Diamantes y caballos rampantes

Premisas: Este texto se presenta como el primer rodaje dentro de la elaboración de un constructo teórico. Por el momento, pretendemos esbozar algunas de las ideas que nos inviten a la reflexión acerca de la cultura de la automovilidad.

Revisamos los espejos, colocamos el asiento, el cinturón  y arrancamos. Si eres un ciudadano o ciudadana de uno de los países desarrollados seguramente hayas realizado o sido testigo de estas acciones rutinarias. Los automóviles son uno de los protagonistas en el desarrollo de la ciudad a lo largo del siglo XX, reconfigurando –entre otras cosas- los conceptos espacio-temporales dentro de la misma 1. La gran máquina de la carretera, será nuestro objeto de reflexión a lo largo de los próximos meses.

Para situarnos, la palabra automovilidad nos evoca dos nociones: autonomía y movilidad, que significa: “la posibilidad que una persona tiene de moverse en un determinado espacio (entendiendo el prefijo “auto” en el sentido reflexivo)”.2 Nuestra opinión es que ambos  definen a la perfección las consecuencias de los procesos socioeconómicos del último siglo.

El concepto “auto”, nos remite al sujeto moderno, el cual genera una problemática sociológica muy importante, por lo tanto, sólo destacaré algunas nociones ya trabajadas en años anteriores. Distanciándose del pensamiento clásico, la modernidad situó al individuo como el eje central del conocimiento, produciéndose un giro radical que mira hacia el sujeto. Si los clásicos cargaban de responsabilidad y problemática al objeto, el pensamiento moderno rompe con esa tendencia y pone todo el peso de la balanza en el individuo. Así, Descartes pronunciaba su famosa frase “Cogito ergo sum”, destacando al individuo como eje central del pensamiento que dominaría occidente. Tres siglos después, esta forma de pensar la realidad y el conocimiento sigue liderando la mayoría del pensamiento epistémico y cotidiano.

En cuanto al vocablo “movilidad”, nos remite a la posibilidad de libertad de movimiento, en este caso incomprensible sin entender el concepto anterior. La movilidad adquiere una importancia evidente en la concepción del propio sujeto, un sujeto que se mueve. La capacidad de desplazamiento se convierte en algo obligatorio y esencial; siendo una casi una discapacidad física carecer de esta capacidad. 3 La propia movilidad ha generado la construcción de una ciudad para el automóvil.4

Por otro lado, queremos destacar la línea teórica que analiza la cultura material, donde los objetos pueden ser estudiados e interpretados desde dos posturas. La primera nos situaría en la corriente del materialismo histórico, con su mirada en el utilitarismo y las relaciones económicas y políticas, entre otras cosas. Mientras que la segunda mirada, nos remite a un ojo más antropológico y culturalista. Desde mi opinión, no se trata de marcos incompatibles, pues como destaca Sahlins, -no olvidemos que es antropólogo- el propio Marx, ya contempló la importancia de las relaciones sociales y no sólo el concepto de producción. Pero lo que resulta interesante -para nuestro texto- al leer a Sahlins, es el genial análisis que realiza al cruzar las variables de cultura y hábitos alimentarios. El autor entiende que el status social y económico que adquieren determinados alimentos está directamente relacionado con el pensamiento burgués y la cultura occidental. Así, desarrolla una serie de argumentos que tratan de explicar por qué ciertos animales son comestibles (Vacas y cerdos) y otros no (Perros), atendiendo a occidente, como ya hemos dicho. Finalmente, establece que estas prácticas se interrelacionan con los aspectos políticos, económicos y sociales y afecta a la configuración del propio paisaje. 5

Después de este paréntesis, que explica nuestras tentativas teóricas, volvemos a los automóviles. Desde una perspectiva de la cultura material, podemos afirmar que “el coche” no es únicamente una herramienta tecnológica que permite trasformar el desplazamiento de los individuos, sino que se halla inmerso, como mencionábamos, en un entramado simbólico. ¿Un Renault se diferencia de un Ferrari únicamente en su precio o en su potencia? ¿Se distinguen solamente en su logo comercial?  No lo creo. Estas comparaciones pueden resultar banales e incluso rozar el umbral de lo obvio, pero resultan interesantes para comenzar a provocar nuestras reflexiones. Al adquirir un coche, no entramos solamente en el juego de la adquisición de un aparato tecnológico, sino que estamos comprando un buen “puñado” de atributos sociales. El automóvil, como objeto social, tiene una fuerte carga simbólica elaborada desde las principales industrias occidentales, convirtiéndose en un objeto fetiche donde podemos encontrar atributos de género, de status, de clase social, etc. 6

Dentro incluso de los propios coches podemos encontrar su propia escala de prestigio. ¿Se imaginan a alguna madre llevando a sus hijos al colegio en la marca del caballo rampante? ¿O a un famoso deportista llevando un utilitario de la marca del diamante? Por supuesto, que algún crítico puede tachar estas preguntas de falacias, pues el nivel adquisitivo no permite que ambos supuestos adquieran el Ferrari. Sin embargo, no es casualidad que ciertos objetos y características estén más valorados y se desarrollen ciertas marcas que doten a los automóviles de exclusividad. La dureza del diamante frente a la potencia, la naturalidad y la raza del caballo.

Precisamente, potencia es uno de los símbolos de prestigio asociados al automóvil. Por un lado, Esteban nos remite a la importancia de la industria económica en palabras de Lee Iaocca: “Coches pequeños significan beneficios pequeños” el lobby de la industria automovilística, ha conseguido construir muy buenos argumentos para que potencia y velocidad sean adjetivos positivos, haciendo invisibles su peso en los millones de accidentes anuales a nivel mundial. 7

Podemos remitirnos, por ejemplo, a la variable de masculinidad, pues los coches guardan determinados aspectos asociados al concepto. Como la independencia, el tamaño, la estética, la potencia, la velocidad, el control, la libertad, etc.

Finalmente, nos gustaría destacar dos potentes industrias que tienen una gran relevancia en la configuración de los valores asociados a los vehículos: la publicidad y el cine.

En cuanto a la publicidad encontramos múltiples ejemplos en Siniestralidad vial y subjetivación: el coche en la gestión global de la vida y la muerte, sin embargo, queremos aportar otro ejemplo. Se trata del anuncio que Mercedes-Benz lanzó en 2007 para su “nueva clase-C inteligente” y que tiene como protagonista a Fernando Alonso 8. Destacan adjetivos como: alucinante, potente, noble, veloz, preciso, exacto, perfecto, ágil e inteligente. Además aparece el concepto de Ciborg, jugando con la personificación de las habilidades del coche, su adaptación a la carretera, –se transforma en una corriente de agua y en un banco de peces- atraviesa un túnel simulando un tren, etc. Juega con el concepto del control y las capacidades que aporta la máquina al conductor.

Por otro lado, el cine también ha tenido un peso enorme en el imaginario de los coches. Desde las películas donde el coche es el protagonista como “A todo gas”, las que sitúan al vehículo tan protagonista como el “héroe” como “James Bond” o “Batman” y finalmente, las que hacen de los coches un reflejo de la cultura occidental, convirtiéndose en protagonista en algunas de las escenas principales como en “Grease”.

1. Mentor, Steven, 2011 “La llegada del Ciborg Mundano”, Teknokultura Vol 8. p.59-60

2,36 Heiber, R.; Moral, B.; Pechorromán, B.; Gordo, A. 2008, “Siniestralidad Vial y Subjetivación: El coche en la Gestión Global de la vida y la muerte”,  Cultura Digital y movimientos sociales.

4. Oliva Serrano, Jesús, 2010, “Políticas, tiempos y espacios de la ciudad veloz”, X Congreso de la Federación Española de Sociología

5 Sahlins, Marshall, 1988, “Cultura y razón práctica”, Editorial Gedisa, Barcelona.

7. Esteban, Antonio, 2011, “Los accidentes de automóvil una matanza calculada”.

8. http://www.youtube.com/watch?v=sRPXkmhVLo0

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4 thoughts on “Diamantes y caballos rampantes

  1. Párrafo 3: sujeto-individuo – No confundir sujeto con individuo. Muy bien lo del giro del objeto al sujeto, y la reflexividad. Es un tema con bastante profundidad, así que no te recomendaría que te perdieras más de lo necesario en ello.
    Es importante diferenciar sujeto de individuo. El individuo es también un constructo de la modernidad, especialmente importante en la Ilustración y básico en todas las formas de liberalismo. Se basa en la idea de que el individuo es el elemento básico de la sociedad – algo bastante discutible porque la individualidad se adquiere en el proceso de crecimiento y socialización.
    El sujeto es un concepto más abstracto y genérico, como el sujeto de una acción u oración, o el sujeto que percibe y piensa. Podemos hablar de sujetos colectivos, por ejemplo. El sujeto de Descartes y su relación con el objeto ha sufrido muchas derivaciones y cuestionamientos, culminando con la fenomenología. De todas formas, citar a Descartes solo es problemático, porque al ser tan antiguo tiene muchos puntos flacos. Igual partir de la reflexividad de Giddens o algo aśi, sea mejor para sustanciar tu descripción de lo “auto”. Seguro que Angel Gordo tiene mejores consejos sobre cómo apuntalar esa parte.

    Parrafo 4: desarrollar más el concepto de movilidad y sus diferentes perspectivas e interpretaciones. movilidad como movilidad del cuerpo, diferente de discapacidad. movilidad como tener un coche, movilidad como movilidad social, movilidad laboral, etc. Entroncar con la “cultura movil” de la que habla Angel.

    Párrafo 5: no hay ninguna oposición excluyente entre el análisis como cultura material y como materia tecnológica. Son dos filtros o perspectivas totalmente complementarias. Y como dices el propio Marx lo plantea así, con el fetichismo de las mercancias. Tienes que construir mejor esa doble dimensión del objeto tecnológico, como útil y como representante de valores y distinciones sociales. O incluso triple, con la dimensión de mediación de las relaciones económicas. Principalmente porque de la relación entre esas dimensiones es de donde parte el análisis que haces después.

    Párrafo 6: No me gusta nada eso de las preguntas retóricas y el estilo ese de hacerlo más coloquial. Igual es algo personal mío, pero creo que si hay que decir algo es mejor ser directo y claro, si haces un análisis comparativo entre el chrisler y el ferrari hazlo como tal. Exacerbar el énfasis de lo simbólico: el diamante, el caballo… aporta poetismo, pero no claridad analítica. Pare ese propósito qudarse dentro de la misma marca puede ser más útil: comprar el porsche carrera y el cayenne, por ejemplo. Aunque es una cuestión de estilo, y más de elección tuya, no dejes que sufra la claridad analítica.

    En el resto del texto entremezclas varios ejemplos con tu exposición general y eso creo que lo hace un poco confuso. Tienes que tener clara la estructura de tu planteamiento teórico, o los puntos que tratas y usar los ejemplos o bien para probar un punto o para ejemplicarlo, pero no para justificar el argumento… Se supone que tu teoría parte de un análisis de muchos casos, por lo que poner un caso por encima no va prueba nada, es sólo un ejemplo que clarifica y apoya tu discurso.

    Los puntos a grosso modo que veo en el texto son:
    1. resonancias semánticas de la “automovilidad”. (intro)
    2. Coche: tecnológico, cultural y económico.
    3. relaciones entre las variables: más potencia = + estatus = + beneficios
    4.segmentación del mercado: coches para mamas ricas y para ejecutivos agresivos, etc.
    5. Publicidad y media asociados que apoyan y producen estas representaciones culturales del coche como estandarte de la sociedad “movil”.

    Me parece que para tu proyecto tiene bastante peso el análisis discursivo, Mírate la segunda parte del video de Igor donde revisa varios anuncios. O pídele más documentación a Angel Gordo sobre ello. Estaría bien que como ejercicio hicieras (en algún momento) un análisis discursivo en profundidad de un anuncio o de un documento de alguna marca.

    Saludos,
    Javier.

  2. En cualquier caso, el texto está muy bien en cuanto que plantea e identifica bastante bien los puntos importantes del proyecto, y eso ya es un gran paso. Ahora hay que definirlos y desarrollarlo uno por uno.
    Respecto a lo de diamantes y caballos, acabo de ver que está en el título. Es un buen punto para el análsis discursivo de los símbolos, pero contextualizado en el marco general, no como elemento central y vertebrador.
    Hay que tener cuidado de no dejarse llevar por el estilo periodistico de hacer los textos atractivos, que le puede restar sustancia al mensaje general. Se lo digo tb a Estela al final del comentario.

    • Mario, coincido con los comentarios de Javier. El texto está muy bien como primera aproximación y demarcación del objeto de estudio. Me gusta y me “engancha” la imagen del diamante y el caballo si bien hay otras vertientes del texto que abres al inicio, muy importantes, que luego no retomas; por ejemplo, los distintos enfoques a la cultura material y el modo que te posiciones, o combinas ambos. No

    • Mario, coincido con los comentarios de Javier. El texto está muy bien como primera aproximación y demarcación del objeto de estudio. Me gusta y me “engancha” la imagen del diamante y el caballo si bien hay otras vertientes del texto que abres al inicio, muy importantes, y que luego no retomas; por ejemplo, los distintos enfoques en torno a la cultura material y el modo que te posicionas a partir de una combinación de ambos.

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