WikiLeaks en el marco de las nuevas posibilidades tecnológicas

(Seminario de Jesús M. González Barahona)

La introducción de las nuevas tecnologías a nuestras vidas no es un asunto irrelevante porque aportan nuevas posibilidades –independientemente de si estas son mejores o peores– que modifican nuestro modo de ver y comprender el mundo, del mismo modo que modifican la manera en que interactuamos con él y las personas que nos rodean. Sus bajos costes y la gran distribución de la que gozan en los países desarrollados, y también en los países en vías de desarrollo, han hecho de estas tecnologías unas herramientas cotidianas mediante las que realizamos cada vez un mayor número de acciones que, aunque en algunos casos como las transferencias bancarias o las compras no son nuevas y donde su papel es el de intermediarias para su realización, en otros casos, como con la posibilidad que ofrecen de realizar copias exactas de, por ejemplo, una novela o una canción, sí lo son. Ante este nuevo universo de posibilidades somos todavía unos principiantes, y nos enfrentamos a él con categorías que corresponden a un momento distinto y que van perdiendo sentido en la medida en que vamos avanzando, tanteando, por este nuevo camino. Me interesa tener esto presente para abordar las filtraciones de WikiLeaks teniendo en cuenta las diferencias que guardan con otro tipo de filtraciones como las relacionadas con los «papeles del Pentágono» o el llamado «escándalo Watergate», y señalando también algunas de las posibilidades no exploradas. Aunque la propia acción de filtrar información secreta no es nueva, el método para hacerlo sí ha cambiado y con él las posibilidades tanto de extraer, como de manejar posteriormente la información.

A principios de la década de los 70, la obtención de información secreta se realizaba mediante unas técnicas bastante rudimentarias si las comparamos con las nuevas posibilidades que nos brindan las tecnologías de hoy. Daniel Ellsberg obtuvo los que luego se darían a conocer como los «papeles del Pentágono» a base de fotocopiar documentos clasificados a los que tenía acceso, algo que no es comparable al almacenamiento de la información en un CD o un pendrive donde puede guardarse una cantidad muchísimo más grande de información y con un esfuerzo considerablemente menor. Pero la principal diferencia no reside en la obtención sino en el posterior tratamiento de la información: el modo en que puede analizarse y difundirse. Una faceta que me resulta especialmente relevante de las nuevas tecnologías es la posibilidad que nos dan de cooperar con personas de cualquier parte del globo que tengan una conexión a internet.

Howard Rheingold hace hincapié en las nuevas implicaciones culturales y sociales de estas posibilidades en The new power of collaboration. Señala que a través de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, multitudes on-line pueden cooperar sin necesidad de ser ni de tener una organización formal. Aunque esto no es nuevo, sí lo es la posibilidad de hacerlo con independencia de la distancia geográfica u otras problemáticas características del espacio físico. Rheingold remarca la importancia de la cooperación frente a la falta de ella haciendo referencia a casos como el dilema del prisionero de la teoría de juegos donde la posición egoísta es más perjudicial que la cooperación, o remarcando la importancia de sociedades agrícolas cooperativas y no competitivas para la invención del alfabeto. Piotr Kropotkin ya señaló en El apoyo mutuo que, frente lo que muchos darwinistas afirmaban, Darwin mostró cómo en numerosas sociedades animales desaparece la lucha por la existencia para dar paso a la cooperación, lo que conduce al desarrollo de las facultades intelectuales que dotan a las especies de mayores posibilidades para sobrevivir1, y da cuenta de ello con numerosos ejemplos observados en sus investigaciones como geógrafo y naturalista. Las posibilidades de la cooperación son muchas y de especial relevancia, y es una de las diferencias básicas que encontramos entre filtraciones como las de Ellsberg y las de Julian Assange, con grandes implicaciones.

WikiLeaks es un prototipo a través del que su fundador Julian Assange ensaya diferentes formas de acabar con la opacidad de los gobiernos y las instituciones entendiendo que la transparencia de los poderosos es la clave para establecer unas democracias saludables, ya que si no estamos informados, difícilmente podremos participar de ella. Para él, el periodismo cumple un rol especialmente relevante en esto, siendo la vía que permite mantenernos informados ofreciéndonos las fuentes primarias para que esta transparencia sea eficiente.

En un primer momento, Assange probó con el formato wiki para el desarrollo de la que todavía era solamente una idea, estableciendo un espacio abierto para que la gente pudiese analizar, borrar los rastros y contrastar los datos adquiridos y a los que normalmente no tenemos acceso, para ir recopilando la información y poniéndola a disposición del público. Estas posibilidades de trabajar son nuevas y se deben al desarrollo tecnológico, impensables hace unos años, y permiten abarcar informaciones a una escala mucho mayor. También debido a este avance es posible establecer una recepción de los datos, pues a diferencia de las filtraciones de los papeles del Pentágono, Julian Assange no lleva a través de WikiLeaks unas filtraciones que él se ha encargado de obtener sino que cualquiera, sea cual sea el lugar donde se encuentre, puede enviárselas si dispone de una información que estima que ha de ser pública, y puede hacerlo por unos medios libres de riesgo. Sin embargo, Assange consideró que el formato wiki no resultaba útil o interesante porque las colaboraciones eran bastante escasas. Lo que hizo entonces fue buscar la colaboración de grandes medios de comunicación –siendo la primera con The Guardian en 2007 donde se publicó la información sobre la malversación de fondos del ex-presidente de Kenia, Daniel Arap Moi–, algo que en si no es novedoso, que no hace uso de las nuevas posibilidades que tenemos, pero que suplía los problemas de visibilidad y conseguía generar un mayor impacto. Por otra parte, mantenía sus esquemas, basados en la red, para que quien lo desease pudiese enviarles la información que quisiera que se hiciese pública sin comprometer su seguridad. A partir de este momento, las colaboraciones de WikiLeaks dejaron de ser públicas y se redujeron a un pequeño número de fieles que, antes de pasar la información a los medios de comunicación, la analizaban y editaban eliminando los datos que indicaban de donde provenían. El problema de esto es que, si recibían una gran filtración, no darían abasto como al final ocurrió: cuando les llegaron los diarios de guerra de Irak y Afganistán, junto con los cables diplomáticos de distintas embajadas estadounidenses alrededor del mundo, Assange y sus colaboradores se vieron desbordados. Con este nuevo modo de proceder no disfrutaban de las ventajas tecnológicas que el primer formato les brindaba a la hora de procesar los datos, aunque las mantenían para la recepción de los mismos. Al final, Assange pactó con tres medios de comunicación especialmente relevantes –The Guardian, The New York Times y Der Spiegel– que realizaron a su vez el trabajo que ahora se limitaba a su círculo de colaboradores. El impacto mediático fue enorme, pero Assange, por diversos motivos, perdió el control sobre aquella información. Viéndose desplazado y criticado por los mismos que se estaban lucrando con lo que él les había brindado y con lo que ya no podía establecer relaciones de poder a su conveniencia, puso a disposición del público toda la base de datos. Independientemente de los motivos que le llevaron a esto, o si era algo que ya tenía en mente, el caso es que hizo algo que, una vez más, no hubiese sido posible sin el avance de las nuevas tecnologías. Mediante ellas pudo generar (y generó) una cooperación improvisada a gran escala para analizar y difundir toda aquella nueva información.

Quizás si WikiLeaks hubiese empezado haciendo esto no hubiese ocupado todas esas páginas que ha llegado a ocupar en los grandes medios de comunicación, y Julian Assange, como indica Enrique Dans en el prólogo a la obra Cypherpunks, se ha preocupado en todo momento de estudiar los métodos que permitan, además de la protección de las fuentes y la verificación con las consecuencias legales siempre presentes, la difusión viral2. Sin embargo, el desarrollo de internet nos brinda nuevas posibilidades, como señalaba, y tenemos nuevos canales para informarnos que, independientemente de si llegan a más o menos gente, son de acceso mundial no restringido a barreras físicas. Si la base de datos se hubiese puesto a disposición pública desde un primer momento, probablemente hubiese generado esas formas de cooperación mucho antes, difundiendo, por otra parte, la información de forma más horizontal y menos relacionada con los intereses que puedan tener tres grandes medios de comunicación. Es cierto que el modelo wiki no conseguía atraer la atención de la misma manera que las publicaciones en los grandes medios, pero esto no se debe tanto al procedimiento como a la propia información: WikiLeaks empezó con datos muy concretos relacionados con unos pocos escándalos en países lejanos, y de hecho la primera publicación en The Guardian sobre Daniel Arap Moi no le dio gran publicidad, a pesar de ser uno de los medios de comunicación más importantes y conocidos. Quizás la wiki tampoco es el mejor modelo si parte de tu objetivo es viralizar la información, pero ofrecer las fuentes de forma abierta (eso sí, una vez eliminados los metadatos) permitiría que un número mucho mayor de personas colaborasen en el análisis y difusión de esa información, personas que además estarían interesadas en ello. Y cuando, debido a los intereses externos contra los que una empresa de este tipo inevitablemente se expone, llegase el momento de las represalias como las que WikiLeaks ha sufrido, sería mucho más complejo frenar y eliminar el trabajo si estuviese planteado en formato libre ya que estaría completamente descentralizado. Además de la cuestión ética inherente a este tipo de formatos que Richard Stallman ha señalado en numerosas ocasiones, como base necesaria para nuestra constitución como seres libres y autónomos al no imponer restricciones de uso y permitiendo de ese modo que podamos estudiarlos y modificarlos para adaptarlos a las diferentes necesidades e intereses que tengamos, del mismo modo que mejorarlos, y copiarlos y distribuirlos para que otros también puedan hacerlo beneficiándonos un mayor número de personas, es una cuestión práctica: cuando hablamos de conocimiento es mucho más fructífera la acción colectiva que la individual. También es necesario este formato para mantener un control sobre lo que estamos llevando a cabo, pues conociendo el código y pudiendo modificarlo no nos vemos sometidos a sus estructuras predeterminadas, pues como señala Barlow en la Declaración de Independencia del Ciberespacio, provee de más orden del que puede conseguirse por imposiciones, tesis que desarrolla muy bien Lawrence Lessig en El código 2.0 señalando numerosos ejemplos donde determinadas acciones son sencillamente imposibles de llevar a cabo en determinados sitios de internet donde el código está dispuesto para impedirlas o sencillamente no está escrito para ello. Si estamos hablando de querer fortalecer las democracias, entendiendo por ello que tienen que aumentar las posibilidades de participación, es especialmente relevante tener presentes estas posibilidades del software libre y ponerlas en práctica. Si WikiLeaks estuviese basado en los principios de los trabajos culturales libres, que siguen estos principios, no estaría tan ideologizado como lo está hoy, y en lugar de presentarse como una organización que está en contra de determinados gobiernos, permanecería simplemente al margen de las constituciones de poder. Es cierto que Assange quiere trabajar con especialistas y poder pagarles, del mismo modo que quiere poder vivir llevando a cabo sus objetivos con WikiLeaks, donde ha volcado su vida, pero esto no tiene por qué estar necesariamente reñido con el formato libre: como ocurre con otros proyectos donde se basan en software libre, habría personas que trabajarían por una remuneración monetaria y otras que lo harían desinteresadamente. Por una parte, habría personas que unirían sus esfuerzos por principios éticos, e incluso aportarían dinero para mantener en pie el proyecto al que otros dedicarían todo su tiempo. Muy probablemente, además, acabarían los propios gobiernos –algunos de ellos– financiando parte de este trabajo, aquella que estuviese relacionada con sus fronteras e intereses, comprendiendo que existe una utilidad real de esta empresa señalando fraudes y demás prácticas que, al fin y al cabo, perjudican al sistema en el que se asientan. De esto se verían directamente beneficiados Assange y sus colaboradores, quienes además de tener los medios económicos necesarios para realizar su trabajo, gozarían de cierta cobertura legal inherente a este tipo de colaboraciones de la que ahora no disponen. Además disfrutarían de las riquezas propias que ofrece la colaboración abierta en materia de creatividad e investigación, como señala Krikorian en Access to Knowledge as a Field of Activism3, pudiendo dar con nuevos modelos mejores que más fácilmente emergen de la participación de muchas mentes pensantes que de una. También, siguiendo la tesis de Krikorian, sería un movimiento inclusivo, pues sus presupuestos se basarían en intereses colectivos universales, pudiendo servir como base de muchas de las protestas que hoy se llevan a cabo y bajo las que siempre reside la necesidad de un acceso a la información. De este modo, WikiLeaks podría no limitarse a la extracción de información como método de presión, algo a lo que desgraciadamente tiene que recurrir en la actualidad.

Las posibilidades que se abren ante nosotros son muchas, y difícilmente podría estar teniéndolas aquí todas en cuenta. El modelo prototípico de WikiLeaks es bueno, ir probando diferentes métodos y no cerrarse a uno le permite evolucionar, pero seguramente hay muchas posibilidades no contempladas que sólo surgirán de un desarrollo mucho más colaborativo. No es suficiente con tener los medios y modificar determinados procedimientos, como indicó Kelty «la ley es relativamente impotente frente a las arraigadas costumbres académicas»4, pero cuanto más abierto es un proyecto y más personas pueden participar en él, más barreras características de las costumbres pueden ser vencidas, pudiendo explorar así todo este nuevo camino que se abre ante nosotros.

1KROPOTKIN, P (2012). El apoyo mutuo, Madrid, Editorial Dharana, p. 28.

2ASSANGE, J (2013). Chypherpunks, Barcelona, Deusto, p. 12.

3KRIKORIAN, G; KAPCZYNSKI, A (2010). Access to Knowledge in the Age of Intellectual Proprierty, New York, Zone Books, p. 60.

4KELTY, C. M. (2008). Two Bits, The Cultural Significance of Free Software, Standford (California), Duke University Press, p. 298.

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