El diagnostico que cambió mi vida

Para la sesión de Antonio Lafuente
Desde mi infancia había padecido dolores de espalda que no tenían ninguna explicación aparente, algunos traumatólogos decían que era por una pequeña escoliosis en la zona lumbar, otros que los dolores se debían a las largas horas que pasaba frente a un atril tocando el violín. Me recomendaron nadar, ir a sesiones de fisioterapia, hasta usé por una temporada un corsé rígido que se sujetaba con velcros, para que en teoría me corrigiera la desviación de la columna lumbar.

Transcurrieron los años y me acostumbré a vivir con esas molestias, así que no le presté más atención. Hasta septiembre del 2008, con 22 años, que me aparecieron una serie de lesiones en diferentes partes del cuerpo sin ninguna causa. Primero una lumbalgia tan fuerte que me costaba respirar, pero hasta aquí todo parecía “normal”, la mayor parte de la población sufre fuertes lumbalgias en algún momento de su vida. Sin previo aviso a esta lumbalgia se le sumó una tendinitis en el hombro izquierdo, que me impedía hasta poder servirme un vaso de agua. A estas dos lesiones se le sumó un supuesto esguince en el tobillo derecho, todo esto sin haberme doblado nunca el pie o haber hecho algún movimiento busco que afectara el hombro. En diciembre, al ver el traumatólogo todas las lesiones que había acumulado en pocos meses, comenzó a pensar que había algo más que simples lesiones traumatológicas, y me si en mi familia existían antecedentes de enfermedades reumáticas, y era así, tanto mi abuelo como dos tíos paternos padecen enfermedades de origen autoinmune.

En este momento comenzó mi periplo, de medicación en medicación hasta dar con alguna que me ofreciera algún alivio, así fuese por tan solo unos meses, aunque los médicos siempre me prometan que se puede encontrar la indicada que me controle la enfermedad ya de por vida. Conté con la suerte de dar con reumatólogos que lograron darme un diagnóstico en pocos meses, Espondilitis Anquilosante. La EA es una enfermedad reumatológica de origen autoinmune, donde el sistema inmunológico del paciente ataca los tejidos articulares y tendones como si estos fueran agentes extraños a los que hay que destruir, lo que causa el dolor y la inflamación principalmente en los discos intervertebrales y en la minoría de los casos las articulaciones periféricas. Según la Sociedad Española de Reumatología “se estima que la prevalencia en poblaciones caucásicas se encuentra entre el 0,05% y el 0,23%. En poblaciones cercanas a los polos ésta es más elevada en relación con una mayor prevalencia del HLA-B27, en torno al 2,5%, y es especialmente elevada entre los indios Haida canadienses, donde se sitúa entre un 6-10%. También la frecuencia de EA en negros americanos es aproximadamente un cuarto de la existente entre caucásicos.

En Europa se ha estimado que puede rondar el 0,3 ó 1,8 % de la población.
Por otro lado, la incidencia ajustada por sexo y edad varía desde 0,3 en Japón hasta 6,9 en Finlandia o 7,3 en EEUU por 100.000 personas/año.”
Dar con el diagnóstico no fue algo tan sencillo como parece, cuando llegué por primera vez a la consulta de la reumatóloga lo primero que descartó fue la artritis reumatoide, que es mucho más común en mujeres que la EA. Las formas más severas de Espondilitis suelen verse en hombres, no en mujeres, por eso mi caso era extraño, tenía síntomas más severos que los que suelen desarrollar las mujeres con esta enfermedad. Semana a semana mi cuerpo se fue deteriorando a pasos agigantados, pronto ya no podía levantar el brazo derecho tampoco, sufría fatiga crónica, y el supuesto esguince empeoraba más y más, hasta llevar a los médicos a tomar en cuenta la posibilidad de cáncer de hueso. Para descartarlo me hicieron una gammagrafía, una prueba donde te inyectan una solución radioactiva para que se adhiera en las zonas donde existe lesión en el cuerpo y se pueda localizar las zonas problemáticas. El resultado fue mucho más allá de lo que se esperaba, los resultados se presentan en forma de un dibujo del cuerpo humano, con puntos de colores donde hay daños en el cuerpo. Mi Gammagrafía parecía un árbol de navidad, había puntos de colores desde la punta del dedo derecho hasta las cervicales y la articulación de la mandíbula, prácticamente todas las articulaciones del cuerpo estaban afectadas. Tobillos, rodillas, caderas, sacro, columna vertebral, articulaciones esternocondrales, hombros, mandíbula. En definitiva era mucho más fácil decir lo que no me dolía.

Al mismo tiempo que mi reumatóloga se reunía con el resto de reumatólogos del hospital donde me entendían, para discutir mi caso, mi familia y yo no parábamos de investigar en internet para intentar ponerle nombre a todo lo que me pasaba. Ya no me podía levantar de la cama sin ayuda, y hacia meses que ya que caminaba con muletas, con una fatiga tan severa que el sólo tomar una ducha me dejaba sin energías para el resto del día. Rastreando en la web dimos con una enfermedad que parecía explicar todo lo que me pasaba, pero en todos los portales médicos decía que era una enfermedad mayoritariamente de hombres y que en las mujeres solía ser menos severa. La forma de comprobar que era Espondilitis Anquilosante era haciendo la prueba del gen HLAB-27. A pesar de que tener el gen no significa que vas a desarrollar la enfermedad, todos los que padecen esta patología tienen el gen.

Después de investigar más sobre esta enfermedad estaba convencida de que era lo que tenía, así que decidí comentárselo a mi reumatóloga, quien también tenía esa sospecha. El resultado fue el que se esperaba, HLAB-27 Positivo. A partir de este momento que ya se le pone nombre a la enfermedad comienza el periodo más largo, encontrar el medicamento que pueda mantenerla bajo control y que me permita tener una vida normal.

Comencé con altas dosis de corticoides durante un tiempo prolongado, que me provocaron acné corticoidal e hirsutismo. Esto junto a Antiinflamatorios no asteroideos. Mi cuerpo se negaba a responder, así que decidieron sumarle una dosis semanal de 15mg de metotrexato, lo me causaba mareos y vómitos durante dos días, aparte de que provocaba de que perdiera bastante cabello (afortunadamente tengo mucho, así que nunca se notó a simple vista). Mis semanas no constaban de 7 días, solo 5, porque los otros dos los pasaba en cama con el malestar provocado por el metotrexato. Al pasar un par de meses mi reumatólogo se dio cuenta de que no respondía y no podían calmar el brote que me estaba dejando en cama. Así que me recomendó irme a la sanidad pública, porque allí me suministrarían los fármacos biológicos, que eran los únicos que controlaban casos como el mío.

El paso a la sanidad pública fue bastante rápido, no esperé durante meses para conseguir una cita, mi médico de cabecera se encargo de dámela y en cuestión de una semana ya estaba allí. A todas las medicaciones que llevaba decidieron sumarle el primer biológico que usé, Adalimumab (nombre comercial, Humira. Comercializado desde el 2003). En este momento ya comenzaron a aparecer los documentos que tenía que firmar aceptando que conocía tantos los beneficios como los efectos secundarios de la medicación. Se te informa por medio de un documento realizado por la “European Medicines Agency. Science Medicines Health”, donde se resume el Informe Público Europeo de Evaluación (EPAR) y explica como el Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) ha evaluado el medicamento y ha permitido su comercialización: “ El CHMP decidió que los beneficios de esta medicación son mayores que sus riesgos y recomendó autorizar su comercialización”. Entre los riesgos se encuentran infecciones pulmonares debido a las bajas defensas que provocan la medicación, anemia, dolores de cabeza, entre otros.

Para este momento estaba tomando cortisona, y AINE diariamente (Grageas), Metotrexato de manera semanal y el biológico cada dos semanas (Ambas soluciones inyectables). Al ver que el Metotrexato no me permitía tener una vida normal y me quitaba dos días de la semana por los malestares concluyeron que era intolerante a esta medicación, pero el medicamento biológico necesitaba otro farmaco de ayuda, porque sólo con el primero no podían controlar mi enfermedad, así que comencé a tomar Leflunomida (nombre comercial Arava), también suministrado por la farmacia del hospital al igual que el Humira.

Al comenzar con este medicamento también firmé un Consentimiento informado:

“Yo, ……….. en pleno desarrollo de mis facultades mentales y libremente, Autorizo a el Dr……….. y miembros del Servicio de Reumatología del Hospital ….., a realizar el tratamiento de ARAVA (Leflunomida).
Manifiesto que he sido informado por el Dr ….. del tratamiento que se va a llevar a cabo consiste en:
Arava 20 mg un comprimido diario
He sido igualmente informado de los beneficios que se espera obtener y del tipo de riesgos y efectos secundarios que pueden asociarse al tratamiento.
Declaro que: He comprendido toda la información que se me ha proporcionado y que mis dudas han sido acaradas satisfactoriamente.
Y para que conste, firmo el presento original”

No sé si he dado con los médicos que tanto deseaba encontrar Broyard en Ebrio de enfermedad; “quisiera un medico que no sólo fuese un médico de talento, sino que fuese por añadidura un poco metafísico. Alguien capaz de tratar el cuerpo y el alma. Hay un yo físico que ha enfermado, hay un yo metafísico que ha enfermado. Cuando uno muere su filosofía muere con él. Por eso quiero un hombre metafísico que me haga compañía. Para llegar a mi cuerpo, mi médico tiene que llegar a mi carácter. Tiene que atravesar mi alma” . Pero siempre he tenido la gran fortuna de encontrarme con médicos comprensivos, muy profesionales y realmente preocupados porque entendiera lo que me estaba pasando y por mi bienestar físico y mental.

Tal y como lo expone el documento, el médico aclaró todas mis dudas y me explico todos los pros y contras de la medicación. Siempre antes de hacer cambios de medicación lo ha discutido conmigo y me ha explicado todo lo que he necesitado. A pesar de esto, de lo que estoy infinitamente agradecida ¿hasta qué punto un enfermo crónico es realmente libre de autorizar la utilización de un medicamento u otro para controlar su enfermedad? Cuando estás en cama la mayor parte del día con fuertes dolores, las actividades más simples y cotidianas de la vida se convierte en un esfuerzo descomunal, no escuchas demasiado los contras, estas desesperado por recuperar tu vida, y sabes que no existe una gran lista de opciones en la que puedas elegir.

Mientras cambiaban de una medicación a otra hasta encontrar la idónea, apenas podía salir de casa, durante meses mi vida se resumía en ir al médico y a las sesiones diarias de fisioterapia. Intentaba mantener la cabeza ocupada, así que a pesar de que no podía ir a clase estudiar en cama y hacía el esfuerzo de presentarme a los examenes. Me negaba a aceptar que por culpa de la Espondilitis hiciera un año más de carrera, así que eso se convirtió en el motor que me ayudó a salir adelante. El estudiar ha sido, es y probablemente será mi refugio. Considero que la mejor manera de hacerle frente a una enfermedad crónica es centrarse en algo que te motive a levantarte todos los días de la cama y hacer lo máximo que puedas, nunca sentir autocompasión, siempre pensar que puedes hacer más de lo que ya estás haciendo, y no utilizar la enfermedad para justificar nada, al menos que se esté tan mal que ni se pueda pensar (estado al que se llega cuando se han tomado muchas medicinas para y dolor y el mismo dolor intenso prolongado durante días).

Después de casi seis meses saliendo de casa sólo al hospital y a fisioterápia comencé a dar mis primeros pasos sin muletas, estaba centrada en recuperarme por completo, levantar del todo los brazos y no tener que usar tobilleras y rodilleras, para esto la rehabilitación en piscina tuvo un papel muy importante. Así, poco a poco fui recuperando mi vida, aceptando que ya no iba a ser igual que antes y que mi cuerpo había cambiado.

Al año de comenzar con el tratamiento biológico me hice resistente a él, y una vez más me cambiaron la medicación a otra que se adaptara mejor a mi caso, Golinumab (nombre comercial Simponi y comercializado en Europa desde el 2009). Al año siguiente se repitió la historia, así que comencé con el tercer medicamento biológico, Etanercept (nombre comercial Enbrel). Con ambas medicaciones se siguió el mismo procedimiento que cuando comencé a utilizar Humira, se me explico todo lo referente a la medicación y se me dispensó en la farmacia del hospital, donde te explican como inyectarte la medicación y las mismas cosas que te expone el reumatólogo.

El sistema, por lo menos en el hospital que me atiende, se asegura de que no sólo sabes usar correctamente la medicación, también se aseguran de que entiendes como funciona y cuáles son los efectos que tiene en tu cuerpo, y si tienes una pregunta, por lo menos en mi caso, siempre se me ha respondido sin ningún problema, es más, mi médico me ha facilitado una dirección de correo electrónico donde puedo escribirle si me surge algún efecto secundario inesperado con la medicación o sufro un empeoramiento brusco de la enfermedad y no puedo ir a verle en el hospital. Las veces que he estado fuera del país y he tenido problemas de salud no he dudado en escribirle un correo electrónico, y como máximo en dos días ya he tenido una respuesta de mi reumatólogo.

Una vez más prefería ignorar los efectos secundarios que te advierten, de todas formas no puedo tener una vida “plena” si no uso estos medicamentos, así que no creo que tenga otra opción. Sé que mis posibilidades de desarrollar linfomas, infecciones del tracto respiratorio, infecciones graves, daños hepáticos son más altas por la medicación que uso, pero me compensa con cada día que me puedo levantar sola de la cama y no necesito a nadie para hacer una vida normal. Y tal y como lo dicen cada uno de los resúmenes informativos de la European Medicines Agency “El CHMP decidió que los beneficios de (el medicamento) son mayores que sus riesgos y recomendó autorizar su comercializción”.

Con el Embrel tuve una reacción alérgica en las zonas donde se aplicaba la inyección, y de nuevo tuvieron que cambiarla por otro biológico, Certolizumab Pegol (nombre comercial, Cimzia. Comercializado desde el 2009). Para comenzar con esta medicación se repitió el mismo procedimiento que con todos los medicamentos biológicos dispensados en la farmacia del hospital.

Llegados a este punto no puedo evitar pensar que puede llegar el momento en el que agote todas las opciones existentes y la enfermedad avance sin control. Los médicos siempre me dicen que eso es poco probable porque cada año se están haciendo nuevos descubrimientos sobre las enfermedades autoinmunes. El problema es que la investigación para la espondilitis anquilosante no recibe el mismo apoyo y la misma atención que reciben otras enfermedades autoinmunes más comunes, como la artritis reumatoide. Muchas de las medicaciones que he usado están hechas principalmente para la artritis reumatoide y pueden mitigar los síntomas de la Espondilitis. Al ser una enfermedad, que primero, no afecta a un gran número de personas y que no es potencialmente mortal, pero sí afecta de manera significativa la calidad de vida de los que la padecen, no recibe la suficiente atención.

Al ser el mío, un caso complicado, el Servicio de Reumatología del hospital donde se me atiende se puso en contacto conmigo para preguntarme si quería participar de manera voluntaria en dos investigaciones que se están llevando a cabo sobre la Espondilitis Anquilosante. Primero el reumatólogo que lleva la investigación habla con el paciente que va a participar y le explica en qué consiste, cual es el objetivo del proyecto y que es posible dirigirse a ellos en caso de tener cualquier duda sobre la participación y los derechos del paciente. Aparte de hablarlo se te facilita un documento con más detalles y se firma. No lo pensé dos veces y decidí participar, teniendo claro que es muy posible que no tenga ningún beneficio directo de este estudio, pero sí que podrá beneficiar en el futuro a pacientes con EA, debido a que la investigación puede prolongarse durante años.

También dedican un epígrafe del documento a la confidencialidad de las muestras que facilitas al proyecto:

“Toda información que se obtenga de analizar su sangre, así como la información clínica referente a usted utilizada en las investigaciones futuras, será considerada confidencial y tratada en consecuencia, de acuerdo con lo establecido en el Real Decreto 1720/2007, de 21 de diciembre, por el que se aprueba el Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal .

Para asegurar que la información de su muestra de sangre no se relaciona con su identidad, su muestra sólo irá identificada desde el momento mismo de la extracción con un código, no con su nombre. Sólo este código, y nunca su identidad, aparecerá en las bases de datos donde figure la información clínica o genética referida a usted. La relación entre su código y su identidad quedará custodiada por una persona autorizada del equipo investigador, adoptándose medidas estrictas para que tal información no esté disponible más que para este personal autorizado, que en ningún caso podrá desvelar su identidad a terceros. Así podemos asegurar que cualquier información que se obtenga a partir de su muestra de sangre permanece confidencial”.

En cuanto al tema del acceso a los resultados del estudio se repite lo que sucede en la mayoría de los estudios científicos que se llevan a cabo actualmente, no se puede acceder a ellos hasta ser publicados en la literatura científica, y para evitar que el paciente los exija argumentando que para llegar a esas conclusiones se utilizaron sus muestras expone que:

“La evaluación de los resultados se hará sólo por grupos (por ejemplo, varones/mujeres, grupos de edad, etc) y no de forma individual. Debe comprender que los resultados de valor que pudieran obtener provendrían del estudio de múltiples muestras, y en ningún caso de la suya exclusivamente.

Las implicaciones médicas de los resultados del análisis de las muestras de sangre, si es que las hay, sólo serán conocidas cuando se hayan completado los proyectos de investigación. Por todo ello, es importante que comprenda y acepte que no se le facilitará a usted ni a sus médicos los resultados del análisis, excepto que durante algún estudio se generasen datos relevantes para su salud que usted debiera conocer si ese fuera su deseo.”

Para tener acceso a todos estos documentos que describo sólo tuve que escribir un correo electrónico a mi reumatólogo y en dos semanas ya tenía en mis manos todos los documentos que había solicitado.

Las asociaciones de enfermos, los amateur de la EA

En España existen unas 20 asociaciones de apoyo al paciente con Espondilitis Anquilosante . Estas asociaciones, aparte de prestar apoyo psicológico a quien acuda a ellos tienen como función principal informar tanto a pacientes como a profesionales sanitarios sobre la EA. Consideran que un paciente informado sobrelleva la enfermedad de una manera más positiva que quién desconoce lo que está sucediendo en su cuerpo.

Para estar en contacto con los pacientes hacen excursiones, congresos con la participación de Reumatólogos especialistas en EA, gestionan páginas web, blogs y grupos en redes sociales. El más grade de estos grupos es el Grupo de Espondiliticos en Facebook, con más de 700 integrantes de toda España y algunos de otros países de habla hispana. El grupo fue creado y está gestionado por Pedro Cruz Gallardo, integrante de la Junta Directiva como Vocal de Comunicación de la Asociación Extremeña de Pacientes con Espondilitis (AEXPE), a su vez forma parte del Gabinete de Comunicación de CEADE. Me comenta que desde hace cinco años dedica su día a día a promover la información sobre la EA “prácticamente le dedico todo el día a buscar información sobre la EA, últimas noticias, jornadas, congresos, investigaciones, nuevos medicamentos. Toda esta información rápidamente la canalizo y comparto en las distintas Redes Sociales”. La desinformación con la que se encontró hace 34 años, cuando fue diagnosticado, hizo que se volcara con esta comunidad de enfermos. El Grupo de Espondiliticos cuenta con la participación activa no sólo de Pedro, también de todos los pacientes que desean contar su historia, recibir alguna palabra de apoyo o más información sobre su patología. El empoderamiento de estos enfermos depende de lo informado que estén y la capacidad que tienen para usar las nuevas tecnologías para su causa.

Pedro me cuenta que afortunadamente la comunicación entre las asociaciones y los profesionales sanitarios es bastante fluida. Periódicamente se reúnen tanto pacientes como especialistas en EA en conferencias organizadas por las distintas organizaciones que se encuentran en toda la geografía Española. A estas conferencias puede asistir todo aquel que lo deseé, no es necesario estar asociado a alguna organización de enfermos, porque uno de los principales objetivos de estas conferencias es aportar mayor visibilidad a la enfermedad y a todos aquellos que la padecen, al ser una “enfermedad invisible” en sus estadios más tempranos, a la mayoría de las personas les es difícil comprender lo incapacitarte que puede llegar a ser en los momentos de brote. A esta causa ha servido de gran ayuda el guitarrista del grupo musical “El sueño de morfeo”, quien realizó un cortometraje donde cuenta como es el día a día con su enfermedad.

A pesar de lo positivas que pueden resultar estas asociaciones para muchos enfermos, para muchos otros puede ser contraproducente el leer constantemente la evolución que puede tener su patología, los daños irreparables que puede sufrir su cuerpo o el revivir su historia al leer la vivencia de un paciente que acaba de ser diagnosticado. A algunos enfermos sus psicólogos les recomiendan mantenerse al margen de todo esto, para no vivir inmerso en el mundo de la enfermedad la mayor parte del día.

Lo que es un hecho es que la información es poder, y un paciente informado puede tomar mejores decisiones para evitar daños irreversibles en su cuerpo, sabe que el ejercicio es de vital importancia para evitar la pérdida de movilidad, conoce las medidas que debe tomar para minimizar las probabilidades de desarrollar algún efecto secundario de la medicación que está tomando, en definitiva, un paciente informado puede llevar una vida más plena porque sabe que medidas debe tomar para hacer su día a día más llevadero.

 

Referencias:

.- Sociedad Española de Reumatología. http://www.ser.es/practicaClinica/espoguia/espondilitis_anquilosante_6/epidemiologia.php. Consultado el 18 de abril del 2014.
.- Terapia biológica. Recomendación 159. Cuando esté indicado el uso de un anti-TNFα en la EA, la elección de uno u otro dependerá del criterio médico y las manifestaciones y circunstancias particulares de cada paciente.
Actualmente disponemos de tres antagonistas del TNF-α: ETN, IFX y ADA, con indicación registrada para la EA. Para ver su indicación, posología, eventos adversos y monitorización vayan a las tablas 46 y 47.
Los tres agentes biológicos son efectivos en la EA401, pero no hay datos que avalen la superioridad de un antagonista del TNF-α sobre otro, por lo que la elección concreta dependerá del criterio médico y las circunstancias particulares de cada paciente.” Sociedad Española de reumatología. http://www.ser.es/practicaClinica/espoguia/espondilitis_anquilosante_6/tratamiento.php. Consultado el 02 de mayo del 2014.

.- Broyard Anatole. Ebrios de enfermedad y otros escritos de la vida y la muerte. Ediciones La uÑa RoTa. España. 2013. Pag 68.

.- REAL DECRETO 1720/2007, de 21 de diciembre, por el que se aprueba el Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de protección de datos de carácter personal.
La actual Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre de Protección de datos de carácter personal adaptó nuestro ordenamiento a lo dispuesto por la Directiva 95/46/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 24 de octubre de 1995, relativa a la protección de las personas físicas en lo que respecta al tratamiento de datos personales y a la libre circulación de estos datos, derogando a su vez la hasta entonces vigente Ley Orgánica 5/1992, de 29 de octubre, de Regulación del tratamiento automatizado de datos de carácter personal. a nueva ley, que ha nacido con una amplia vocación de generalidad, prevé en su artículo 1 que «tiene por objeto garantizar y proteger, en lo que concierne al tratamiento de los datos personales, las libertades públicas y los derechos fundamentales de las personas físicas, y especialmente de su honor e intimidad personal». Comprende por tanto el tratamiento automatizado y el no automatizado de los datos de carácter personal.

A fin de garantizar la necesaria seguridad jurídica en un ámbito tan sensible para los derechos fundamentales como el de la protección de datos, el legislador declaró subsistentes las normas reglamentarias existentes y, en especial, los reales decretos 428/1993, de 26 de marzo, por el que se aprueba el Estatuto de la Agencia de Protección de Datos, 1332/1994, de 20 de junio, por el que se desarrollan determinados aspectos de la Ley Orgánica 5/1992, de 29 de octubre de Regulación del tratamiento automatizado de los datos de carácter personal y 994/1999, de 11 de junio, por el que se aprueba el Reglamento de Medidas de seguridad de los ficheros automatizados que contengan datos de carácter personal, a la vez que habilitó al Gobierno para la aprobación o modificación de las disposiciones reglamentarias necesarias para la aplicación y desarrollo de la Ley Orgánica 15/1999.

Por otra parte, la Ley 34/2002, de 11 de julio, de Servicios de la sociedad de la información y de comercio electrónico y la Ley 32/2003, de 3 de noviembre, General de Telecomunicaciones atribuyen competencias en materia sancionadora a la Agencia Española de Protección de Datos. Éstas requieren de desarrollo reglamentario con la peculiaridad de que ambas normas se ordenan a la tutela no sólo de los derechos de las personas físicas, sino también de las jurídicas.

.- Página web de CEADE. http://www.espondilitis.es/index.php/component/content/article?id=1

.- Lafuente Antonio, Corsín Jiménez Alberto. Comunidades de afectados, procomún y don expandido. Pag 6.

 

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