La tecnología es política

(Seminario de Andoni Alonso)

Basándonos en el texto de L. Winner, do artifacts have politics? [1] , hemos decidido analizar una noticia que ha salido recientemente en los medios a raíz de las filtraciones del ex técnico de la CIA Edward Snowden. La noticia revelaba que Estados Unidos está trabajando en la construcción de un ordenador cuántico que podría descifrar cualquier contraseña [2].

El planteamiento de Winner es que “cualquier máquina, estructura o sistema que forma parte de la cultura material moderna puede ser juzgado no solo por su contribución a la eficiencia y productividad y su efecto positivo o negativo sobre el medio ambiente, sino también por las formas en las que puede facilitar formas específicas de poder y autoridad”. Siguiendo estas pautas planteamos el análisis de la citada noticia.

La noticia mencionada no aporta como exclusiva que el gobierno estadounidense está trabajando en la construcción de un ordenador cuántico, esto ya lo sabíamos, pero si revela que estaríamos más cerca de conseguirlo de lo que pensábamos. La pregunta que nos suscita esta noticia es qué implicaciones tiene para los ciudadanos tras las filtraciones de Snowden (gracias a las cuales descubrimos que los gobiernos ejercen una vigilancia masiva e injustificada sobre la población) que Estados Unidos esté tan cerca de conseguir un ordenador que podría descifrar cualquier contraseña.

La decisión de un Gobierno de invertir en un tipo de tecnología y no en otra tiene evidentemente un significado claro; no se trata de dudar de esta tecnología sino del objetivo que se persigue con el uso de la misma, Winner nos recuerda en este texto que las personas son políticas y que las cosas no lo son. Si bien es cierto que el en el caso que planteamos no conocemos a ciencia cierta el objetivo para el que se está trabajando en este ordenador, si es legítimo tener dudas sobre este estudiando el contexto en el que se ha desarrollado y por el cual hemos conocido su existencia. Lo que importa, plantea Winner, es el sistema social y económico en el que se encajan estas tecnologías, sería el planteamiento defendido por el determinismo social de la tecnología.

En el caso que nos ocupa el contexto social es de una gran desconfianza de la so-ciedad hacia las agencias de inteligencia, en concreto la estadounidense, un pro-blema para el que a pesar de las numerosas muestras de desacuerdo con los acon-tecimientos ocurridos los gobiernos siguen sin plantear soluciones. No cabe duda alguna que los sistemas de inteligencia son necesarios y que necesitan de cierta dis-creción para poder desarrollar su trabajo. La pregunta es, una vez confirmado el abuso que estas instituciones hacen al desarrollar su labor, ¿cómo pueden volver a gozar de la confianza de los ciudadanos? Existen algunos mecanismos, además de las normas que deben regir la acción de estas agencias (como la necesidad de una orden judicial para llevar a cabo una escucha), que incluyen las leyes de transpa-rencia y que se establecen para asegurar que si bien este trabajo de los estados se desarrolla al margen del escrutinio público para asegurar el orden público, pasado un tiempo esta información si se conocerá. Se trata de establecer límites a los secretos oficiales, se puede exigir la publicación de un documento cuando el motivo que llevó a su clasificación haya desaparecido y/o establecer un límite temporal para asegurar que ninguna acción de las instituciones públicas quede fuera del conocimiento de la sociedad. Esto evidentemente no impide que se cometan violaciones de nuestros derechos en el momento en que ocurren pero sí permiten depurar responsabilidades si se llevan a cabo y establecer mecanismos para que, de ser así, no vuelva a ocu-rrir.

Es cierto que en muchas ocasiones planteamos teorías sobre el objetivo y el uso de las nuevas tecnologías que pueden parecer conspirativas. En este caso con los antecedentes mencionados a muy pocos les supondría difícil de imaginar que la razón por la cual se está invirtiendo 80 millones de dólares en un ordenador es para avanzar en el espionaje. Quizás hace unos años antes de las filtraciones de Maning o Snowden, nos hubiera parecido menos probable esta teoría. La inversión en una u otra tecnología desvela las intenciones de un gobierno, en este caso la ciudadanía debería sentirse preocupada si avanzamos hacia este tipo de tecnología sin haber resuelto la falta de confianza sobre unas instituciones que no han trabajado en mejorar su imagen.

[1]Winner, L. (1986). The whale and the reactor: a search for limits in an age of high technology. Chicago, University of Chicago Press, 19-39

[2] Noticia publicada Washington Post el 2 de enero de 2014, NSA seeks to build quantum computer that could crack most types of encryption http://www.washingtonpost.com/world/national-security/nsa-seeks-to-build-quantum-computer-that-could-crack-most-types-of-encryption/2014/01/02/8fff297e-7195-11e3-8def-a33011492df2_story.html

Y en el en El País el 3 de enero de 2014, La NSA trabaja en un ordenador cuántico que pueda descifrar cualquier contraseña http://internacional.elpais.com/internacional/2014/01/03/actualidad/1388731863_127848.htm

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