variables libres

Texto para Antonio Lafuente

Sabemos que, en matemáticas, cuando superamos cierto número de variables en una ecuación, el problema se vuelve inabarcable. La solución es quedarnos con el número de variables que podemos controlar para resolver el problema, todo lo demás es excluido como irrelevante, minoritario o accesorio. Con nuestras formas de medir ocurre lo mismo, son convencionales y las generamos eliminando sistemáticamente las características que están en minoría buscando un estándar. Todas las variables excluidas han sido proscritas, criminalizadas y tomadas como una amenaza. El peligro es lo irresoluble, lo imprevisible, lo incontrolable…

Probablemente desde simpre, el mecanismo que nos ha hecho avanzar ha sido la irrupción de las variables descartadas en el problema. Las cosas no cambian porque haya nuevos paradigmas o revoluciones (en el sentido de Kuhn) sino porque de pronto hay que tomar en cuenta otras formas de mirar que no podemos seguir manteniendo aisladas y excluídas. Hay que admitir que se puede estar en el mundo de otra manera. Una de esas variables emergentes son los amateurs. Las nuevas tecnologías han hecho posible la emergencia de grupos que reclaman su espacio, su diferenciación, su papel como nuevos agentes. Los amateurs son una fuente de innovación social surgida de un anhelo colectivo.

La emergencia de los amateurs coincide con la crisis de los expertos y con la necesidad de liberar el conocimiento. No hace mucho que ha trascendido la corrupción y las malas prácticas dentro de la institución que bajo las reglas mertonianas (CUDOS) se suponía trabajaba para el bien común y que pensábamos era una empresa y una comunidad fiable: la ciencia y los científicos. Hay muchos elementos que nos hacen pensar que hemos sido ingenuos:

El sistema de peer review penaliza la innovación, no desempeña un auténtico control de calidad y alimenta el sistema establecido; el índice de impacto, que se ha extrapolado y ahora es un indicador de productividad parte de la cultura de la auditoría en la que todo queda reducido a parámetros medibles; la publicación de ensayos clínicos incorrectos, los intereses comerciales detrás de las investigaciones que ponen de manifiesto cómo los científicos están obligados por los parámetros de las corporaciones y no por la producción de conocimiento; las leyes de propiedad intelectual y la privacidad del conocimiento, leyes que están deteniendo el progreso de la ciencia. Las patentes se crearon para estimular a los gremios a liberar conocimiento pero se han convertido en una forma de mantenerlo cerrado.

Abrir la ciencia es una necesidad para todos. Todo lo anterior pone en cuestión a los expertos, socaba los cimientos de la estructura social en que vivimos y su autoridad en la gobernanza del conocimiento.

Abrir el conocimiento pasa por desligar autoría y propiedad. Casos como el del grupo Magic Lantern han hecho del software libre el modelo a seguir: Magic Lantern es un grupo de hackers aficionados a la fotografía que trabaja online y de forma colaborativa desarrollando un software que funciona en cámaras de fabricantes como Canon. El software de ML proporciona mejor calidad en la imagen y mejores prestaciones que las del propio fabricante. Ser autor en este contexto significa ser el primero en publicar una línea de código, un código que no es de nadie y pertenece a todos. La comunidad ML es un modelo de producción e innovación colaborativa. ML libera un conocimiento que las corporaciones mantienen bajo llave limitando a propósito, por razones estrictamente comerciales, las características de los dispositivos que venden.

Hasta ahora la innovación se ha intentado planificar dentro de las instituciones. La irrupción de un nuevo mundo ha demostrado la mayor eficacia de la innovación social. Un ejemplo es el caso de Flicker. En el modelo institucional, las agencias de fotografía invertían sus recursos en el mantenimiento de una estructura que garantizara una calidad y un proceso de innovación controlado. Las agencias pagaban a unos pocos expertors fotógrafos cuyo trabajo garantizaba un estándar. Flicker está hecho a partir de la aportación de millones de fotográfos, en su inmensa mayoría amateurs que comparten sus fotos por el placer de hacerlo. Una plataforma como flicker demuestra que la mejor foto no tiene porqué venir de un experto y que los procesos de innovación en estructuras controladas no son tan eficaces. Volviendo a la ciencia, un caso similar es el de Innocentive, una plataforma donde cualquiera puede aportar soluciones innovadoras a cuestiones científicas o técnicas a cambio de un premio, o el Polymath project, una iniciativa de Tim Gowers para resolver problemas matemáticos de forma colaborativa. En estos casos la innovación viene a partir de la participación de millones en lugar de un puñado de expertos. La innovación social e innovación abierta implica admitir la presiencia de actores a los que no prestamos atención y que irrumpen de forma inesperada. Más allá de cuestiones políticas, la producción social, la producción paritaria basada en bienes comunes (Benkler) son simplemente formas más eficaces de conseguir resultados innovadores.

Toda la producción inmaterial y cultural funciona como la ciencia: enseñar a la gente a ser autor, a ser original, para después ser propietarios de esas originalidades.

No hay una élite que tenga el patrimonio de lo artístico “todos los seres humanos son artistas” reclamaba Joseph Beuys, “A mi juicio, el arte (institucional) ha llegado a un término, toca a su fin y ahora comienza un periodo en que asoma la necesidad de un arte social” efectivamente Beuys propone un nuevo proyecto para conducir a la sociedad en su conjunto hacia una nueva forma. El arte dejaría de moverse en el eje del poder-control institucional para ser patrimonio de la vida de todos.

Ciencia ciudadana

La incorporación de nuevos actores implica también una innovación epistémica. La inclusión de las minorías, que es una cuestión de justicia social, implica además una transformación en las propias formas de conocer: darle valor a lo que antes no lo tenía, reconocer una pluralidad que aunque contraegemónica en un principio, acabará intergrándose en el paradigma. Hay que reconfigurar la dimensión cognitiva, política y social de los amateurs.

Es en este sentido como se puede hablar de ciencia ciudadana. Aquellos individuos o grupos que solamente hablan de su propia experiencia y no de conocimientos genéricos sobre ciencia, acaban teniendo un conocimiento igualmente contrastable y valioso. La ciencia ciudadana es un instrumento potencialmente capaz de construir conocimiento relevante y riguroso sin estar supeditada a la opinión de los expertos. Las rebeliones de enfermos no lo son solamente contra la autoridad académica de los médicos sobre los enfermos sino también contra el discurso sobre lo que les pasa. La lucha por un estatuto de ciudadanía (reconcocimiento y legitimación) implica la construcción de una forma de hablar, la construcción de un lenguaje. El proceso de búsqueda de un diagnóstico se hace en internet y en tiempo real a través de la experiencia de miles de enfermos que tratan de saber lo que les ocurre. Es un experimento a gran escala. Se ajusta a lo que entendemos por ciencia experimental. Este proceso es paralelo al del software libre y las sucesivas versiones de código. Los enfermos tienen teorías y utilizan un lenguaje que va ajustándose cada vez mejor a su experiencia común de la misma manera que el código se hace mejor al ser contrastado e implementado por los demás desarrolladores.

Lo hemos visto en el caso de colectivos de autistas reclamando el reconocimiento de una nueva identidad ontológica: no tienen autismo sino que SON autistas. No son enfermos o pacientes, se consideran atípicos, tienen un cerebro con una disposición distinta que les hace sentir y pensar de otra manera. Reclaman su orgullo, reclaman que no se hagan leyes para ellos. Esta reclamación pone de manifiesto otra forma de estar en el mundo: no toda la relación con el mundo es la de yo contra el afuera, es posible ver los objetos como algo no distinto a mi, una relación que no intenta explicar ni poner orden en el mundo.

Todos estos colectivos y esta ciencia colateral viene a inventar un lenguaje, el de la percecpción de nosotros mismos. Es imposible saber lo que significa enunciar algo si no se sabe desde dónde se enuncia, desde qué cuerpo. La ciencia es muy habilidosa para encontrar palabras y pensar lo estandarizado, lo normalizado, pero no para la excepción. Lo que ocurre es que esa minoría ahora se hace visible, tiene las herramientas para hacerse ver.

Desde la perspectiva institucional actual los instrumentos científicos están bien calibrados cuando obvian al que lo utiliza. Hay que cambiar esa perspectiva para que los instrumentos den medidas reales, hay que calibrar los instrumentos teniendo en cuenta la propiocepción, teniendo en cuenta cómo es cada uno.

Relatos posibles. La ciudad como experimento

Los amateurs están interviniendo en muchas capas de la urbe. También en una capa que a priori quedaba fuera de su alcance, la del urbanismo y las infraestructuras de la ciudad. Los ciudadanos reclaman su derecho a la infraestructura y a infraestructurar. Los elementos urbanos diseñados y fabricados por ellos contribuyen al equipamiento de las areas cercanas y son las infraestructuras que posibilitan nuevas relaciones sociales y políticas; pero también funcionan como elementos simbólicos o iconográficos, viajan como documentos open source y especificaciones técnicas que son compartidas en la red (como la página de Inteligencias colectivas, thingdiverse y otras plataformas relacionadas) También viajan como fotografías, bocetos y diagramas posteados en facebook o twitter.

El proceso de infraestructurar hace visible y legible los lenguajes, media, inscripciones, artefactos, dispositivos y relaciones a través de los cuales las agencias políticas y sociales se dotan de capacidad expresiva.

Contra el relato de la ciudad que se hace desde la institución, el relato espectacular, donde la ciudad se concibe como una maqueta en la que que la gente habita, jalonada de eventos vendibles y comercializables como Eurovegas, las olimpiadas, etc; la emergencia de los amateus ha propiciado un nuevo relato alternativo: la ciudad como experimento.

Los amateurs están llenando la ciudad con dispositivos como sensores, redes, mobiliario, relaciones (asambleas). Este tipo de intervenciones implican desafíos a la institución, a los estándares técnicos, a la legislación y en definitiva al marco de gobernanza actual. Como ocurría con la ciencia ciudadana, estas intervenciones son prototipos en beta que mejoran y se desarrollan al ser contrastadas por las aportaciones de los demás, y al igual que las de la ciencia ciudadana, se pueden considerar con el mismo valor epistémico que las que provienen de un laboratorio, ya que a todos los efectos, cumplen las normas básicas de cualquier actividad experimental:

– Se desarrolla en un espacio concreto.

– Se necesita una comunidad de confianza, testigos que verifiquen el experimento, credibilidad.

– Instrumentos de medición y sistemas para comunicar, para hacer público el experimento.

Todas estas condiciones de la ciencia experimental se dan hoy en nuestras calles: los lugares son las plazas, los solares y los huertos, (campo de la cebada, esta es una plaza…) las comunidades de confianza son las asambleas populares y las iniciativas ciudadanas; los instrumentos de medición son el hardware abierto, las licencias libres, la cultura logográfica, nuevos sistemas de archivo e inscripción.

Todo ello nos sirve para elaborar un relato propio de la ciudad, un relato contraegemónico, un relato con un lenguaje no estandarizado al margen de la normativa vigente. La acción amateur en la ciudad es una experimentación. El resultado es una ciudad en beta, algo no terminado. Donde lo importante no es tanto que el resultado sea exitoso sino que se prototipe una forma nueva de gobernanza.

Los amateurs de Magic Lantern o Flicker, los grupos de enfermos, los hackers urbanos, etc. persiguen un conocimiento que entienden como patrimonio de todos. Estos grupos se articulan en torno a un saber especiífico que les preocupa. Les preocupa porque tener conocimiento sobre los hechos, riesgos y posibilidades nos ayuda a sobrevivir en este mundo. Conocer es una necesidad si queremos mejorar nuestras vidas. Se introduce así un componente político en el conocimiento. Reclamar el derecho a conocer y expandir la producción de conocimiento deviene por consiguiente una tarea de los ciudadanos, una tarea política.

 

Bibliografía / videografía

– Antonio Lafuente, Andoni Alonso. Right to Know, New Technologies and New Communities of Citizenship.

– Antonio Lafuente y Andoni Alonso, 2013. Taller de prototipado: la hospitalidad como cultura y como tecnología

Alberto Corsín. 2014. The right to infrastructure: a prototype for open source urbanism. Environment and Planning D: Society and Space 2014, volume 32, pages 342 – 362

– S. Kuznetsov & Ec Paulos, 2010. Rise of the Expert Amateur: DIY Projects, Communities, and Cultures. Proceedings: NordiCHI, October, 16–20, 2010

Antonio Lafuente. 2014. Conferencias en Medialb-Prado. http://cccd.es/wp/asiganturas/tecnociudadanias-y-procomun/

– Amanda Baggs. In my lenguage http://www.youtube.com/watch?v=JnylM1hI2jc

– Fred Turner, Burning Man at Google. A Cultural Infraesructure for a New Media Production http://www.youtube.com/watch?v=_TSIhOyXk5M&feature=youtu.be

– Michael Nielsen, Open Science TED-Waterloo http://www.youtube.com/watch?v=DnWocYKqvhw

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