Ciencia abierta, acceso a la información y publicaciones open Access

(Seminario de Antonio Lafuente)

1.- El conocimiento abierto. Un bien especial.
El conocimiento es un bien especial porque no se agota cuando se comparte: compartir ideas no empobrece al que las comparte, por esa razón, explican Antonio Lafuente y Andoni Alonso, debería ser fácil de aceptar el conocimiento abierto, porque no genera desigualdades (Lafuente y Alonso, 2011). Además, como apunta Bruno Moulia, en el ámbito de la ciencia el conocimiento solo se ve realmente realizado cuando el nuevo conocimiento que se ha generado es usado por otros; la publicación y apertura de las investigaciones científicas sería el medio para conseguirlo (Moulia B. et al., 2013).

La ciencia abierta es uno de los estandartes del movimiento del conocimiento abierto, “es un movimiento cuyo objetivo es la accesibilidad de las investigaciones científicas para todos los ciudadanos”[1] , se trata de poner a disposición del público tanto los resultados de las investigaciones como los datos con los que se ha trabajado para realizarla. Una ciencia en la que las patentes y los derechos de copyright no prevalecen sobre el interés público del conocimiento generalizado.Son muchos los argumentos a favor de la ciencia abierta:

– acceder a los avances de nuevos métodos para curar enfermedades

– permitir a cualquier profesional mantenerse al día con los avances en sus áreas de trabajo tras haber dejado la universidad

– permitir el acceso a todo tipo de investigaciones en países con menos recursos

– evitar duplicar el trabajo

– o facilitar el trabajo de investigación interdisciplinar.

Todos estos motivos sin embargo no han sido suficientes para revertir la falta de acceso abierto al conocimiento científico. Existe un problema latente pero no con la ciencia y el conocimiento sino con la política científica que, como apuntan Lafuente y Alonso, es usada por gobiernos, empresas y grupos de interés para lucrarse, para invertir ciegamente en progreso y para defender posiciones prepotentes (Lafuente y Alonso, 2011).

El sistema de publicaciones académicas es el paradigma y la columna vertebral de este problema, su mal funcionamiento tiene un efecto devastador para la ciencia puesto que es un elemento clave en el desarrollo de la misma, ese acto por el cual los investigadores comparten sus resultados con sus colegas abriéndolo al elogio o a la crítica (Moulia B. et al., 2013); es decir, generando reflexión. En todo el mundo, los académicos e investigadores deben pagar en la mayoría de los casos por publicar en las revistas más prestigiosas que son las que otorgan créditos que después serán reconocidos por la propia academia para su promoción profesional. Estas revistas o publicaciones a su vez también son de pago por lo que los académicos, y cualquier persona, deben pagar de nuevo para poder leer el contenido de las mismas.

Este sistema está ordenado por un oligopolio liderado por seis casas de publicaciones que mantienen el 50% del total de las publicaciones científicas (Moulia B. et al., 2013). Han formado una estructura a través de la cual abusan de ser las dueñas de revistas de prestigio -que ofrecen a precios desorbitados- para vender el resto de publicaciones, de menor calidad, en forma de packs. Esta era una de las críticas que hacían los impulsores de la campaña “the cost of knowledge” (el precio del conocimiento) a través de la cual un grupo de académicos aprovechaban un problema particular con una revista concreta para reivindicar la necesidad de abrir el conocimiento y de modificar el sistema de publicación académica.

La propia Universidad de Harvard llegó a hacer un llamamiento para exponer que no podía seguir costeando las suscripciones de su biblioteca por la gran subida de precios y redactó una serie de recomendaciones dirigidas a sus alumnos e investigadores para que publiquen en open access y así empezar a plantear soluciones a largo plazo. Otros actores reconocen esta problemática: el Parlamento Británico destacó en un estudio que realizó en 2012 sobre las publicaciones académicas que, en paralelo a estas subidas de precios, los presupuestos destinados a las bibliotecas iban decreciendo.

La publicación científica es un bien no sustituible: si un investigador necesita de un artículo concreto no puede en su lugar usar uno más barato (Moulia B. et al., 2013). De ahí la necesidad de replantear este sistema y de ahí surge la segunda clave para la apertura de la ciencia, la responsabilidad de los gobiernos que de momento no están apostando por políticas que reviertan la situación de opacidad en torno a la ciencia financiada con dinero público.

Hay algunos países como Estados Unidos y el Reino Unido que cuentan con espacios donde se publican de forma abierta las investigaciones académicas financiadas con fondos públicos. En Estados Unidos esta apertura se limita al National Institute of Health (Instituto Nacional de Salud) mientras que en el Reino Unido se avanza desde comienzos de 2014 hacia una apertura total de las investigaciones financiadas con dinero público (datos y resultados). Si bien no soluciona completamente el problema puesto que el conocimiento financiado con fondos privados va a seguir siendo solo accesible para los que lo pueden pagar, esta vía abierta por el Reino Unido sí ofrece algo de esperanza.

Desde el punto de vista de los contribuyentes el sistema de publicaciones académicas es un claro ejemplo de una doble imposición, pagamos para que se desarrollen investigaciones y des-pués debemos pagar por acceder a las mismas, “si el contribuyente es el que ha pagado para que se pueda realizar una investigación es injusto que los ciudadanos tengan que volver a pagar para leerlas”, apuntaba el ministro británico de Ciencia y Universidades, David Willetts, en una entrevista concedida al diario The Guardian.

Además desde el punto de vista de las leyes de acceso a la información pública, deberíamos por norma tener acceso a todo aquello que esté financiado por fondos públicos por lo que el sistema actual no sería legal.
Nos encontramos por lo tanto con dos obstáculos. Por un lado, el sistema de publicaciones académicas depende de unas empresas que no han adaptado el precio de sus publicaciones ni a la crisis ni a los nuevos métodos de distribución que ofrece internet; y por otro lado, los gobiernos no hacen frente a este sistema que impide a sus ciudadanos acceder a una información que les pertenece y que han pagado con sus impuestos.

Pasamos a analizar un poco más de cerca este caso esperando encontrar algunos brotes verdes que favorezcan la ciencia abierta como norma y no como excepción.

2.- The cost of knowledge y otras campañas por la apertura de la investigación académica.

En diciembre de 2011, se presentó en el Congreso de los Estados Unidos el Research Works Act. Era un nuevo intento de aprobar una ley para limitar el acceso a las investigaciones finan-ciadas con dinero público en EEUU (en concreto, las únicas totalmente abiertas por ley en ese país son las del Instituto Nacional de Salud).

Comienza entonces una campaña contra esta norma. En paralelo también surgen numerosas campañas en otros países a favor de la ciencia abierta y llamando a hacer boicot a distintas pu-blicaciones académicas por considerar que estas estaban abusando de su posición en detrimento de la ciencia.

The cost of knowledge fue una de esas campañas; iniciada por un grupo de académicos, dedicados concretamente al estudio de las matemáticas. A través de esta iniciativa hacían un llamamiento a que los académicos se comprometiesen a no publicar, a no citar y a no formar parte de una junta editorial de la revista Elsevier. Este boicot cuenta a día de hoy con 14568 firmantes. Sus argumentos son los siguientes:

– Que no se entiende que las bibliotecas gasten cada vez más dinero en revistas cuando el precio de estas debería haber bajado ya que su coste de producción ha bajado. Ya no deben pagar por imprimir copias y distribuirlas por todo el mundo; y los editores y autores realizan este trabajo voluntariamente, forma parte de sus sueldos pagados por las universidades en las que trabajan.

– Que la opción de crear nuevas revistas o empezar a publicar en otras revistas no es tan sencilla ya que muchos académicos prefieren publicar en revistas de referencia que son las que aportan prestigio. Estas revistas sin embargo han hecho bien poco para merecer dicho prestigio. El valor lo han aportado los investigadores de forma voluntaria, por eso no se entienden los precios desorbitados.

– Se centran en Elsevier porque por un lado es una de las revistas especializadas en matemáticas más caras del mundo y porque, al contrario de otras, no ha invertido nada en publicaciones menos rentables como libros de texto; además, esta revista ha publicado artículos esponsorizados por empresas farmacéuticas y ha hecho lobby a favor de la mencionada Research Work Act, en contra del acceso libre a las publicaciones del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos.

Las alternativas a este tipo de publicaciones son diversas, algunos plantean eliminar el sistema de revistas y sustituirlo por un sistema más adaptado a la era de Internet y a las nuevas formas de distribución electrónica; otros apuestan por mantener el sistema de publicaciones en revistas pero añadir el criterio del open access a estas publicaciones; y otros simplemente creen que habría que sustituir a las empresas distribuidoras por entidades sin ánimo de lucro como asociaciones de profesores.

La clave es que todos defienden la necesidad de un cambio, muchos académicos se declaraban cansados de mantener un sistema claramente injusto y contraproducente para la ciencia.

Son cada vez más las campañas que quieren dar el toque de atención. Los firmantes de Research Without Walls y de Open Access Pledge se comprometían a participar (como escritores, editores o lectores) únicamente en aquellas revistas que publicaran en abierto. En Francia la Universidad de Grenoble impulsaba una campaña para renegociar los acuerdos firmados con distintas editoriales que consideraban completamente insatisfactorios.

Aunque este tipo de campañas suelen estar dirigidas a los propios académicos también se ha intentado incluir a la sociedad en esta lucha, en julio de 2012 en Estados Unidos se pidieron firmas a través de la plataforma Care2 para parar el Research Work Act, consiguieron 9840 firmas.

También existen organizaciones de la sociedad civil como la Open Knowledge Foundation que tiene un grupo de trabajo dedicado a la promoción de la ciencia abierta, su eslogan: “la apertura significa una ciencia mejor”. Su trabajo en este ámbito se centra en tres líneas open data (apoyan la publicación de los datos científicos en formatos abiertos [2] ), open access (acabar con las revistas de pago que obstaculizan el acceso [3]) y open research (fomentar las investigaciones en abierto que permitan la colaboración de la gente ) que desarrollan a través de la creación de distintas herramientas, aplicaciones, bases de datos y guías.

3.- Las leyes de acceso a la información y otros mecanismos legales pro apertura.

Desde el punto de vista legal no existen hoy en día normas que obliguen explícitamente a la apertura de las investigaciones científicas de forma generalizada (a excepción del Reino Unido que analizaremos a continuación) pero si de forma implícita.

La premisa sobre la que se basa el derecho de acceso a la información es que toda la información en manos de instituciones públicas o de entidades financiadas con dinero público, debe estar disponible para la sociedad (con una serie de limitaciones legítimas establecidas en las leyes de acceso a la información como el derecho a la privacidad o la seguridad nacional). El derecho de acceso a la información, hoy reconocido como derecho fundamental por numerosos organismos internacionales (TEDH, ONU, CIDH, OSCE…[4]) y plasmado en más de 95 leyes a nivel nacional, puede y debe ser una de las bases sobre las que impulsar la ciencia abierta.

Las Universidades públicas son entidades que deben adoptar la transparencia como uno de los ejes principales de su funcionamiento. Pero no basta con publicar la información administrativa que da cuenta de su gestión. La planificación de recursos dedicados a la investigación también debe publicarse, así como los resultados de dichas investigaciones. En este caso la transparencia es fundamental para cumplir el principio democrático de apertura y claridad de la gestión pública, pero también para cumplir de manera más eficiente con la función principal de las universidades que es la creación y divulgación científica.

Entre los organismos internacionales que desde hace tiempo recomiendan la apertura de las investigaciones públicas encontramos a la Unión Europea que a través de su programa Horizonte 2020 financiará investigaciones que deberán ser de acceso abierto. El objetivo es que el 60 % de los artículos de la investigación financiada con fondos públicos europeos pueda consultarse libremente para 2016.

Por otro lado la OECD publicó en 2007 los Principios y Guía para Acceder a datos de investigaciones publicados con dinero público. Estos principios se redactaron tras un largo proceso de consulta del que se extrajeron, entre otras, dos conclusiones importantes: que los miembros de la OECD apenas han avanzado hacia la implementación de políticas destinadas a la apertura de las investigaciones científicas y que dicha apertura es vista como un criterio fundamental para mejorar las investigaciones y facilitar investigaciones interdisciplinares. Los principios son los siguientes: apertura, flexibilidad, transparencia, conformidad legal, protección de la propiedad intelectual, responsabilidad formal, profesionalismo, interoperabilidad, calidad, seguridad, eficiencia, rendición de cuentas y sostenibilidad.

4.- La apertura de las investigaciones en el Reino Unido: un modelo a seguir.

A pesar de ser pocas las pocas iniciativas públicas que están impulsando la ciencia abierta como norma, si encontramos en el Reino Unido un modelo a seguir. Este país es el que con más determinación ha afrontado el reto de hacer la ciencia más abierta, desde enero de 2014 ya es un hecho que las investigaciones financiadas con dinero público deben ser puestas a disposición de la sociedad de forma abierta.

Esta nueva política se presenta de forma amistosa para las revistas ya que de momento el compromiso del Gobierno británico es el de seguir pagando por las suscripciones y en paralelo crear un espacio público de publicaciones académicas a cargo del erario público.

En el Reino Unido los investigadores que aceptan una beca pública de estudio o de investigación se comprometen a cumplir con una determinada política de gestión de la información que incluye la obligación de entregar, pasados tres meses de la finalización de la beca, cualquier dato creado o reutilizado durante el tiempo que dure la misma. La información que deben entregar incluye los datos que se recaban durante la investigación así como el resultado de la misma. Los datos deben ser entregados al UK Data Service, organismo público encargado de ofrecer y organizar datos para la investigación social y económica.

Es importante destacar que este modelo es único y un gran ejemplo para las políticas venideras en esta materia. Como hemos visto no solo implica la publicación de las investigaciones finan-ciadas con dinero público sino que también recolecta, ordena y pone a disposición del público los datos con los que se ha trabajado para desarrollar las distintas investigaciones. Esto implica un compromiso por la apertura pero también por la gestión de la información que se posee, una inversión fundamental para que el acceso a los datos sea realmente posible.

5.- Las revistas open access y la creación repositorios de datos científicos.

Al tiempo que se desarrollan las políticas públicas que apuestan por la apertura de la ciencia, surgen revistas y espacios que permiten publicar en abierto. Cada vez son más las revistas open access y los repositorios de datos científicos que están a disposición de la sociedad.

Las revistas open access surgen como una forma de mantener el sistema de publicaciones que se considera el más adecuado, el basado en el peer review. Peter Suber explica que las publicaciones open access son digitales, están disponibles online, tienen costes mucho más reducidos y prácticamente ningún derecho de copyright o licencias restrictivas. En estas revistas el autor paga los costes de la publicación si los hay y de esa forma las publicaciones se ponen a disposición los lectores de forma abierta y gratuita.

Al margen de los argumentos jurídicos y de bien común ya expuestos, es importante destacar que -tal y como defiende Steve Lawrence- las publicaciones hechas en open access tienen más citas que las publicadas en revistas privativas. Este argumento es muy importante ya que no solo afecta a las publicaciones financiadas con dinero público sino también a las financiadas con fondos privados, es el interés de todos ser citado y divulgado.

Del mismo modo, según expone Parlamento británico en su estudio sobre el open access de 2012, algunos estudios sugieren que cambiar a un sistema basado en el open access podría incrementar el retorno en investigación y desarrollo en los próximos 20 años entre 184 y 386 millones de libras, dependiendo de cómo se desarrolle el sistema open access.
Tal y como comentábamos anteriormente, no hay consenso en cuál es el mejor modelo y es importante destacar que las campañas de boicot a algunas revistas no quieren desacreditar el trabajo que hacen los editores pero sí creen que estos deberían ser menos abusivos y adaptarse a los nuevos tiempos.

También hay una evolución en la publicación de los datos con los que se desarrollan las investigaciones. Los repositorios de datos científicos se desarrollan desde los gobiernos, desde las universidades y desde la sociedad civil.

Poner en común los datos con los que trabajan los investigadores enriquece las investigaciones ya que permite por un lado una verificación que la refuerce o la corrija si fuera necesario, como ocurrió con el famoso trabajo de Reinhart y Rogoff en el que se basaba la Comisión Europea para definir su posicionamiento sobre el efecto de la deuda en el PIB; Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin publicaron un análisis el 15 de abril de 2013 en el que señalaban que el trabajo de Reinhart y Rogoff contenía “errores de codificado”, una “exclusión selectiva de datos disponibles” y una “ponderación no convencional de estadísticas sumarias”.

Además como apuntan los autores de Bits of Power, un estudio desarrollado por el Consejo nacional de Investigación de los Estados Unidos y citado en los Principios y Guía de la OCDE para acceder a datos de investigaciones publicados con dinero público: “El valor de los datos reside en el uso de los mismos. El acceso abierto y completo a los datos científicos debería adoptarse como norma internacional del intercambio de datos científicos financiados con dinero público”. Otro dicho famoso en el mundo del open data apunta que la mejor idea para tus datos siempre la tiene otro.

En España, aunque de momento no hay ningún posicionamiento oficial sobre la apertura de los datos científicos como lo hay en el Reino Unido, si se están abriendo iniciativas financiadas con dinero público para empezar a avanzar en ese sentido. Datasea, un proyecto financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad y gestionado por universidades de Valencia y Murcia, estudia las mejores formas de intercambiar y preservar los datos científicos y tienen objetivo final se trata de fomentar el intercambio y reutilización de los datos primarios de forma generalizada y normalizada. Entre las actividades que desarrolla, propone políticas para promocionar la puesta a disposición de los datos, herramientas de difusión de los repositorios de datos y buenas prácticas para el almacenamiento eficiente, la reutilización, distribución y preservación.

El proyecto Odisea, también financiado por el Plan Nacional de I+D+i del Ministerio de Economía y Competitividad, es un inventario internacional de los depósitos que admiten conjuntos de datos de investigación a escala mundial. Permite buscar y sugerir nuevos bancos de datos.

6.- Conclusiones

La necesidad de abrir la ciencia es incuestionable. Investigadores, Gobiernos y Sociedad Civil están mostrando su determinación en que así sea pero, aunque ya se han dado los primeros pasos, la evolución hacia una apertura total de las investigaciones científicas y de los datos con los que trabajan los investigadores tiene por delante mucho trabajo.

Veíamos que, como en el resto de políticas públicas, la realidad va por delante de la norma. Han sido los propios investigadores y las universidades las que han abierto el camino hacia el cambio, pero ese camino no se dibuja en línea recta por la diversidad de los sujetos responsables de que este cambio ocurra.

Los investigadores deben compartir sus datos, las bibliotecas deben abrir sus puertas, los servicios de informática deben adaptar sus sistemas y las autoridades académicas deben pensar en el bien común. Estos son los actores directos, los que generan y consumen el contenido académico; el resto, los que ganan dinero con la distribución deben adaptarse a la determinación de hacer la ciencia más accesible y no deberían defender la opacidad por defender unos intereses económicos que van en contra de la ciencia que divulgan.

La intención, destaca Keith Wagstaff en la revista Times, es desplazar el prestigio hacia el open access.

7. – Referencias

Antonio Lafuente y Andoni Alonso, “Right to Know, New Technologies, and New Communities of Citizenship” in Javier Echeverría, Andoni Alonso y Pedro Oiarzabal (eds), Knowledege Communi-ties, Reno: Center for Basque Studies, Universidad de Nevada, 2011, pp. 145-160 http://digital.csic.es/handle/10261/37747

Moulia B. et alle (2013), Main basse sur la science publique: Le «coût de génie» de l’édition scientifique privée, consultado el 26 de febrero de 2014, http://smf.emath.fr/files/main_basse_sur_la_science.pdf

Referencias web:

Universidad de Harvard (2012), Faculty Advisory Council Memorandum on Journal Pricing. Major Periodical Subscriptions Cannot Be Sustained, consultado el 15 de febrero de 2014, http://isites.harvard.edu/icb/icb.do?keyword=k77982&tabgroupid=icb.tabgroup143448

If Harvard Can’t Afford Academic Journal Subscriptions, Maybe It’s Time for an Open Access Model | TIME.com http://techland.time.com/2012/04/26/if-harvard-cant-afford-academic-journal-subscriptions-maybe-its-time-for-an-open-access-model/#ixzz2tfZXspAP

Open Access to Scientific Information – POST Note, publicado por el parlamento británico en enero de 2012: http://www.parliament.uk/business/publications/research/briefing-papers/POST-PN-397/open-access-to-scientific-information

Iván Gil, Reino Unido decreta el acceso abierto, publicado en El Confidencial, 17/07/2012, http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2012/07/17/reino-unido-decreta-el-acceso-abierto-102054/
Fundamentación de la campaña The cost of knowledge, http://gowers.files.wordpress.com/2012/02/elsevierstatementfinal.pdf

Testimonio del profesor de la Universidad de Grenoble Benoît Kloeckner sobre este acontecimiento, L’Appel pour des négociations équilibrées avec les éditeurs de revues scientifiques, http://smf4.emath.fr/Publications/Gazette/2012/132/smf_gazette_132_83-84.pdf

Web del grupo de trabajo de Ciencia Abierta de la Open Knowledge Foundation, http://science.okfn.org/
Economical and Social Research Council Research Data Policy: http://www.esrc.ac.uk/_images/Research_Data_Policy_2010_tcm8-4595.pdf

Raúl Magallón Rosa, Universidad, investigación y conocimiento abierto, artículo publicado en Público el 27 de febrero de 2014, http://blogs.publico.es/el-cuarto-poder-en-red/2014/02/27/universidad-investigacion-y-conocimiento-abierto/
Promoting Access to Public Research Data for Scientific, Economic and Social, OECD Principles and Guidelines for Access to Research Data from Public Funding http://www.oecd.org/science/sci-tech/38500813.pdf

Peter Suber, A Very Brief Introduction to Open Access, consultado el 27 de febrero de 2014, http://legacy.earlham.edu/~peters/fos/brief.htm

Stephen Curry, “Why I chose to decline an invitation to review by Elsevier”, artículo disponible en: http://occamstypewriter.org/scurry/2012/01/28/why-i-chose-to-decline-an-invitation-to-review-by-elsevier/

Steve Lawrence, Free online availability substantially increases a paper’s impact, post publicado en los web debates de nature.com, consultado el 27 de febrero de 2014, http://www.nature.com/nature/debates/e-access/Articles/lawrence.html

Análisis de Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin sobre el trabajo de Reinhart y Rogoff http://www.peri.umass.edu/fileadmin/pdf/working_papers/working_papers_301-350/WP322.pdf

[1] Definición extraída de la Wikipedia, consultada el 27 de febrero de 2014 http://es.wikipedia.org/wiki/Open_science

[2] La línea de trabajo de la Open Knowledge Foundation en open data se basa en los Panton Principles, los principios de open data para la ciencia. Se pueden consultar aquí: http://pantonprinciples.org/

[3] Un ejemplo de este tipo de investigaciones es Forest Watcher, análisis de datos mediante el crowd, http://forestwatchers.net/ o el Citizen Cyberscience Centre que desarrolla herramientas para fomentar la ciencia abierta, http://www.citizencyberscience.net/

[4] El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha reconocido en sus sentencias Társaság a Szabadságjogokért vs Hungary y Kenedi vs Hungary el carácter fundamental del derecho de acceso a la información. En el primer caso el Tribunal reconocía que el derecho de acceso a la información veía su naturaleza reforzada por ser la administración pública un monopolio, único poseedor de esta información.

 

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