Control del autor sobre su obra

Control del autor sobre su obra. Hay una tendencia durante los últimos siglos a que el autor (o aquel en quien delegue) tenga un gran control sobre la obra hecha pública (quien la puede copia, quien la puede modificar, etc.). Esto tiene dos vertientes: una más relacionada con los derechos sobre la integridad de la obra, otra sobre los modelos de negocio posibles para el autor y para el intermediario. Centrándonos en la segunda vertiente, ¿está necesariamente ligado el control sobre la obra con la posibilidad de obtener ingresos? Propón algún modelo, a ser posible en un contexto concreto, en que un autor pudiera obtener ingresos no basados en el control de su obra, y qué aspectos positivos y negativos tendría de acuerdo con las características del autor o la obra, tanto para el autor, como para los intermediarios, como para la sociedad en general.

Tener el control sobre una cosa te permite sacar beneficios de ella. Por ejemplo: si tienes el control sobre una novela concreta, de tirada determinada y formato privativo, podrás –siempre que alguien esté interesado en ella– hacerla rentable estableciendo un precio para su acceso. Sin embargo, las nuevas tecnologías, con la capacidad de realizar copias idénticas de formatos digitales, acaban con este control. Resistirse a los hechos puede funcionar durante un tiempo, pero más tarde o más temprano va a ser necesario buscar alternativas. De lo contrario, se estarán manteniendo unas reglas que fracasarán al no corresponderse con la realidad, y los nuevos usos irán estableciendo unos modos de proceder que, de no tratar de comprender y controlar desde un principio, escaparán con toda posibilidad a cualquier intento de establecer una normativa posteriormente. El hecho de tener el control sobre una obra posibilita los ingresos, pero estos no tienen por qué limitarse a este control.

Hay que partir de que el producto, hasta ahora limitado, pasa a ser ilimitado a causa del desarrollo tecnológico. A medida que la oferta tiende al infinito, los costes se rebajan a prácticamente cero. Sin embargo, aunque es cierto que las copias se pueden realizar de un modo prácticamente gratuito si no completamente gratis, su elaboración sí tiene un coste, y quien la haya escrito probablemente necesitará de unos ingresos para poder seguir escribiendo nuevas novelas. ¿Cómo rentabilizar este trabajo? Sería necesario indagar en nuevos modelos económicos donde la rentabilidad no se base en la cantidad (ganar x dinero en función de la cantidad de ejemplares que se vendan de tu novela), sino por ejemplo, en la calidad (ofrecer unos ejemplares estándar a un precio muy rebajado, y realizar otros ejemplares especiales con contenido extra o una presentación determinada a un precio más alto). Lo que de ningún modo puede funcionar es el mantenimiento de los precios de la novela en papel, en la novela digital: en primer lugar, porque el coste de producción no es el mismo, y en segundo lugar, porque prácticamente nadie va a pagar un precio alto por algo que puede obtener gratuitamente. Sin embargo, si se establecen unos precios muy bajos para las copias, es más probable que la gente se muestre favorable a pagarlas. Y si además se realizan unos números especiales, cuidados y bien elaborados a un precio más alto, muchas personas que aprecien ese trabajo estarán dispuestas a pagar por él. Todavía hoy mucha gente disfruta de las novelas en papel, pero si además estos ejemplares son de buena calidad y tienen una buena presentación, más gente estará interesada en ellos.

Este nuevo modelo tendría sus propias ventajas y sus propios inconvenientes. Para empezar, al autor no le bastaría con escribir el contenido de la novela como hasta ahora, sino que tendría que buscar diferentes modos de presentarla, teniendo que hacer un ejercicio extra de creatividad. Esto podría ser solventado por la editorial o una tercera persona, pero incrementaría los costes. Sin embargo, y siguiendo con las nuevas posibilidades que ofrecen las tecnologías ahora, podría hacer partícipes a sus lectores de este último proceso de creación (o de todos, naturalmente). De esta manera, el público se sentiría más cercano a la obra, teniendo un grado mayor de implicación que haría crecer su interés hacia el producto. Se crearía una comunidad con la gente realmente interesada en la novela que sería la que seguramente permitiría al autor poder seguir escribiendo, mientras que la sociedad, en un sentido más amplio, podría beneficiarse de este trabajo a un precio muy bajo o, inevitablemente, en algunos casos gratuito.

Tal y como yo lo veo, nos estamos encaminando hacia modelos económicos basados en grupos de interés. Hay muchas posibilidades, muchas que seguramente no somos ni capaces de imaginar todavía como indicaba Jesús Barahona en su seminario, pero se está viendo que muchos proyectos se mantienen gracias a las donaciones de las personas que, a cambio, ganan cierto grado de participación. Esto se ve con diarios como La Marea o El Diagonal, por ejemplo. Las nuevas tecnologías permiten el uso, el estudio, las copias y su distribución, del mismo modo que las modificaciones de las obras, lo que es mucho más práctico y podría traducirse en mayor rentabilidad de aplicarlo correctamente. Las cosas por poder, pueden ser de muchas formas, pero hay que tener en cuenta la forma en que realmente son, como señala Lessig (siguiendo a David Hume) en El Código 2.0 con referencia a las normas en el ciberespacio1. Como señala Krikorian en Acces to Knowledge in the Age of Intellectual Property, el capital es ahora intelectual, siendo el principal bien el conocimiento2. Esto inevitablemente cambia el sistema económico tal y como lo conocemos hasta ahora, especialmente si este capital es tan extenso y puede permitir que toda la sociedad participe de él. Modos de producción basados en la cooperación pueden responder bien a esta nueva realidad porque incentiva el interés de las personas que se implican. La rentabilidad tiene que desplazarse de la cantidad de bienes privados a otro aspecto, como puede ser la calidad de bienes comunes, como señalaba, u otros que puede que todavía no se nos hayan ocurrido.

1LESSIG, L. El Código 2.0. Traficantes de sueños, Madrid, 2009, pp. 73 – 74.

2KRIKORIAN, G; KAPCZYNSKI, A. Acces to Knowledge in the Age of Intellectual Property. Zone Books, New York, 2010, pp. 61 – 62.

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