Cooperación y obra abierta

Jesus M. González Barahona

Cuando leí que durante la Expo Ingenio 2013, organizada por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, se enunciarián los retos que actualmente afrontan tanto el Estado como las empresas para la protección de obras creativas; no dude en asistir.

La conferencia, que más llamo mi atención, títulada “El valor creativo, un negocio protegido” impartida por el abogado Joaquín Balcarcel Santa Cruz, Vicepresidente legal y Director Jurídico de Televisa; que giraba entorno a la protección de los contenidos intelectuales generados por una de las televisoras más influyentes de México. Los contenidos son producidos por guionistas, músicos, actores, fotográfos, diseñadores y editores; obras cuya protección corresponde a la Ley Federal de Derecho de Autor y no a la Ley Federal de Propiedad Industrial,  ya que el Derecho de Autor se refiere a las obras literarias y artísticas y los derechos de las empresas de radiodifusión sobre sus programas, tanto de radio como de televisión.

Uno de los puntos principales de la exposición fue el malestar que produce en autores e industrias el uso de un recurso acrecentado por los medios digitales “la copia de contenidos intelectuales”: fundamentado en el no reconocimiento de la propiedad intelectual de miles de obras, que va desde la referencia del autor hasta la exigencia de pago de regalías por explotación para los creadores o para los industrias dueñas de los derechos de explotación. Barcacel Santa Cruz dio como ejemplo: “Es como si te estuvieran copiando en un examen o te copian la respuesta, y la respondan primero y ya no te dan el crédito a ti.” Dicho ejemplo me dirige a la pregunta de ¿Qué fue primero el huevo o la gallina?, es decir, el conocimiento que proyectas en un examen fue desarrollado por otra parsona, prácticamente, quien dio la primera respuesta. No me refiero a una cita textual, sino a la construcción de esa respuesta a partir de conocimiento desarrollado por varias personas y no por una sola. Pero, no ahondaré en un ejemplo que quizá fue de primera mano.

Por otra parte, describió los medios de protecciónapartir de los certificados de registro de propiedad intelectual que constituyen el reconocimiento que hace el Estado a favor de todo creador de obras, en virtud del cual otorga su protección para que el autor goce de prerrogativas y privilegios exclusivos de carácter personal y patrimonial; dejando claro que el registro de propiedad de una obra sirve como prueba ante posibles plagios o usos indebidos de la obra, es un medio de información y protección del autor, para la documentación pública y para el establecimiento de una prueba de autoría y titularidad de derechos, previa a la difusión de su obra.

De lo anterior, surge una segunda interrogante ¿Cómo un autor puede comunicar las formas en que desea que su obra sea explotada en medios digitales, cuya característica principal es la posibilidad de copiar y/o descargar archivos  en cuestión de segundos sin importar distancias  o  permisos de explotación de obra?

Desde la perspectiva de varios creadores, activistas de la Cultura Libre y usuarios de la red (como ésta simple mortal) creemos que hay una gran posibilidad en el uso de las licencias Creative Commons, que es un modelo de regulación de la propiedad intelectual  flexible que está basado en el esquema vigente de Derechos de Autor y lo que busca es complementarlo. De esta forma se reconoce y fortalece el valor que representa que los Derechos de Autor sean respetados ofreciendo, al mismo tiempo, alternativas para que la gente creativa pueda compartir sus obras de manera libre y segura.

Debido a mi postura sobre la gestión de derechos de explotación de contenidos creativos en medios digitales; aproveche la ronda de preguntas para los ahí presentes, nosotros el respetable público, y mi pregunta para el abogado fue ¿Qué opina sobre el uso de las licencias Creative Commons para la gestión de la propiedad intelectual?

La respuesta fue: “Preferimos que no se usen las licencias libres, sobre todo porqué existe algo que la ley y los tratados internacionales ya preveen que hasta ahora ha funcionado, y es que toda actividad creativa para incentivar, precisamente la creatividad y el avance cultural; en todos los pueblos se decidió incentivar ésta creatividad vía el otorgamiento de un monopolio de forma que el creador con ese incentivo se aliente a hacer lo que tiene que hacer.”

Puestas sobe la mesa ambas posturas que devienen del establecimiento de una nueva plataforma de distribución y difusión de consumo de bienes culturales sin precedente alguno  como es “el internet”, el gobierno mexicano deberá decidir sobre la regulación de uso,  distribución, circulación y descarga  de trabajos creativos por  millones de usuario dentro de las tecnologías de la información y la comunicación a nivel mundial, y la adaptación de las legislación autoral a cualquiera de las siguientes posibilidades, que parecen ser las dos grandes tendencias:

1.     Uso de modelos de regulación de la propiedad intelectual más flexibles a la circulación de contenidos intelectuales en línea como las licencias Creative Commons (CC), que dotan tanto a instituciones, organizaciones o individuos de herramientas que les permiten mantener sus derechos de autor, al tiempo que  se precisa determinados usos para que el contenido creativo, que está al alcance de miles de usuarios  que tendrán la libertad de compartir, copiar, distribuir, ejecutar y comunicar públicamente las obras con la finalidad de  aprovechar el potencial de Internet.Creative Commons define el espacio que se encuentra entre el espectro de la protección absoluta de los derechos de autor – “todos los derechos reservados”– y el dominio público –“ningún derecho reservado”–.

2.     Aplicación de bloqueos de la web y órdenes judiciales tanto para los usuarios como para los programadores de servidores y/o hosting que ofrezcan servicios para compartir y/o descargar archivos, como es el caso del Acuerdo Comercial Contra la Falsificación, ACTA (por sus siglas en inglés), creado por instituciones internacionales vigilantes de los derechos de autor para detener el comercio ilegal de productos falsificados y su distribución masivas por medios digitales,  a la vez que busca establecer condiciones legales y económicas para regular el traspaso de datos a partir de vigilar las actividades que se realizan en Internet.

Hasta ahora las acciones llevadas a cabo por el gobierno mexicano parecen estar encaminadas a la segunda tendencia, con la firma del Acuerdo Comercial Contra la Falsificación (ACTA)  el 11 de julio de 2012, por el embajador de México en Japón, Claude Heller, acción que deberá ser ratificada por el Senado mexicano para su efecto.

Así que la moneda aún está en el aire y la desición  de miles de creadores/usuarios de liberar sus obras en internet puede hacer la diferencia.

 

 

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