De la bombilla a los coches de “usar y tirar”

Texto para el bloque de Andoni Alonso

 

Como nos gusta a los ciudadanos occidentales estrenar nuevos aparatos tecnológicos, usar decenas de ellos diariamente, renovarlos y exhibirlos. La explicación a esto no creo que tenga algo que ver con la genética o la psicología y sí con un sistema económico y cultural. Este texto se presenta como una ligera interpretación del modelo productivo de consumo masivo aplicado a las nuevas tecnologías.

No presentamos este texto como una “Oda al ludismo”, de hecho está siendo escrito desde un ordenador, colgado en un blog y muy probablemente leído desde otro ordenador. En cualquier caso si se trata de una provocación hacia la reflexión a la hora de “consumir” y utilizar la tecnología (principalmente electrónica).

A lo largo de los dos últimos siglos la palabra tecnología ha estado muy ligada al término progreso [1], dotando al concepto de una idea de mejora y avance irremediablemente positivo. Sin embargo, la tecnología no forma parte de una reproducción natural, sino que está mediatizada cultural y socialmente. Los aparatos electrónicos tienen un fin y están muy ligados a los modelos socioeconómicos y la manera de pensar de las comunidades. Así, nuestro modelo está directamente relacionado con las revoluciones industriales que nos preceden, el capitalismo y el consumo masivo, con un “combustible principal: la competitividad” [2]

La relación entre tecnología y sociedad se hace más evidente al observar las problemáticas que el desarrollo de la primera genera en la segunda. El ejemplo clásico es la aparición y desarrollo del ludismo durante la revolución industrial. El ludismo no se trata de un movimiento que rechace a ultranza la tecnología, sino a la forma de pensarla y aplicarla [3]. La tecnología no es neutral, esta diseña en un contexto y para un contexto. Los luditas no buscaban la destrucción de las máquinas como fin, sino como protesta contra un sistema que los reemplazaba y sometía.

La tecnología no debe ser entendida como la gran salvadora de nuestros problemas y requiere un ejercicio crítico importante.

Las voces críticas en este ámbito pueden ser las de Serge Latouche y Harpagès con la Teoría del Decrecimiento [4]. El autor, nos indica que el planeta no puede sostener infinitamente nuestro modelo de crecimiento exponencial y acelerado y que las consecuencias son evidentes. Pero no hemos de entender la palabra decrecimiento en un sentido negativo, sino abandonar “el insensato crecimiento por el crecimiento” haciendo una profunda crítica a la economía actual. Por otro lado, añade que los tres pilares fundamentales de la sociedad de crecimiento son: la publicidad, la obsolescencia programada y el crédito. [5]

Aunque son bien interesantes las tres propuestas, a nosotros nos interesa la obsolescencia programada.

Obsolescencia programada

Consumir por consumir, usar y tirar, sustituir o reparar. Lo que ahora van a leer puede ser entendido por algun@s como parte de las “teorías” conspiratorias, pero si tienen un poco de paciencia tal vez entiendan el por qué. En el documental “Comprar, tirar comprar” [6], nos muestra los orígenes y la evolución de lo que ya se conoce como obsolescencia programada. Este concepto se refiere a la intención de los fabricantes de reducir técnicamente la vida útil de sus productos con el fin de estimular el consumo. Tal vez el lector lo conozca por el eufemismo de “vida útil”, pero el documental nos muestra como diferentes autores van desarticulando el discurso.

Todo comenzó con la fabricación de bombillas. Cuando Edison patentó su primera bombilla prometía una duración de unas 1500 horas y unos años después se consiguieron desarrollar aparatos útiles de hasta 100.000 horas. Sin embargo, las grandes empresas de bombillas (que no son pocas) crearon un cártel con la intención de imponer la obsolescencia programada a sus productos. Se trata del primer ejemplo clásico extraído del documental, pero este caso tendría una gran influencia en nuestro sistema socioeconómico. No podemos ser reduccionistas y pensar que la obsolescencia programada explica toda la evolución del capitalismo en el último siglo. Pero sí podemos presentarla como una variable de gran influencia en el discurso que une consumo y crecimiento, y, además, no podemos obviar el efecto que ha tenido sobre la forma de entender la producción.

La obsolescencia crea una asimetría en el control de la tecnología y un empoderamiento de las empresas en detrimento del consumidor. A continuación, les dejo un divertido corto que expresa nuestra “idiotismo”. Analicen y juzguen. Expresen y Piensen:

El caso de los coches

No podemos dejar de lado nuestro objeto de estudio a lo largo de estos meses, la automovilidad. Efectivamente, la historia de la obsolescencia programada aparece con las bombillas, sin embargo se fue extendiendo a los diferentes ámbitos de producción masiva. Mucho antes de que apareciera por primera vez en un texto de la mano de Bernand London, esta técnica era una respuesta bien valorada para aumentar las ganancias y “luchar contra el desempleo”. Por entonces, los efectos secundarios a nivel ecológico o social no eran demasiado visibles.

Con la fabricación en serie, la industria automovilística estaba dominada por la marca Ford y su modelo Ford-T [7]. Este modelo fue todo un éxito no sólo en EEUU, sino a nivel mundial. El modelo prometía duración y buenos materiales (sin olvidar que contaba con el modelo fordista). Sin embargo, el grupo General Motors introdujo la obsolescencia programada, creando modelos frágiles pero cuidando su estética e innovación. [8] El objetivo no estaba oculto: que los conductores cambiasen de coche cada tres años. Esto produjo un cambio de modelo paulatino en el mercado automovilístico.

Conclusiones: No podemos entender el progreso como la carrera por la producción tecnológica. La aceleración y el constante recambio de técnicas y aparatos suponen una reflexión mucho más importante, ya que tiene grandes efectos sociales, ecológicos, económicos, etc. El discurso que une crecimiento y consumo está cada vez más cuestionado. La obsolescencia programada es solo un ejemplo dentro de muchas variables que nos llevan al consumo masivo e inmediato de tecnología. Además, produce un empoderamiento mayor para las empresas, como reza el lema de McDonald: “lo importante no es que vengas, es que vuelvas”.

Referencias:

[1] Alonso, Andoni y Arzoz, Iñaki. 2003 “Carta al homo tecnologicus. Un manual de CTS activista para el siglo XXI” Edaf

[2] Ídem pp.48

[3] De la Fuente, Patricia “Los luditas y la tecnología: lecciones del pasado para las sociedades del presente” (Comunicación presentada en las “IX Jornadas sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad: La perspectiva Filosófica” celebradas en Ferrol los días 11 y 12 de Marzo de 2004

[4] Latouche, Serge y Harpagès, Didier. 2011 “La hora del decrecimiento” Octaedro

[5] Traducción de conferencia de Latouche: http://www.decrecimiento.info/2007/04/serge-latouche-advierte-que-el-modelo.html

[6] [8] Documental emitido en el canal 2 y dirigido por Cosima Dannoritzer : http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/documental-comprar-tirar-comprar/1382261/

[7]. Román, Ruth Esperanza, “Lecciones administrativas a partir de la historia del modelo de producción fordista”, Tecnura 2000

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