El poder despolitizador del software privativo

Sesión Sergio DÁntonio

Las herramientas que usamos tienen una influencia profunda (¡y tortuosa!) sobre nuestros hábitos de pensamiento y, por tanto, sobre nuestras habilidades de pensamiento.

—Edsger W. Dijkstra, ‘How do we tell truths that might hurt?’

Es desalentador conocer cómo el uso de la red a través de herramientas privativas  es el que prevalece mayoritariamente entre los prosumidores de la red. Es desalentador ver cómo a través de la manipulación de datos, servicios de geolocalización o etiquetados semánticos y, en definitiva, a través de algoritmos  se  moldean deseos y elecciones en contextos faltos de sentidos  y se confecciona una realidad social que se nos presenta de manera incontestable. Es desalentador ver cómo Estados y empresas colaboran en la producción y uso del Big-data y  huellas digitales tratando  a los ciudadanos y ciudadanas como criminales a los que perfilar con el objeto de que consuman ciertos productos o tendencias: “Dadnos unas máquinas, y veremos el futuro”, es la consigna. Igualmente, es desalentador ver  las consecuencias que conlleva el uso de software privativo en cuanto al control,  vigilancia  y pérdida del anonimato de una ciudadanía que ante esta situación se cobija más en la paranoia y en la apatía que en la crítica o en la inteligencia como  respuesta a los serios ataques a derechos y libertades fundamentales relativas a la propia seguridad, privacidad y libertad de expresión.  Es desalentador ver cómo el espíritu anarco-capitalista, que se desprende del  turbocapitalismo, impregna nuestras vidas y nuestros cerebros imposibilitando, por ahora, que las herramientas del software libre sean aceptadas socialmente ¿Cómo salir de esta lógica?

Muchos son los factores por los que no deberíamos tender al uso de software privativo: el soporte técnico  que ofrece es insuficiente,  es ilegal o costosa su adaptación a usos particulares,  se reserva el derecho exclusivo de innovación, realizar copias del mismo sin licencia también es ilegal, es imposible  compartirlo, nulifica el desarrollo tecnólogico de la industria nacional y el secreto del código fuente nos impide descubrir qué hay en sus puertas traseras, entre otros. Sin embargo, otorgamos los registros que volcamos a la red a una caja negra en la que no sabemos qué se hace ni cómo ni con qué objetivos. Quizás la costumbre, la comodidad, la ignorancia o la desprotección legal de la red, sumado al poder de difusión y expansión del que disfrutan  los desarrolladores y proveedores privados son algunas de las causas por las que el privativo a pesar de sus desventajas  copa con creces los espacios de uso, y se ha posicionado de forma hegemónica entre la ciudadanía que alrededor del mundo  usa la red. Por su parte, el uso de herramientas de software libre  se percibe aún hoy como algo residual incluso radical,  y sus herramientas están condenadas todavía a espacios reducidos o limitados. Incluso se podría decir que quiénes usan solo software libre son considerados rara avis.   No obstante,  el software libre presenta una serie de ventajas frente el software propietario, sobre todo, si focalizamos su uso en el respeto a los derechos y libertades de sus usuarios, que no se pueden contestar. Algunas de estas ventajas pueden ser más apreciadas por los usuarios particulares, otras por las empresas, y otras por las administraciones públicas: Bajo costo de adquisición, su uso es libre, el fomento de la innovación  y el avance tecnológico que genera, permite un escrutinio público de la arquitectura de la red, permite una independencia del proveedor, puede favorecer el desarrollo de la industria local, favorece a lenguas minoritarias y sobre todo, protege los datos personales asegurando la privacidad y la seguridad del usuario y del propio Estado, ante los riesgos que supone la filtración de datos a terceros, o la imposibilidad de acceso y manipulación,  ya que el  uso de esos datos solo se produce mediante autorización. No obstante, queda mucho por hacer y las desventajas que presenta son aún obstáculos que derribar. Por ejemplo, la curva de aprendizaje del software libre es mayor, el software libre no tiene garantía proveniente del autor, se necesita dedicar recursos a la reparación de los posibles errores que produzca,  no es tan intuitivo como el privativo, las interfaces y multimedia no están aún estabilizadas y  presume  al usuario de conocimientos de programación.  No obstante, solo mediante su uso y la concienciación sobre sus ventajas en la defensa de derechos y libertades propias y ajenas se podrá generalizar y ganar terreno al privativo. Para que esto suceda, es necesario una reflexión sobre el uso y los contextos en los que lo usamos así como el aprendizaje estratégico de ambos tipos de software, tratando de que ese uso empodere y a la vez nos obligue a realizar un ejercicio de responsabilidad y compromiso pues,  al fin y al cabo, el uso de un determinado tipo de software también está relacionado con cuestiones éticas, si ponemos en juego derechos y libertades fundamentales.

Por eso el profesor Sergio DÁntonio propone realizar una serie de cuestiones a la hora de usar las herramientas para poder comprobar si efectivamente empoderan o  someten al usuario al  propietario: ¿De quién vienen? ¿Qué nos ofrecen? ¿Somos el producto?  ¿Nos anima a hacer más o a hacer mejor? ¿Qué hay detrás? ¿Qué visibiliza dicha herramienta y que oculta?

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Autocensura y acciones micropolíticas libres

Las respuestas a estas preguntas pueden aportar claves a la hora de plantearnos qué ganamos y qué perdemos al usar un software u otro. Indudablemente, a la espera de su generalización,  casi nadie puede escapar del uso del privativo pero si esquivarle en muchas más ocasiones de las que solemos y podemos plantearnos, ya que  el software libre ofrece posibilidades muy prácticas y asimilables con muchas otras que aún realizamos con privativo. Y dentro de estas últimas, quizás haya que poner atención en repensar el uso que hacemos de las que suponen  un obstáculo a la democratización de las sociedades,  la participación ciudadana en red, y como venimos diciendo,  al ejercicio y práctica de derechos y libertades propias y de las personas con las que interactuamos en red, por el ejemplo, los que pongan en duda nuestra autonomía y soberanía a la hora de controlar la información y los datos que producimos o volcamos a la red. “Sabiéndose vigilados, muchos se pondrán la mordaza antes de abrir la boca: se aplicarán una corrección política que resultará  inocua para quien mande. Habitaremos una esfera pública plagada de autocensura. O peor, anticipando las críticas y demandas más duras, nos quitarán los dientes antes de que podamos hincárselos. Ya han empezado a proscribir el periodismo que actúa de contrapoder – ilegalizando sitios como WikiLeaks – y persiguiendo a los ciudadanos que colaboran para defender lo poco que queda de sus libertades civiles. Hasta la llegada de Snowden la monitorización y la represión digitales solo se imputaban a las dictaduras; ya saben, Irán, China, Rusia”, apunta Víctor Sampedro en un reciente artículo. Y es que, si un ciudadano o ciudadana no se siente libre de ejercer derechos o automutila sus libertades, ¿en qué se convierte?  Una ciudadanía amputada no se corresponde a las sociedades democráticas. La autocensura preventiva que provoca el sentirse monitoreado, y la falta de control y consentimiento frente al  uso de nuestros datos en red  por parte de terceros ya empresas o el propio Estado, supone un riesgo importante de debilitamiento de las esferas públicas digitales y de despolitización ciudadana al no favorecer una deliberación colectiva libre entre la ciudadanía y las instituciones. Muchos se pensarán si llevar a cabo acciones en red que puedan volverse en su contra. De ahí la importancia de pensar cómo las herramientas del software libre pueden colaborar a construir  una sociedad más libre, devolver la autonomía a los individuos, permitirles cooperar a su antojo y eliminar los miedos o suspicacias que supone el relegar nuestras vidas a la merced de otros que ni siquiera conocemos.  Se trata de practicarlas, usarlas, compartirlas, mejorarlas, distribuirlas, y conocer que es posible retomar el control sobre nuestras vidas, si nos ponemos a ello, si nos empoderamos,  evitando el uso del software privativo. Se trata de tomar conciencia por eso, en definitiva,  nos encontramos ante una decisión personal, pues depende de cada uno de nosotros. Por eso, es primordial que cada persona se implique e  implemente software libre en sus computadores y usar y practicar la informática  desde lugares seguros que no sometan al usuario, como diría Stallman,  al “yugo de lo privativo”. Sin embargo, a pesar de encontrarnos ante una cuestión personal, las instituciones han de implicarse  de la misma manera si es que defienden valores democráticos y en este punto, los partidos políticos, objeto de nuestro trabajo, podrían colaborar a la expansión y concienciación del uso de software libre, presionando para generalizar su uso, eso sí, nuevamente, empezando también realizando ellos mismos un ejercicio de reflexión, toma de conciencia y acción.

Culebro Juárez, M., GÓMEZ HERRERA, W. G., & TORRES SÁNCHEZ, S. (2006). Software libre vs. Software propietario: ventajas y desventajas México:[sn], 170.

Ippolita, En el acuario de Facebook. El irresistible ascenso del anarco-capitalismo, Enclave de Libros, Madrid, 2012.https://cooperativa.ecoxarxes.cat/file/download/240233

Artículo V. Sampedro: http://blogs.publico.es/dominiopublico/8597/snowden-del-agente-2-0-al-ciudadano-digital/

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