Cooperación y obra abierta

Sesión: Jesús M. González Barahona.  

Las lecturas de esta sesión nos hacen entrar en un sentimiento casi idílico en el que se nos permite creer que todo el mundo tiene acceso a un móvil, un ordenador e internet, y la realidad es que no es así, esta es una visión bastante eurocéntrica. La mayoría de la población mundial no se beneficia de las nuevas tecnologías y, en particular, de las Tecnologías de la Información y la Comunicación[1]. Olvidamos que en lugares como el Golfo de Guinea todos los días van a parar toneladas y toneladas de la basura electrónica que producimos en occidente para ser distribuidas en diversos vertederos electrónicos a lo largo de todo el continente[2], desechos que perjudican seriamente la salud de aquellos que trabajan de sol a sol para sacar cualquier material que puedan revender para poder vivir. Se rodean diariamente de “compuestos como el cromo, que es cancerígeno; el cadmio que afecta a los riñones y los huesos; el mercurio que daña al cerebro y el sistema nervioso; el plomo que provoca deterioro intelectual, daños en los sistemas nervioso, circulatorio y reproductivo; los retardantes de flama que son neurotóxicos y deterioran el aprendizaje y la memoria.”[3] Este es el precio de nuestro idealismo tecnológico, y me es imposible escribir un post sobre todos los grandes beneficios que nos da la tecnología a todos los que vivimos en esta parte del planeta sin nombrar a todas estas personas que están siendo las victimas de nuestro “sueño tecnológico”.

Continuemos con más consecuencias de nuestra libertad tecnológica tan apasionantemente defendida por John Perry Barlow en A Declaration of the Independence of Cyberspace, donde termina su carta diciendo “We will create a civilization of the Mind in Cyberspace”[4], una civilización donde la gran mayoría de los seres humanos que habitan este planeta van a estar excluidos. Habla de las leyes represivas para la libertad del internet en China, Francia y Estados Unidos, cuando en China ni los derechos humanos más básicos son respetados y la situación de los trabajadores que crean nuestros productos tecnológicos tienen horarios de trabajo casi infinitos en condiciones inhumanas por un sueldo irrisorio, los que les ha llevado a  formar parte de la denominada “esclavitud del siglo XXI”, esos que terminan suicidándose en empresas como Foxconn, proveedoras de Apple.[5]

Quienes son realmente honestos sobre esto son Gaëlle Krikorian and Amy Kapczynski  en Access to knowledge in the age of intellectual property, cuando habla del nuevo sistema que se ha creado llamado Capitalismo del conocimiento, donde comentan que no todas las personas pueden ser parte de este sistema “Algunas personas existen en el mundo digital, mientras otras no. Para participar en el mundo digital no solo es necesario un ordenador, el software correcto, conexión a internet (lo que ya excluye a una gran parte de la población), también es necesario los y filtros que se obtienen por medio de la educación”.[6]

Ya después de haberle hecho justicia a todas estas personas que nadie nombra pero que sin ellos nos sería imposible tener los artefactos tecnológicos que tenemos voy a entrar en el tema. Los gobiernos tienen que aceptar que la sociedad ha cambiado, las herramientas han cambiado y las necesidades de las personas también, actualmente ya parece bastante arcaico que se juzgue a personas por copiar películas o música, o por bajarse un libro de internet[7], bajo este rasero me temo que casi todos nosotros somos unos “ladrones o piratas”, hasta niños que se descargan la música de su grupo favorito, no sabemos realmente quien lucha contra quien[8]. La industria y el Estado tienen que reconocer que las formas antiguas de lucrarse con este negocio actualmente ya no son eficaces y que es necesario cambiar el esquema porque se han quedado en el pasado.

Muchas empresas han sabido evolucionar y beneficiarse de la interacción que actualmente existe con el consumidor, incluso en el mundo de la creatividad se han ideado nuevas formas donde entre todos se pueden retroalimentar y sacar más ventaja de su trabajo intelectual.  El caso de IBM, Proctor and Gamble, Lego, and Unilever son dignos de mencionar, como han utilizado esta nueva forma de interactuar y han sacado beneficio de ello, logrando que los consumidores participen activamente en la creación de nuevos productos.[9] Una estrategia bastante inteligente y una manera de aprovechar la nueva dinámica en lugar de señalarla y demonizarla.

Ahora quiero adentrarme en el tema del “Free Cultural Works”[10] definido como “trabajos o expresiones que pueden ser libremente estudiadas, utilizadas, copiadas y/o modificadas por cualquier persona y para cualquier propósito” y voy a usar el ejemplo del proyecto que está llevando a cabo el Gobierno de Ecuador con el Manifiesto del Buen Conocer[11] y la Ciudad del Buen Conocer[12] llamada “Yachay”[13] (mi intención no es hacer propaganda política ni mucho menos, sólo creo que es interesante hablar de un caso que demuestra que hay gobiernos comprometidos con esta nueva manera de pensar).

El Manifiesto del Buen Conocer proclama que “El conocimiento debe ser reconocido como un patrimonio producto de todos los seres humanos, fruto de sus más de 4000 generaciones, inagotable y disponible gracias a las nuevas tecnologías y a las ancestrales tradiciones, por tanto, no debemos privar a las sociedades de acceder, beneficiarse y participar activamente de él”. Reconoce la libre circulación de conocimiento como algo que mejora la calidad de vida de los pueblos y que nadie debe ser privado de ese derecho, el conocimiento y la pachamama[14] están estrechamente relacionados y son igual de importantes para el desarrollo del ser humano[15].

La materialización de este manifiesto es la Ciudad del Buen Conocer llamada “Yachay”, donde el proyecto contempla que “En estos espacios de impacto nacional y/o regional se estimulan y gestionan los flujos solidarios de conocimiento y tecnología entre las instituciones de educación superior y las instituciones de investigación, las unidades productivas y los mercados domiciliados en la ciudad.” Si se finaliza este proyecto se podría demostrar cómo se puede desarrollar una ciudad del conocimiento sin restricciones para copiar, utilizar y distribuir, un lugar donde todos colaboran con todos sin ninguna clase de mezquindad y donde se acepta que el conocimiento es de todos y nadie puede adueñarse de esto.

 

[1] Conectar a África y reducir la brecha digital. http://www.itu.int/itunews/issue/2003/02/partnership-es.html.

[2] Documental Basura electrónica en África. http://www.youtube.com/watch?v=HLdAhwL5zYw.

[4] John Perry Barlow. A Declaration of the Independence of Cyberspace. https://projects.eff.org/~barlow/Declaration-Final.html

[6]Gaëlle Krikorian and Amy Kapczynski . Access to knowledge in the age of intellectual property. Zone Books. Nueva York. 2010. Pag 61.

[7]Richard Stallman. Por qué el software no debe tener propietarios. http://www.gnu.org/philosophy/why-free.html

[8]Gaëlle Krikorian and Amy Kapczynski . Access to knowledge in the age of intellectual property. Zone Books. Nueva York. 2010. Pag 64.

[9]Gaëlle Krikorian and Amy Kapczynski . Access to knowledge in the age of intellectual property. Zone Books. Nueva York. 2010. Pag 60.

[13] Palabra que en kichwa significa conocimiento

[14] Pachamama  es un concepto que procede de la lengua kichwa. Pacha puede traducirse como “mundo” o “Tierra”, mientras que mama equivale a “madre”. Por eso suele explicarse que la Pachamama es, para ciertas etnias andinas, la Madre Tierra. http://definicion.de/pachamama/#ixzz2rQHDnB00

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