¿Es la tecnología un problema? Seminario Andoni Alonso

El efecto que la tecnología y el desarrollo tecnológico está teniendo en nuestra sociedad se puede analizar observando las mismas en el conjunto de la sociedad o bien analizar poniendo la mirada en el modo de vida de un solo individuo de nuestra sociedad.

A lo largo de la historia, ha habido varias formas de comprender la tecnología. Las teorías iniciales hablaban de la tecnología como una extensión del ser humano, es decir, entendiendo que los medios tecnológicos permiten extender las capacidades del ser humano más allá de sí mismo. La rueda sería una extensión de la capacidad de desplazamiento, la ropa una extensión de la piel, el catalejo sería una extensión de nuestra vista, etc. Si hablamos de tecnologías de la comunicación, podría decirse bajo esta teoría que son una extensión de nuestras capacidades expresivas y también de nuestro sistema sensorial: la radio y la TV extienden nuestra capacidad de percibir sonidos e imágenes a través de largas distancias. Esta teoría, contempla el medio, pero no lo que transmite, o las transformaciones que genera en el total de las actividades humanas.

Es Max Weber el primero en expresar que la tecnología tiene consecuencias negativas en nuestra sociedad: la fuerza fuera de control que tiene el desarrollo tecnológico.. Weber identifica una nueva manera de entender el mundo a través únicamente la ciencia y tecnología, quedando así en segundo plano, cuestiones éticas como el sentido de la vida o el amor, que no se pueden resolver de manera científica. Los avances tecnológicos son cada vez más acelerados y cada vez consumimos más, lo que hace que se deterioren los valores espirituales.

Esta nueva forma de entender el mundo, sumada a la posterior teoría de Ortega y Gasset, en la que describe la tecnología como un producto de la cultura, en la que se percibe como si fuese algo natural sin pararnos a pensar las consecuencias en su producción, y sumado a su vez, con nuestra idea de desarrollo ligado a la riqueza, hacen, que la tecnología hoy en día y su desarrollo tenga consecuencias desastrosas.

Este entendimiento de desarrollo de las sociedades hoy en día que se traduce a riqueza, es decir, al PIB de cada país, construye un sistema donde, como decía Max Weber, las cosas solo tienen soluciones científicas y tecnológicas. Nos hemos olvidado de las cuestiones éticas, que parecen estar en periodo de extinción, estamos inmersos en un modo de vida donde el sentido de la vida, la felicidad o el amor están definidos por una serie de necesidades asociadas a la economía, al consumo.

Este concepto de desarrollo, definido como desarrollo económico se utiliza de manera explícita por primera vez a mediados del siglo XX por Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos durante esos años, como estrategia para frenar el comunismo, ofreciendo a la población un concepto de felicidad basado en riqueza económica, en educación, en sanidad, en transporte, etc. Anulando así la idea de desarrollo como una evolución hacia una sociedad mejor, no solo la que vivimos nosotros, sino la de todo el planeta, fomentando así la idea de desarrollo humano bajo la que el individuo, un ser pasivo al servicio del desarrollo económico, es sólo un conjunto de necesidades, desvalorizándose por completo los valores espirituales de un individuo.

Este concepto de desarrollo afecta negativamente a nosotros como seres humanos individuales y también a todos los individuos con los que cohabitamos este planeta.

Si seguimos con una mirada hacia nuestro modo de vida, podemos analizar cómo algunas tecnologías han generado consecuencias negativas en nuestros modos o estilos de vida y adaptándonos a ella, hemos ido modificando nuestro concepto de felicidad. ¿Se entiende así, que la tecnología organiza nuestras vidas?.

Ejemplos de ello son algo que ya parece natural en nuestras vidas, como el actual concepto del tiempo. La existencia del reloj hace que homogeneicemos nuestro tiempo, lo fragmentemos y estas fragmentaciones se repitan día tras día. Esto nos lleva a pensar que hoy en día no somos otra cosa que tiempo, tiempo que vendemos a cambio de una vida basada en la riqueza y no tiempo empleado en construir una sociedad mejor, y mucho menos, empleado en el amor por las cosas que producimos o que tras ello pueda haber un interés más allá que el de una remuneración económica.

El concepto de tiempo está inevitablemente ligado al espacio, y también a la tecnología. Los medios de transporte tienen también unos tiempos asociados, las ciudades las construimos en base a su existencia, sabemos que existen coches que nos desplazan en el espacio y esto define nuestra manera de construir ciudades. Ortega y Gasset escribió sobre esto en su teoría de “la técnica del técnico”, donde explica que la técnica no es un azar ni un tipo de persona, como lo eran antes los artesanos, ahora es el instrumento lo que está en primer plano y el ser humano es el que ayuda y suplementa a la máquina.

La tecnología es un producto de una cultura determinada, y nos relacionamos con ella como si fuese algo natural, sin valorar cómo se llega a ella, el esfuerzo que ello supone, sin administrarla, sin controlarla y sin valorar las consecuencias que su desarrollo provoca.

Nuestros modos de vida y nuestro concepto de felicidad asociado a una riqueza económica, nos hacen definirnos, no sólo como “tiempo”, sino también como esclavos de una sociedad al servicio de la tecnología, al servicio de la producción de determinadas cosas. El concepto de esclavitud se define como una situación por la cual una persona es propiedad de otra, como una forma particular de relaciones de producción, asociada a la sobre-explotación, maltrato, etc…¿No somos nosotros propiedad del desarrollo económico y tecnológico?.

La producción tecnológica lleva una velocidad abismal. No somos conscientes, de que al igual que las construcciones de las pirámides egipcias, existe tras ello no sólo un gran esfuerzo por parte de profesionales que invierten mucho trabajo y tiempo (vida) para producir tecnología, sino que tras ello, como en la construcción de las pirámides, también hay esclavos, que no sólo emplean su tiempo y esfuerzo, sino su vida. Si nos cuesta entender esto, o sentirnos identificados, un ejemplo más fácil de ver es el de las personas que en China se suicidan en las fábricas que la empresa Mac tienen en Oxfon.

El mismo ejemplo de ello, ocurrió en Manchester a principios del siglo XIX, pero con una reacción diferente. Un grupo de tejedores se revelaron en forma de banda organizada contra la imposición de telares automáticos. No se revelaban contra las máquinas, sino en contra de un sistema donde es más importante el desarrollo económico y político que la calidad de vida de las personas, entendiendo así y como ya decía Martin Heidegger que el individuo se ve como un recurso, como una potencialidad, como un conjunto de necesidades interpretadas erróneamente y no como un individuo.

El desarrollo tecnológico afecta negativamente nuestra manera de vivir, y el concepto de desarrollo impuesto, un desarrollo económico no sólo manipula nuestra manera de entender la felicidad. Ambas cosas tienen consecuencias más graves que éstas, que sólo observan parte de la sociedad que convivimos en este planeta. El mismo planeta sufre consecuencias muy negativas, agotamos los recursos naturales, destruimos el medio-ambiente, y la más importante de todas, es que para mantener el ritmo de este desarrollo tecnológico y al basar el desarrollo de la sociedad en la riqueza de un país (PIB), los países donde las personas antes eran pobres, cuando más o menos todos los eran, ahora son miserables. El efecto de este desarrollo para unos, ha sido contraproducente para otros. Las desigualdades con respecto a África son cada vez mayores, e incluso las desigualdades dentro de algunos países también van en aumento, algo, que ya anunció McNamara, secretario de defensa entre 1961-1968 en EEUU, al que se le ignoró por completo. Porque a día de hoy, el desarrollo sigue traduciéndose en riqueza, se utilizan recursos naturales de países económicamente pobres, para contribuir al desarrollo económico de otros, sin tener en cuenta que la consecuencia no solo es el aumento de la desigualdad en ambos extremos, sino que también se destruyen los recursos naturales de los que han vivido y viven estas sociedades.

Hoy en día, que la tecnología se ha convertido en ideología, donde convivimos y participamos en la visión de desarrollo y progreso muy determinado, donde creemos que es la tecnología la que va a arreglar los mismo desastres que ella misma crea para desarrollarse, solo podemos rescatar, que entre innumerables consecuencias negativas que esto tiene en nuestra sociedad y en nuestro planeta, existen una pocas vías que podemos aprovechar para ir cambiando la idea de desarrollo y progreso que hemos tenido estos últimos años.

Ningún problema se puede tratar a gran escala. Pero a día de hoy, en nuestro entorno cercano, las nuevas tecnologías de la información están siendo un medio para la participación ciudadana, para fomentar y aumentar el activismo en contra del concepto de desarrollo económico y a favor de un desarrollo que mejore nuestra sociedad. La tecnología también funciona así, como un motor de cambio, donde la participación ciudadana, la colaboración, la lucha por la desprivatización del conocimiento y las comunidades comprometidas por la solución de conflictos puede que sean no sólo una mirada positiva de la tecnología, sino el principio de pequeños cambios, que se pueden convertir en grandes, y desde luego, son iniciativas que no surgen del interés por el desarrollo económico, sino que surgen del interés individual que emplear nuestro tiempo en algo que nos apasiona y de convertir el desarrollo hacia una sociedad mejor, visión de la vida que parecía haberse extinguido.

Alonso, Andoni y Arzoz, Iñaki. 2003 “Carta al homo tecnologicus. Un manual de CTS activista para el siglo XXI” Edaf

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