Seminario Antonio Lafuente

Hay más de 35 millones de personas en todo el mundo con el virus del SIDA.

De ellas, 25 millones viven en el África subsahariana. Diecisiete millones ya han muerto. Diecisiete millones de africanos es equivalente porcentualmente a siete millones de estadounidenses. Aunque más importante es el hecho que son diecisiete millones de africanos.

No hay cura para el SIDA, pero hay medicamentos que reducen la velocidad de su desarrollo. Estas terapias antirretrovirales (AA) todavía son experimentales, pero ya han tenido efectos drásticos. En los EE.UU., los pacientes de SIDA que regularmente toman un cóctel de estos medicamentos incrementan su esperanza de vida entre diez y veinte años. Para algunos, estos medicamentos hacen que la enfermedad sea casi invisible.

Estos medicamentos son caros. Cuando se introdujeron por primera vez en los EE.UU. costaban en entre 10.000 y 15.000 dólares por persona al año. Hoy algunos cuestan 25.000 dólares al año.

A estos precios, ningún país africano puede permitirse los medicamentos necesarios para la inmensa mayoría de su población: 15.000 dólares es treinta veces la renta per cápita de Zimbawe. A estos precios, estos fármacos son totalmente imposibles de conseguir.

Estos precios no son altos porque los ingredientes de los medicamentos sean caros. Estos precios son altos porque los medicamentos están protegidos por patentes. Las compañías farmacéuticas que produjeron estas mezclas que salvan vidas gozan de al menos veinte años de monopolio sobre sus invenciones.

Emplean el poder del monopolio para extraer del mercado lo máximo que pueden. Ese poder es usado a su vez para mantener altos los precios.” (Lessig, 2005)

¿Cuándo y por qué se instauró un sistema jurídico que patenta los logros epistémicos? ¿Cuándo la ciencia dejó de considerarse un proceso abierto? La función jurídica para la privatización del conocimiento, ¿es únicamente para reconocer económicamente el esfuerzo del buscador o buscadora de conocimiento? Si es así, ¿es esta la única posibilidad que existe para conseguir este fin? ¿Es cierto que esto ayuda al progreso y a la justicia social?

Los conocimientos, ideas, innovaciones e invenciones han alimentado a lo largo de nuestra historia nuestro desarrollo, desde las innovaciones entre grupos sociales prehistóricos, donde la artesanía y el ingenio eran potenciales para la innovación en ese tiempo siguiendo las necesidades que surgían, pasando por las corporaciones de la Edad Media, hasta las grandes empresas de principios del XIX y desde las abadías cistercienses hasta las academias científicas que surgen en el XVIII.

La comercialización del conocimiento, o la economía fundada en el conocimiento, sin embargo, es algo que ha surgido hace no mucho tiempo. Podemos pensar que fue en ese periodo cuando el conocimiento flotante dejó de ser considerado como parte fundamental de nuestro desarrollo como sociedad: dejó de ser estudiado y finalmente menospreciado, empezó así a cobrar todo el protagonismo el conocimiento aportado por las esferas académicas, por los expertos o especialistas, quizás por considerarse aportaciones más válidas para comercializar con las innovaciones que salían de ellas y también más accesible porque se concentraban en una única esfera. Comenzó así la privatización, hoy masiva, del conocimiento.

Patentes: amos de las ciencias, dueños de la tecnología y propietarios de la salud”1

Las patentes nacen para reconocer la colonización y propiedad de territorios extranjeros conquistados y de paso monopolizar la importación desde ellos: patentes de conquista. Se ponen en auge cuando se descubre el potencial del progreso técnico para monopolizar las nuevas ideas técnicas que surgían durante esos años, se penalizaba el intercambio o exportación de técnicas.

Las concesiones de patentes no fueron un objeto mercantil hasta mediados del siglo XVIII, hasta ese momento el que las recibía era el único con derecho a sacar provecho de ellas, pero con el desarrollo mercantil los derechos sobre las innovaciones se volvieron vitales. Se empezaron a registrar de manera muy detallada en Inglaterra y se definió el término “patente” públicamente, y al igual que el copyright, una vez expirado el plazo de protección los derechos pasarían a ser de dominio público, algo que perdura hasta el día de hoy. Una serie de reglas, controles y legislaciones por la lucha para encabezar la hegemonía entre países. Al igual que hoy.

Las patentes para descubrimientos científicos se inauguran más tarde, a finales del XIX, la primera, concedida a Louis Pasteur y las siguientes fueron patentes para algunas vacunas, sueros, etc…. Se concedían así monopolios temporales sobre elementos orgánicos/biológicos, y a partir de este momento un largo etcétera. (Sumando los datos de patentes en vigor de Wikipedia, vamos por la número 7.752.819!!)

El hecho de controlar los flujos de información y de conocimiento ayuda a darle un valor diferencial a la producción. Estas prácticas económicas sobre las producciones de conocimiento, enmarcadas en el capitalismo globalizado, nos lleva al capitalismo cognitivo2, donde el conocimiento tiene dueño y el acceso a él está regulado por el mercado.

Hoy en día, el crecimiento económico sigue estando basado en gran medida en la innovación, y desde principios del XX ha cobrado el protagonismo la innovación científica y la innovación tecnológica, así que muchos países y empresas privadas invierten en ellas.

Nuestro mundo es cada vez más competitivo y la lucha por la hegemonía de los países está cada vez más relacionada con innovaciones en estos ámbitos y con su comercialización.

Las investigaciones están marcadas o limitadas entonces por las prioridades que los países consideran principales en la lucha por la hegemonía mundial o por las empresas privadas que luchan por el liderazgo comercial, lo que repercute de forma directa en que los investigadores estén limitados en los temas a investigar y actúen bajo los intereses protegidos de nuestra sociedad de mercado. Los investigadores por tanto, están limitados y han perdido la capacidad de poder actuar e investigar en pro de intereses para el bien común, se impone la investigación en muchos casos para el beneficio comercial, desde esferas de poder se marcan con subvenciones dirigidas a ellas u otras técnicas. A esto se le suma se le suma la pérdida por parte de los profesionales, en este contexto y en otros, de la capacidad de trabajar bajo otros valores extinguidos en nuestros ámbitos profesionales como la pasión por hacer las cosas, sin la obsesión de la recompensa económica. (El 99% de los científicos hasta bien entrado el siglo XIX eran amateurs, no tenían paga asociada.3)

Edward Said afirma que la amenaza no es el mundo occidental, ni la academia, ni el comercio, el problema de base es la profesionalidad, el pensar que trabajamos para ganarnos la vida.

Se nos educa ya desde las escuelas para no salirnos del sistema en el que vivimos, poco a poco se nos va formando para convertirnos en especialistas o en expertos. Cuanto más subimos en el sistema educativo, más nos van limitando a un área cada vez más concreta del conocimiento, hasta terminar nuestra formación con alguna especialización, que seguiremos puliendo en el ámbito profesional.

Hacemos lo que está establecido, o lo que otros nos dicen, o más bien, nos permiten, anulando así el sentido de descubrimiento, desafiando nuestro talento y perdiendo el impulso de la emoción, del entusiasmo. El objetivo de la profesionalización hoy en día es llegar a ser un auténtico experto en algo, tener poder, ganar un salario, no salirnos de los límites establecidos y cumplir con nuestras 8 horas de trabajo: la creatividad y la producción colectiva se entienden como recursos, al igual que un río no es más que un recurso donde hacer una presa y obtener energía, un individuo es 8 horas de trabajo.

Invisibilización de los saberes femeninos”

Hablar de los saberes de las mujeres, saberes que no han formado parte de los saberes reconocidos y hegemónicos, inevitablemente nos lleva a conocer el proceso de la exclusión de las mujeres y repasar cuando, una vez recluidas en el ámbito doméstico, se invisibilizaron los saberes que desarrollaron en él.

Este proceso de devaluación del trabajo de las mujeres empieza ya en la Alta Edad Media, época del feudalismo.

Con la crisis demográfica y económica de principio del siglo XVII, el problema de la relación trabajo, población y acumulación de riqueza pasó al primer plano del debate y de las estrategias políticas. La reproducción y el crecimiento poblacional pasó a ser un asunto de Estado y objeto principal del discurso intelectual. Tiene aquí origen nuevos métodos disciplinarios adoptados por el Estado para regular la procreación y quebrar el control de las mujeres sobre la reproducción, se intensifica al mismo tiempo la práctica de la “caza de brujas”, llevando a cabo al asesinato masivo de sabias, que es lo que originariamente significaba el vocablo bruja de origen ibérico, proceso que hacia finales del XVII ya estaba prácticamente completado.4

Se excluyó a las mujeres de la esfera del trabajo, se devaluó su trabajo, la producción que las mujeres hacían en sus casas no era considerado trabajo real y se les imposibilitó la independencia económica, se las destinó a vivir confinadas en el ámbito doméstico, dedicadas al cuidado de la prole, de la familia y despreocupadas de cualquier inquietud cultural o política.

A pesar de este interés por reducir a la pasividad a las mujeres, lo cierto es que siempre han desarrollado una capacidad de agenciamiento5 notable en todos los ámbitos sociales, incluidos los ámbitos del conocimiento y del saber. En dichos campos, desafiando las prescripciones de género patriarcales, desarrollaron sus actividades en diversos frentes: accediendo al mundo del conocimiento y apropiándose de sus códigos simbólicos para hacer importantes aportaciones culturales, elaborando saberes femeninos basados en su propia experiencia de vida, recurriendo a saberes marginales y/o alternativos que les permitieran dar sentido a su vida y a su posición en el mundo.6

Hoy en día, muchos de estos saberes que están vinculados a nuestro género, y por ello no reconocidos, parten de lo doméstico; lo privado y lo invisible y son aun considerados como tareas, actividades, habilidades, más que como conocimientos. Desde esta mirada, cualquier cuestión que se atribuya a las mujeres y a lo femenino pierde o carece de valor social, aparece como algo periférico, de segundo orden. Esto último quizás no esté ya tan presente entre las nuevas generaciones, pero sí lo está en la generación de nuestras abuelas y abuelos.

De entre los conocimientos explícitos que las mujeres han desarrollado en el ámbito doméstico podemos incluir entre otros ser una buena madre, esposa, ama de casa, y lo que ello implica. Entre los saberes y conocimientos implícitos, aquellos que tienen que ver con las relaciones humanas, dialogar, mediar, negociar, empatizar…, habilidades que las mujeres han sido capaces de desarrollar en este ámbito.

Todos ellos parecen saberes sin demasiada importancia, cada uno de ellos sirve para una cosa, son diversos y variados y todos ellos necesarios aparentemente para cualquier tipo de vida. Mirados de forma “neutral”, carecería de importancia hacer distinción entre ellos. Parecen, frente a los saberes científicos y técnicos, más asociados al hombre hasta hace no mucho, saberes de segundo orden, en realidad considerados como tareas pertenecientes al ámbito de la práctica o experiencia.

El valor y el reconocimiento, entonces, de los saberes no está tanto en ellos mismos, sino en la división del conocimiento por géneros, por ello, de partida, los saberes de las mujeres son invisibilizados y no reconocidos por el hecho de ser femeninos.

De los saberes implícitos, de los que hemos hablado anteriormente, podemos decir que son necesarios también fuera del ámbito privado y doméstico, porque nos permiten relacionarnos socialmente en diferentes ámbitos, sin embargo no son reconocidos como propios de las mujeres, invisibilizando así la preparación que tenemos, cuando, en realidad, suponen y constituyen una gran aportación al conjunto de los saberes y conocimientos para el desarrollo y el avance del bienestar y la calidad de vida de las personas que convivimos en este mundo.

¿Por qué aún hoy en día unos conocimientos o saberes tienen más valor que otros? Los saberes relacionados con las mujeres no han sido considerados como conocimiento, pero tampoco el conocimiento profano, el generado por los amateurs, el que nace de las innovaciones ocultas, el que nace del mundo de la navegación, de la agricultura, etc…conocimientos que nacen de actores no relacionados con las instituciones hoy en día asociadas al saber.

La tecnología, nos permite hoy en día, visibilizar estos conocimientos y compartirlos.

Las tecnologías nos llevan a repetir dinámicas del pasado”

Las nuevas tecnologías e internet, parece que nos estén empujando a reflexionar sobre esto, a poner en valor estos conocimientos, a recuperarlos y a valorar el conocimiento aportado también por el mundo amateur de hoy en día, de naturaleza ejemplar, que conservan el hacer por amor, por pasión, de manera altruista. Hablamos de ello casi de manera melancólica por ser algo casi extinguido y que debemos proteger y conservar.

Hoy en día, no solo se pone esto en valor por su naturaleza implícita y por el desencanto que muchos profesionales sienten hacia su mundo laboral, también el hecho de que podamos compartir lo que hacemos abre otra puerta muy motivadora, y ha generado otras maneras de hacer, que recuperan valores del pasado que han sido aniquilados en los últimos siglos de nuestras historia, podemos no sólo participar en procesos innovadores, sino que también sólo el hecho de compartir nuestro conocimiento con alguien que esté al otro lado del planeta y que le sirva, es muy motivador, pensando en el hacer por el bien común desde nuestras casas y en nuestro tiempo “libre”, ya que en la mayoría de los ámbitos profesionales no se contempla.

De la convergencia entre amateurs y expertos, surgen nuevos espacios de aprendizaje, un nuevo tipo de ciudadanía con nuevas prácticas más flexibles, amateurs, granularizadas y por tanto hospitalarias7.

Se cuestionan los códigos profesionales, las autoridades tradicionales, los expertos, como únicos lícitos para poder producir, se desidealiza lo perfecto, apareciendo el concepto de prototipo como una producción experimental, abierto a cambios y mejoras, sin dueño, que pertenece a un proceso participativo…Se cuestiona por tanto también la figura del productor y del consumidor.

Conviene hablar también del concepto Diy8 Pro_am9 (profesional y amateur), acuñado originalmente para referirse a la competencia deportiva que mezclaba profesionales y aficionados o también para referirse a jugadores que evolucionan en un estado intermedio entre estas dos categorías. Más tarde se extendió a colaboraciones científicas entre aficionados o profesionales de disciplinas como la astronomía, donde ha sido tradicionalmente más fácil para los aficionados o amateurs hacer valiosas contribuciones.

Hoy en día este concepto de Pro-am, se ha convertido en una tendencia socio-económica, Se estima que en las economías maduras del 30% al 40% de las personas son Pro-am en algo10. Las personas que trabajan en algo como expertos o especialistas durante el tiempo correspondiente a su jornada laboral, son Pro-am en otras cosas que llevan a cabo o producen en sus casas u otros ámbitos o espacios donde lo que producen se hace de manera colaborativa, o en cualquier otro lugar durante las horas que les quedan libres en el día. Muchas de las producciones podemos verlas en YouTube u otros canales online donde se comparten y podemos encontrar entre ellas miles de actuaciones de nivel profesional.

Hay tres factores que contribuyen a esto:

El código abierto permite el acceso a conocimientos y el intercambio de experiencias, Crowdsourcing es una nueva forma de valorar explícitamente las contribuciones de cualquiera que se atreva a participar, y con la economía compartida las personas obtienen beneficio económico de un talento específico que tienen.

Lo que comenzó como un intercambio de conocimiento ha dado lugar a una nueva forma de economía, así Pro-am empiezan negocios de pequeña escala. El análisis cuantitativo de procesos económicos destaca como el valor de la ambición, está migrando gradualmente de las esferas tradicionales del poder hacia los Pro-am, con medios para convertir sus pasiones y talentos en proyectos empresariales, y la ambición de liberarse de las garras de la economía convencional.

Las dinámicas que están surgiendo hoy en día tras la aparición de las nuevas tecnologías e internet, son dinámicas que, repetimos, ya existían en el pasado, muchas de ellas simplemente han desaparecido en los últimos siglos, pero las nuevas tecnologías e internet, nos están permitiendo recuperarlas y mejorarlas.

Se están poniendo en valor todos los conocimientos y saberes invisibilizados, se pone en tela de juicio el sistema educativo que tenemos, el valor del título académico, los espacios de aprendizaje no son solo las escuelas o las universidades, los procesos de aprendizaje son diversos, el conocimiento compartido apuesta por el bien común, compartir recursos, recuperar la pasión por hacer las cosas, la aparición del micromecenazgo y del Pro-am, todo ello nos encamina hacia la recuperación de valores más relacionados con nuestra calidad de vida y felicidad, con “hacer el bien” por el común y por los demás y también hacia una nueva tendencia socio-económica que se está convirtiendo en un nuevo emprendimiento.

1La tragedia del copyright. Bien común, propiedad intelectual y crisis de la industria cultural. Igor Sábada, Mario Domínguez, Jaron Rowan, RubEn Martínez, ZEMOS98

4 “Calibán y la bruja”, Silvia Federici, 2004.

5Amartya Sen,Desarrollo como Libertad, Editorial Planeta, Bogota,2004, p. 35

7Hospitalidad es un concepto usado por Antonio Lafuente y Andoni Alonso en Silencio y política . Aproximaciones desde el arte, la filosofía, el psicoanálisis y el procomún, 2014 ara describir la capacidad para la empatía y para dar acogida a las ideas de los demás o para transformarse en una plataforma ciudadana en la que la gestión se concibe como un servicio público.

10http://www.soonsoonsoon.com/soonoscope

Bibliografía y referencias:

http://www.innovationexcellence.com/blog/2013/07/02/pro-am-is-the-new-entrepreneurship/

http://blog.educalab.es/intef/2013/09/09/la-educacion-expandida/

http://nomada.blogs.com/jfreire/2011/08/qu-es-la-tecnologa-social.html

http://nomada.blogs.com/jfreire/2013/02/como-innovan-comunidades.html

http://elpais.com/diario/2007/03/17/opinion/1174086014_850215.html

http://vlcnews.es/2014/portada/benimaclet-estrena-una-escuela-de-artes-y-oficios-gestionada-por-vecinos/

http://es.wikipedia.org/wiki/Gayatri_Spivak

http://www.independent.co.uk/life-style/the-reith-lectures-professionals-and-amateurs-is-there-such-a-thing-as-an-independent-autonomously-functioning-intellectual-in-the-fourth-of-his-1993-reith-lectures-a-series-entitled-representations-of-the-intellectual-edward-said-considers-the-modern-pressures-that-challenge-ingenuity-and-will-this-is-an-edited-text-of-last-nights-radio-4-broadcast-1484964.html

http://ciesasoccidente.edu.mx/wp-content/uploads/2014/03/Edward-W.-Said-Representations-of-the-Intellectual-The-1993-Reith-Lectures-1996.pdf

http://www.youtube.com/watch?v=42ZvvuWu0ro. Doc. La escuela Expandida

Zemos 98. Diálogo trasngeneracional

Ciudad-Escuela.org

Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Silvia Federici.2004

La tragedia del copyright. Bien común, propiedad intelectual y crisis de la industria cultual. Igor Sábada, Mario Domínguez, Jaron Rowan, Ruben Martínez, ZEMOS98, 2013.

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