usos. Si no tenemos el control sobre estos conocimientos, no podremos analizar correctamente nuestro objeto de investigación, independientemente de si está más o menos relacionado con las plataformas donde lo llevamos a cabo. Como mencionaba al principio, no sólo es la falta de conocimiento sobre el uso que se da por parte de terceros a los datos que generamos lo que debe preocuparnos en este sentido, sino también el código con el que está construido el canal donde los manejamos porque este determinará los usos que nosotros podamos darles. Si el código escapa a nuestro conocimiento, no tendremos libertad para manejarlos, y si lo conocemos pero no lo podemos modificar, tampoco, aunque por lo menos seremos conscientes de nuestras limitaciones y podremos dar cuenta de ellas. Para Lessig, el código tiene una función reguladora, permitiendo o impidiendo (según sea) realizar determinado tipo de acciones. Se ve muy bien en el ejemplo que utiliza sobre la regulación de volar sobre una propiedad privada en Second Life frente al espacio físico:

«Fijémonos, no obstante, en la importante diferencia existente entre una y otra regulación. En el espacio real la ley establece penas por violar la regla de “alto/bajo”; en Second Life, simplemente no se puede violar la regla de los 15 metros. La regla forma parte del código y éste controla cómo somos en Second Life. No tenemos la opción de desobedecer la regla, al igual que no la tenemos de desobedecer la ley de la gravedad.»4

En este caso, el código se convierte en ley impidiendo una determinada acción. Esto ocurre también cuando utilizamos un determinado programa, por ejemplo, para analizar datos: tendremos unas opciones finitas que, de no conocerlas, determinarán nuestros resultados sin que nosotros seamos conscientes de que obtendremos unas conclusiones sesgadas; y en caso de no ser modificable, restringirá nuestras posibilidades, limitando nuestra autonomía y libertad sobre la obra. Aquí radica gran parte de la importancia del software libre que garantiza la libertad de usar el programa, estudiarlo y modificarlo para adaptarlo a las diferentes necesidades, copiarlo y distribuirlo, y mejorarlo haciendo públicas estas mejoras para que sirvan a todo el mundo y pueda de este modo beneficiarse toda la comunidad. Sin acceso al código fuente, estas posibilidades se ven limitadas.

Julian Assange se dio cuenta, como muchos otros, de que la opacidad de los gobiernos y las instituciones, del mismo modo que la falta de privacidad de los individuos, imposibilita nuestro desarrollo como seres libres y autónomos. Assange entiende que la transparencia, aplicada a los poderosos, genera una sociedad mejor para todo el mundo reduciendo la corrupción y fortaleciendo las instituciones democráticas, incluyendo los gobiernos, las empresas y otras organizaciones, y un periodismo saludable, dinámico e inquisitivo juega un rol principal en la consecución de estos objetivos5. Con WikiLeaks lo que hace es publicar de forma abierta esa información a la que no tenemos acceso. En muchos casos es una información que ya se conocía o se sospechaba, pero establecer su libre acceso nos permite, por una parte, vigilar las acciones de quienes nos gobiernan para, por otra parte, dejar de ser gobernados y recuperar el control de nuestra autonomía. Assange propone un nuevo modelo de periodismo donde las cosas no nos vienen contadas sino que las contamos entre todos, partiendo de unas bases de datos en bruto de libre acceso. Es lo que tenemos con Cablegate. En la web de WikiLeaks también podemos acceder a las diversas filtraciones, aunque junto a ellas nos aparezca también su publicación en prensa donde aparece modelada. Esto no significa que WikiLeaks carezca de carga ideológica, es bastante manifiesta: con el documental o vídeo editado sobre la guerra de Irak Collateral Murder acabó de quedar fijada su posición de cara al público. Sin embargo, junto a las ediciones, nos ofrecen el material en bruto que, desgraciadamente, padece de una total invisibilización en los canales oficiales, y en muchos casos también en los independientes. Estamos inmersos en una lógica de la que no va a ser fácil salir, pero es necesario que tomemos conciencia de este problema si queremos ser dueños de nosotros mismos y el mundo en el que nos movemos.

1DEBORD, G (2010). La sociedad del espectáculo, Valencia, Pre-Textos, p. 160, §195.

2MARX, K (1989). Manuscritos de economía y filosofía, Madrid, Alianza Editorial, p. 109.

3BAUMAN, Z; LYON, D (2013), Vigilancia líquida, Barcelona, Paidós, pp. 27 – 59.

4LESSIG, L (2009). El Código 2.0, Madrid, Traficantes de Sueños, p. 186.